Clausura del Año Jubilar Luliano

Sépulcre de Ramon LLull au monastère franciscain de Palma

Sépulcre de Ramon LLull au monastère franciscain de Palma

Desde el 27 de noviembre del pasado año 2015 y hasta 27 de noviembre del presente año 2016 la Diócesis de Mallorca ha celebrado el Año Jubilar de Ramón Llull conmemorando el séptimo centenario de la muerte del beato mallorquín.

Ha sido un año intenso de celebraciones, muchas de ellas enmarcadas en la Basílica de San Francisco de Palma, donde se encuentra el sepulcro del Beato.

Ramón Llull es un personaje apasionante. La densidad de su pensamiento en el campo de la filosofía y la ciencia, enmarcado en el mundo medieval; su pasión misionera y su mística, la vivencia profunda de su vida de fe y su oración, le mantienen vivo en el mundo complejo que nos toca vivir.

La iglesia de Mallorca, consciente de la pervivencia y del valor de su pensamiento y su obra, se ha esforzado en dar a conocer y expandir su figura como modelo de vida cristiana y potenciar su devoción entre los fieles.

En nuestra iglesia del Socorro de Palma se restauró la imagen del Beato, una talla en madera estucada del siglo XIX, que ha estado expuesta a lo largo de todo el año jubilar en el presbiterio del templo.

Mes a mes hemos ido publicando unas sencillas “catequesis” lulianas, habiéndose repartido unos trescientos dípticos mensuales, en los que se iba exponiendo de manera sencilla la vida, la obra, el pensamiento del Beato. Ha sido un intento de acercar la figura de Llull al pueblo de Dios, promoviendo su devoción entre los fieles.

Nuestra iglesia fue elegida por la Diócesis para exponer durante unos meses una de las muestras de arte contemporáneo, correspondiente a una exposición colectiva sobre el Beato.

Hemos intentado con todo ello responder a la propuesta de hacer cercano a Llull como hombre creyente, como cristiano comprometido con la tarea evangelizadora. Destacar su fe, su oración, su labor en el anuncio de la fe cristiana y su defensa, su comprensión del mundo y del hombre, su centralidad en Jesucristo y los valores que emergen del evangelio…, que nos ayuden a entender, a pensar y celebrar la destacada personalidad de este mallorquín singular, que hizo pueblo y cultura desde su conversión y su fidelidad al llamado del Señor de la historia.

La clausura del Año Jubilar Luliano está prevista para el domingo 27 de noviembre próximo. El Administrador Apostólico de nuestra Diócesis convoca a todos los cristianos de Mallorca a celebrar en comunión este acontecimiento, especialmente a la plegaria de las Vísperas del sábado 26 de noviembre, a las 21,00 h. y a la celebración de la Eucaristía del domingo 27, fiesta del Beato, a las 10,30 h., ambos actos convocados en la Catedral de Palma, con los que solemnemente se cerrará este año de gracia.

Clausura del Año Jubilar de la Misericordia

misericordiaUn año entero. Un año entero de peregrinación, de conversión, de escucha de la Palabra de Dios, de profundización, de búsqueda inquieta, de encuentro fraterno y amigo. Un año en camino hacia el Señor y el prójimo sufriente, ejercitando la misericordia, hasta cambiar la vida. Un año de gracia.

Hemos celebrado con el Jubileo de la Misericordia un Año Santo extraordinario, que comenzó el 8 de diciembre de 2015, solemnidad de la Inmaculada Concepción, y concluirá el próximo domingo 20 de noviembre de 2016, para conmemorar el cincuenta aniversario de la clausura del Concilio Vaticano II, centrando a toda la comunidad cristiana, a todos los bautizados en la contemplación de la Divina Misericordia, invitando a la conversión, a través del sacramento de la Reconciliación, para vivir una vida cristiana centrada en el ejercicio de la misericordia con todos.

La Iglesia abrió las puertas de los principales templos del orbe católico, para que todos los bautizados pudieran peregrinar, hacer camino de conversión y acceder a la gracia jubilar: recibir y compartir la misericordia del Señor, que es infinita.

En nuestra diócesis de Mallorca la Puerta Santa de la Catedral de Palma se abrió el 13 de diciembre de 2015, tercer domingo de Adviento. Se ofrecieron a toda la diócesis otros dos templos jubilares: la iglesia de la Anunciación del Hospital General, en Palma, y el Santuario de la Virgen de Lluc, en Escorca. Puertas abiertas para acoger al peregrino de la misericordia.

A lo largo del Año Santo las hemos atravesado con esperanza. Esperanza en la conversión auténtica de cada corazón, de cada cristiano, para que la conversión de la Iglesia entera sea verdadera y transparente. Ha sido un año de caminar incesante, un año de peregrinación, que llega a su fin.

El Jubileo concluirá el domingo 20 de este mes de noviembre de 2016, solemnidad de Cristo Rey, cuando el Papa Francisco cierre la Puerta Santa de la Basílica de San Pedro. Previamente, el domingo 13 de noviembre se cerrarán todas las Puertas Santas de todos los templos de la Iglesia que han sido templos jubilares.

El Administrador Apostólico de la Diócesis de Mallorca, Mons. Sebastián Taltavull, nos invita a participar el próximo domingo, 13 de noviembre de 2016, en la clausura diocesana del Año de la Misericordia. Tendrá lugar en la Catedral de Palma a las 10:30 h. de la mañana.

Es un momento para expresar con gozo la comunión con nuestra iglesia diocesana, de expresar el espíritu de conversión y el propósito de vivir comprometidamente nuestra vida cristiana en la clave de la misericordia, que brota del Corazón de Cristo y nos permite gastar la vida en la construcción de un mundo mejor.

Unámonos a la oración de toda la Diócesis y a la celebración con el Obispo Sebastián, en estos tiempos de esperanza para seguir construyendo, con mayor entusiasmo, nuestra Iglesia local, que peregrina, lucha, sirve y espera en Mallorca.

Santo Tomás de Villanueva, obispo agustino

tomasvillanuevaEs uno de los santos de mayor brillo en el santoral agustiniano. Nació en Fuenllana (España), un pequeño pueblo de la provincia de Ciudad Real, el año 1486. La educación recibida de sus padres y su paso como alumno por el convento franciscano de Villanueva de los Infantes, marcaron en su alma una particular sensibilidad por los pobres. Más tarde, recibiría el título de “Limosnero de Dios” y “Arzobispo de los pobres”.

Los años en contacto con la Universidad de Alcalá, donde obtuvo el título de Maestro en artes, dejaron en Tomás una profunda huella humanística. De Alcalá pasó a Salamanca y aquí ingresó en el convento de san Agustín, lugar de su profesión religiosa, que se celebró el 25 de noviembre de 1517. Después de la ordenación sacerdotal –en 1518–, los superiores le encomendaron distintas tareas de gobierno y los cargos se sucedieron uno tras otro como Prior, Provincial, Visitador… Su mayor empeño era la vida de las comunidades y la observancia responsable de las normas. También promovió el envío de misioneros agustinos al Nuevo Mundo. Confesor y predicador de Carlos V, al quedar vacante la sede de Valencia fue propuesto –contra su voluntad– arzobispo de aquella diócesis mediterránea en 1544.Al conocer la noticia el entonces General de la Orden, Jerónimo Seripando, felicitaba a fray Tomás y a la diócesis valentina “que tendrá un pastor como lo describe san Pablo”.

Fray Tomás encontró una diócesis abandonada después de más de un siglo sin obispo residencial. Visitó una a una todas las parroquias, convocó un sínodo en 1548, adelantándose a Trento fundó en 1550 el Colegio-seminario de la Presentación para atender la formación del clero, asistió a los menesterosos e intentó la evangelización de los moriscos.

El obispo agustino de Valencia vertía su formación universitaria en la predicación y en sus escritos ascéticos y místicos. Sus fuentes preferidas eran la Biblia, los Padres de la Iglesia –con atención especial a san Agustín–, y los autores espirituales de la época.

Murió en 1555. Fue declarado beato en 1618 por Pablo V y proclamado santo por Alejandro VII el 1 de noviembre de 1688. Por su celo apostólico, su doctrina, su atención a los pobres y sus intuiciones pastorales, ha pasado a la historia como modelo de obispo. Sus restos mortales se conservan en la catedral de Valencia.

Bibliografía: CAMPOS y FERNÁNDEZ DE SEVILLA, Javier, Santo Tomás de Villanueva, El Escorial 2001; ESTUDIO TEOLÓGICO AGUSTINIANO, Santo Tomás de Villanueva. 450 años de su muerte, Madrid 2005; ROJO MARTÍNEZ, Fernando, La seducción de Dios, Pubblicazioni Agostiniane, Roma 2001.

Ideas del Mensaje del Papa Francisco, para el Domund 2016

domund16

  • El Jubileo extraordinario de la Misericordia, que la Iglesia está celebrando, ilumina también de modo especial la Jornada Mundial de las Misiones 2016.
  • Nos invita a ver la misión ad gentescomo una grande e inmensa obra de misericordia tanto espiritual como material.
  • Todos estamos invitados a «salir», como discípulos misioneros, ofreciendo cada uno sus propios talentos, su creatividad, su sabiduría y experiencia en llevar el mensaje de la ternura y de la compasión de Dios a toda la familia humana.
  • La Iglesia se interesa por los que no conocen el Evangelio, porque quiere que todos se salven y experimenten el amor del Señor.
  • La misericordia hace que el corazón del Padre sienta una profunda alegría cada vez que encuentra a una criatura humana.
  • Él es el Dios bondadoso, atento, fiel; se acerca a quien pasa necesidad para estar cerca de todos, especialmente de los pobres; se implica con ternura en la realidad humana del mismo modo que lo haría un padre y una madre con sus hijos.
  • La manifestación más alta y consumada de la misericordia se encuentra en el Verbo encarnado. Él revela el rostro del Padre rico en misericordia.
  • La Iglesia es, en medio de la humanidad, la primera comunidad que vive de la misericordia de Cristo: siempre se siente mirada y elegida por él con amor misericordioso, y se inspira en este amor para el estilo de su mandato, vive de él y lo da a conocer a la gente en un diálogo respetuoso con todas las culturas y convicciones religiosas.
  • La Iglesia puede ser definida «madre», también por los que llegarán un día a la fe en Cristo. Espero, pues, que el pueblo santo de Dios realice el servicio materno de la misericordia, que tanto ayuda a que los pueblos que todavía no conocen al Señor lo encuentren y lo amen. En efecto, la fe es un don de Dios y no fruto del proselitismo; crece gracias a la fe y a la caridad de los evangelizadores que son testigos de Cristo.
  • Todos los pueblos y culturas tienen el derecho a recibir el mensaje de salvación, que es don de Dios para todos.
  • Los misioneros saben por experiencia que el Evangelio del perdón y de la misericordia puede traer alegría y reconciliación, justicia y paz.
  • Que Santa María, icono sublime de la humanidad redimida, modelo misionero para la Iglesia, enseñe a todos a generar y custodiar la presencia viva y misteriosa del Señor Resucitado.

El Papa Francisco y el Rosario

franciscoyrosarioEl mes de octubre es el mes dedicado especialmente a la práctica de piedad universal del rezo del Santo Rosario, por celebrarse el día 7 la fiesta de la Virgen María bajo esta antigua advocación.

El Papa Francisco, como sus predecesores, tiene una gran devoción al Santo Rosario. De él ha dejado escrito: «El Rosario es la oración que acompaña siempre mi vida; es también la oración de los simples y de los santos… es la oración de mi corazón». Estas palabras aparecen en el prefacio de la edición italiana del libro que sobre esta oración mariana publicó en 2014 el sacerdote de rito copto católico Yoannis Lahzi Gaid, que trabaja en la secretaría personal del Pontífice.

Muchas veces ha repetido el Papa la invitación a rezar el Santo Rosario, como la Virgen pidió a Santo Domingo, a los pastorcitos en Fátima o a Santa Bernardette en Lourdes, prometiendo su protección especial y grandísimas gracias. «¡El Santo Rosario, la oración a Jesús y a la virgen María, la oración hecha juntos, es un momento precioso para hacer ahora más sólida la vida familiar y la amistad! ¡aprendamos a orar más en familia y como familia!».

En el Santo Rosario contemplamos la vida de Jesús y en ella el fundamento de nuestra vida cristiana. Y esto lo hacemos honrando a María, acompañando a María en sus latidos como mujer, como esposa, como madre, sobre todo como madre de Jesús y madre nuestra. La oración del Rosario en común, en familia, es mucho más bello, pues esa oración afianza los lazos estrechos del amor familiar, serena, anima, diluye todo cuanto pueda haber de roces o dificultades entre los que rezan unidos. El Santo Rosario transmite, comunica, una determinada energía de paz y de concordia entre aquellos que lo rezan con devoción.

«Queridos jóvenes, –decía el Papa Francisco en la audiencia general del miércoles 4 de mayo de 2016– cultiven la devoción a la Madre de Dios con el rezo cotidiano del Rosario; queridos enfermos, sientan la cercanía de María de Nazaret, en especial en la hora de cruz; y ustedes, queridos recién casados, récenle para que nunca falte en su hogar el amor y el respeto recíproco».

Que el mes de octubre sea un mes marcado por una vivencia profunda y comprometida de esta práctica de piedad en nuestros hogares y comunidades.

Septiembre: mes de la Biblia

mesbibliaLa Iglesia dedica el mes de septiembre a reavivar el compromiso de los cristianos con el conocimiento de la Sagrada Escritura. Y dedica este mes expresamente a la Sagrada Escritura por celebrarse el 30 de septiembre la fiesta de San Jerónimo, que dedicó su vida al estudio de la Palabra de Dios, siendo reconocido como Padre de las ciencias bíblicas y patrono de los se dedican a hacer entender y amar más las Sagradas Escrituras.

San Jerónimo nació en Estridón (Dalmacia-Yugoslavia) hacia el año 340; estudió en Roma y allí fue bautizado. Abrazó la vida ascética y fue ordenado sacerdote con 40 años. En Roma fue nombrado secretario del papa San Dámaso, comenzando en esta época su gran obra de traducir la Biblia del griego y hebreo al latín. Esta Biblia, conocida como la Vulgata (de “vulgata editio”: “edición para el pueblo”), fue el texto bíblico oficial de la Iglesia católica, hasta la edición en 1979 de la conocida como Neo-vulgata, que es la edición oficial actual.

San Jerónimo fue promotor de la vida monástica, retirándose a vivir los últimos años de su vida a Tierra Santa, en concreto a Belén, donde habitaba una gruta, acompañándole discípulos que vivían en monasterios fundados por él. Murió el 30 de septiembre del año 420, a los 80 años.

Es uno de los cuatro Padres de la Iglesia latina, junto a San Ambrosio de Milán, San Agustín de Hipona y San Gregorio Magno.

 En su conmemoración la Iglesia invita en este mes a celebrar la revelación de Dios en la Escritura Sagrada, verdadero alimento de la vida cristiana. La Biblia es el alma de la teología, de la predicación y de la catequesis; Palabra inspirada por Dios que debe iluminar la mente y el corazón de todos los cristianos, que son invitados a leerla, a estudiarla, a contemplarla y a aplicarla en la vida diaria. Como decía San Juan Pablo II: “quien se llame cristiano tendría que conocer la historia de la salvación y la Palabra de Dios, interpretadas auténtica y fielmente por el Magisterio de la Iglesia.”

O como nos enseñaba recientemente el Papa Francisco: “Nosotros los cristianos tenemos que tener un único objetivo en nuestra vida de fe y es poner la Biblia en el centro de nuestra vida cristiana para que ella sea una brújula, pero también para que ella sea como la primavera de nuestra vida espiritual, para que ella sea la que nos indique el camino a seguir, pero sobre todo porque como decía San Jerónimo: quien desconoce la escritura desconoce la persona de Jesús“.

San Jerónimo entiende que quien lee la Escritura Santa establece un diálogo con el Señor, y es en ese diálogo donde crece la vida cristiana, se desarrolla la fe, se fundamenta la esperanza y se hace activa y ágil la caridad, para el servicio del prójimo.

En septiembre, pues, somos invitados a poner la Sagrada Escritura en el centro de nuestras vidas y a renovar con entusiasmo el compromiso de tener siempre a mano la Palabra de Dios, a leerla, a estudiarla, a contemplarla, a dejarnos iluminar por ella y acompañar por ella, y bendecir por ella; para ser cristianos fundamentados en la Palabra de Dios; hombres y mujeres orantes de la Palabra, que dejan que el Espíritu del Señor vaya haciendo su obra de generar en nosotros una mentalidad bíblica y un corazón que late al unísono con la Palabra revelada, con su verdad, con su fuerza, con su belleza.

Agustín de Hipona o la aventura de ser

San Agustín

Agustín de Tagaste, el gran Obispo de Hipona, del gran convertido, de la luz  de los Doctores de la Iglesia. San Agustín, dieciséis siglos después, sigue llenando páginas de libros, ampliando bibliotecas y entusiasmando corazones, para vivir con intensidad la vida y para envolverse en el servicio radical del hombre, de la historia, del mundo y de la Iglesia.

Son las huellas de Agustín: la profunda interioridad, la inquieta y siempre inacabada búsqueda de la Verdad, el estudio y la contemplación, la fusión de ciencia y caridad; la gozosa vida en comunidad, en calidad de hermanos y amigos; la pasión por la Iglesia, comunidad de comunidades. Y surgen ahí la libertad, la justicia, la amistad, la solidaridad, la comunión. Rasgos de ser y estar en el mundo. Una manera de ser, no exclusivista, que algunos señalan como “hombre agustiniano”, en dos dimensiones integradoras y centrípetas; porque dentro, sólo dentro, el ser alcanzará la luz y la verdad sobre las cosas.

Agustín de Hipona o la aventura de ser. Entrados ya en el tercer milenio cristiano, ante un mundo de culturas o subculturas cambiantes; frente a la crisis de relatos y crisis de valores; con el hombre asombrado ante el vértigo -no ya del mañana, sino del ahora mismo- volver los ojos a Agustín de Hipona, testigo y protagonista de un cambio de siglo y de un cambio de época, es acertar en el arte de trazar expectativas y alternativas nuevas en la construcción de esto que somos y tenemos e intentamos ser y trabajar y sudar y vivir.

No se construye la vida a golpes de improvisación. ¡Qué error el de aquellos que intentan improvisar su existencia, sus pasos y latidos! Toda la vida, todo en la vida, tiene el sello de lo sembrado, cultivado y cuidado. Nada es espontáneo y hay quien llega a confundir espontaneidad con naturalidad. Lo natural es ser y ser en autenticidad. Quienes fuimos hechos, construidos, trazados. No exactamente guiados por unos oscurantistas hilos predeterminados, sino configurados con nuestras herencias y añadidos. Y descubrirnos ahí enteros, totales, netos…; constructores del presente con ansias de un futuro nuevo. Así ocurrió con Agustín. Su conversión no fue exactamente un dar la vuelta a todo lo que había pensado, sentido y vivido. Convertirse fue conocer y aceptar, integrar y ordenar internamente todo su pasado, para vivir, a la luz de un encuentro; en razón de aquella luz, de aquél entendimiento, encendimiento y pasión.

Vivimos, cada vez más, embarcados en la aventura de la “epidermis”. Seres superficiales, hombres y mujeres epidérmicos, que vamos por la vida a golpe de imprevistos; tal vez viviendo aquello que dejó dicho el de Hipona:

Viajan los hombres por admirar las alturas de los montes, y las ingentes olas del mar, y las anchurosas corrientes de los ríos, y la inmensidad del océano, y el giro de los astros, y se olvidan de sí mismos…” (Confesiones, 10, 8, 15).

Sí, tal vez, estemos pasando de largo de nosotros mismos, olvidando que la máxima aventura es saberse, conocerse, limitarse, nombrarse uno a sí mismo, para poder darse, compartir, comulgar en la tarea común de la colectividad humana.

Es la aventura de la construcción del hombre mismo: “Vuelve a ti”, “entra dentro de ti”. Ésta fue invitación dictada por los sabios antiguos y norma de vida en Agustín de Hipona; principio del principio de la construcción del propio ser; peldaño primero del ascenso a la auténtica Sabiduría; pues conocer la Verdad es proyección existencial de toda criatura que quiera describirse en el mundo y en la historia con visos de autenticidad. La inmediatez de las sensaciones no da garantías de ser, aunque llegue a satisfacer momentos y situaciones. El hombre auténtico vive desde dentro y ahí piensa, estudia, conoce, siente, ¡es!… y da, compartiendo; para ascender en la construcción de un “nosotros”, que da contenido y valor a cuanto con-vive con los otros.

Agustín de Hipona en su experiencia de vida es maestro de esta dimensión existencial humana. Sus Confesiones son un libro de introspección de primera magnitud, por la sutileza y precisión con la que descifra su intimidad. Para Agustín no hay ignorancia más refinada que la ignorancia de la propia ignorancia (cf. Conf. 5, 7, 12).

Y sabe Agustín que en los espacios de la interioridad cultivada, en lo más íntimo de la propia intimidad, ahí, precisamente ahí, acontece el encuentro. Ese fue el núcleo central, quicio seguro, de lo que conocemos como conversión de Agustín de Hipona:

“No quieras derramarte fuera, entra dentro de ti mismo, porque en el hombre interior reside la verdad; y si hallares que tu naturaleza es mudable, trasciéndete a ti mismo, mas no olvides que, al remontarte sobre las cimas de tu ser, te elevas sobre tu alma, dotada de razón. Encamina, pues, tus pasos allí donde la luz de la razón se enciende.” (De vera religione, XXXIX, 72).

Y esa Verdad, para Agustín, tiene un nombre concreto, exacto, fundamentador de toda su experiencia de vida como convertido: el Espíritu de la Verdad, el Maestro interior:

“¿Por qué gustas tanto de hablar y tan poco de escuchar? Andas siempre fuera de ti, y rehúsas regresar a ti. El que enseña de verdad está dentro. En cambio, cuando tú tratas de enseñar, te sales de ti mismo y andas por fuera. Escucha, primero, al que habla dentro y, desde dentro, habla, después, a los que están fuera.” (Comentario al salmo 139, 15).

Experiencia ésta vivida por él con la pasión que caracterizó su vida entera, como narrará en sus Confesiones:

“¡Ay, ay de mí, por, qué grados fui descendiendo hasta las profundidades del abismo, lleno de fatiga y devorado por la falta de verdad! Y todo, Dios mío —a quien me confieso por haber tenido misericordia de mí cuando aún no te confesaba—, todo por buscarte no con la inteligencia —con la que quisiste que yo aventajase a los brutos—, sino con los sentidos de la carne, porque tú estabas dentro de mí, más interior que lo más íntimo mío y más elevado que lo más sumo mío.” (Confesiones, 3, 6, 11).

Allí, en lo más íntimo de su intimidad, Agustín se encontrará con Aquél que le descubrirá el sentido profundo de su ser, el valor real de su existencia, la consistencia firme de sus latidos y afecciones, el valor de la humildad y de la entrega, de la libertad real y de la justicia y solidaridad que salvan. Por eso podrá confesar con verdad: “Dentro del corazón soy lo que soy” (Conf. 10, 3, 4), combatiendo de esta manera cuanto de epidermis y superficialidad encontró en su angosta caminata hacia la verdad de sí mismo y del Dios que le descifraba los enigmas de sus propias sombras, pues para él un corazón desorientado es una fábrica de fantasmas (cf. Comentario al salmo 80, 14).

El hambre de totalidad que confiesa el intelecto humano sólo se sacia cuando el hombre entra en sí mismo –aventura plena de ser– y allí anida en su búsqueda, de allí parte hacia las cosas de fuera, allí contrasta, discierne, ordena y ama; para salir, de nuevo, de allí hacia los otros. Será un hombre nuevo, pues “el espíritu, replegado en sí mismo, comprende la hermosura del universo, el cual tomó su nombre de la unidad” (De ordine, 1, 2, 3), es decir, sólo el hombre que vive desde su intimidad, desde el centro de su ser, puede captar la belleza de la totalidad, y así podrá expresar su humana condición más plenamente:, siendo el ser humano presencia de lo pasado, presencia de lo presente y presencia de lo futuro (cf. Conf. 11, 20, 26).

Vivir en esta clave agustiniana es acertar en el arte de vivir saboreando el deleite de la misma vida, con intensidad, con gozo, con esperanza; sin intentar tapar con máscaras la realidad de lo vivido, las herencias –sean del signo que sea–; integrando contrariedades y contradicciones; construyendo las horas con pasión de presente; lanzándose al porvenir sin frustrantes providencialismos fatalistas. Es descubrir dentro la realidad de nuestro propio ser, cuajado de belleza y potencialidades, de valores y buenas intenciones. Es sacar fuera, exteriorizar cuanto de justo y noble, honrado y sincero habita en la propia interioridad. Cuando la historia parece que se deriva hacia un vértigo incontinente de posibilidades inalcanzables, cuando se rompe la esperanza, cuando el futuro se diluye en un presente álgido, pero sin sentido aparente, hacen falta personas profundamente humanas, hombres y mujeres, capaces de configurarse como alternativas. Y esto en silencio, sin megafonías estériles.

Y Agustín de Hipona, el gran Obispo, el gran convertido, el “primer hombre moderno”, el “Doctor de la Gracia”, la “luz de los Doctores de la Iglesia”, el “Padre del Monacato occidental”, es desde su sencillez, su densa doctrina, su indiscutible magisterio, un testigo de esto que decimos. A veces la figura de Agustín de Hipona ha sido distorsionada por la “megafonía” estéril de los títulos grandilocuentes, añadidos en el paso de los siglos. Hay en él un fondo de humanidad, hondura de autenticidad, de personalización, de socialización, de bondad, que se escapa, o por el que se pasa de largo, quedándose en la titularidad sin contenido fundante para que le sirva al hombre.

Es verdad que Agustín fue densamente sabio, escrutador de palabras y discursos, incisivo filósofo, sublime retórico, selecto teólogo; a él recurre la psicología, la historia, le lengua y literatura, el arte, la música; le observan los sociólogos, los juristas, los biblistas, los moralistas; le rondan la economía y la política. Pero detrás, o bajo todo ello vive el hombre, el ser que entendió en sus adentros la misma hondura de su ser y su sentido y gozo.

Quede, pues, como testigo de lo dicho y buceen cuantos quieran en su vida y escritos y acierten a entender y aprendan a vivir la impresionante aventura de ser persona.

Jesús Miguel Benítez, agustino.

Comienzo de curso

comienzocursoCon el mes de septiembre iniciamos un nuevo curso en la amplia tarea pastoral de la comunidad agustiniana de Palma, desde la iglesia de Ntra. Sra. del Socorro y el colegio San Agustín. Y el inicio de un nuevo curso siempre es tiempo favorable para trazar proyectos y renovar el entusiasmo en la tarea que tenemos encomendada.

La esperanza es la levadura del amor”, dejó escrito San Agustín (In ps. 62, 5) y es cierto. La esperanza nos hace lanzar la mirada y el corazón, la intención y la voluntad, hacia la construcción de un futuro mejor, trazando el presente día a día con todo esfuerzo y bondad. Estos tiempos nuestros tan convulsos y difíciles, con tanta confusión en derredor, no pueden oscurecer nuestro hoy, y mucho menos condicionar nuestro mañana, nuestros proyectos y buenos deseos.

Decía el santo Obispo Agustín a sus fieles de Hipona:

“Tú dices: son tiempos difíciles, son tiempos de opresión, son tiempos preocupantes. Vive correctamente y cambiarás los tiempos. Los tiempos nunca han hecho mal a nadie. Aquellos a los cuales se hace mal son los seres humanos; los que hacen el mal son los seres humanos. Por tanto, cambia a los seres humanos y cambiarán los tiempos.” (Serm. 311, 8).

 Invitación certera en el comienzo de curso. Vivamos correctamente, con dignidad; trabajemos por construir la paz en nuestro entorno; cuidemos con esmero los criterios y juicios sobre esta locura que quieren vendernos de buenos y malos; luchemos con denuedo por hacer posible el espíritu de respeto y tolerancia, de comprensión y bondad y ternura, como exige el evangelio de las bienaventuranzas y las obras de misericordia, cuando estamos a punto de cerrar este Año Jubilar de la Misericordia, que con tanto afán convocó el Papa Francisco. Confundamos este mundo de mal a base de bien, a golpes de buena voluntad, de sabernos seguidores y testigos de Jesús y el evangelio. La Mare de Déu del Socors, como siempre, es compañera de camino: Madre de Gracia, del Buen Consejo y del Consuelo.

“De la misma forma que la oscuridad de la noche no puede apagar el brillo de las estrellas en el firmamento, la injusticia humana no puede extinguir la lucidez del espíritu que ha fijado su órbita en el firmamento de Dios y de las Escrituras.” (In ps. 93,29).

Esta certeza de Agustín es un buen deseo para estos tiempos recios que nos tocan vivir. Que nada ni nadie extinga la lucidez de nuestro espíritu. Ésa es nuestra victoria. Por eso, a pesar de “la oscuridad de la noche”, deseamos para todos un luminoso y esperanzado comienzo de curso, con el sano propósito de ir trazando con nuestro esfuerzo y tarea un mundo mejor: más justo, más noble, más bueno.

Agustín de Hipona vive

agustinvive2El agustino fray Luis de León, tan cercano a la reforma carmelitana, en el prólogo que hace a la publicación de las obras de Santa Teresa, que él tuvo que estudiar y avalar con su autoridad académica, escribe sobre la Santa:

Yo no conocí ni vi a la Madre Teresa de Jesús mientras estuvo en la tierra, mas ahora que vive en el cielo la conozco y veo casi siempre en dos imágenes vivas que nos dejó de sí, que son sus hijas y sus libros, que a mi juicio son también testigos fieles, y mayores de toda excepción, de su grande virtud.

Este testimonio de memoria viva, que describe ejemplarmente lo que deben ser las comunidades religiosas con respecto a sus fundadores, sirve como dintel a estas letras de memoria del Santo Obispo de Hipona en el día de su fiesta.

28 de agosto. Tal día como hoy, saltando los calendarios gregoriano y juliano, murió en la Hipona norteafricana, bárbaramente sitiada, el anciano Obispo Aurelio Agustín, a la edad de 76 años. Era el 430. Muere cansado de luchar a favor de la Iglesia, cargado de años para la época, entregado al estudio y la predicación, al servicio de su iglesia local y de las iglesias vecinas; rodeado del amor de sus fieles y de los presbíteros que con él vivían y compartían pobreza y comunidad.

Su primer biógrafo, San Posidio, obispo de Calama, primada de la Numidia, y compañero de Agustín durante cerca de 40 años, dice de él:

No hizo testamento alguno, porque el pobre de Dios no tenía de qué hacerlo (…). Dejó a la iglesia clero suficientísimo y los monasterios llenos de varones y mujeres, que guardan continencia, con sus respectivos propósitos, junto con la biblioteca y los libros que contenían sus tratados o los de los otros santos, en los cuales se echa de ver qué y cuánto significaba por don especial de Dios en la Iglesia; y se patentiza, que no ha dejado de vivir para los fieles.

Dieciséis siglos después, Agustín vive. Es confesión en los umbrales del tercer milenio cristiano, a la luz de la profesión del ideal de vida que Agustín dejó impreso en la Regla escrita para sus monjes y monjas.

Vive Agustín en sus obras. Su pensamiento, transmitido en los siglos, sigue siendo un pilar fundamental para la cultura humana.

Vive Agustín en la reflexión teológica de la Iglesia. Doctor de la Gracia y de la Caridad, su pensamiento es luz en el desarrollo del saber teológico. Consta que es el Padre de la Iglesia más citado en los documentos del Concilio Vaticano II.

Vive Agustín en la memoria de los fieles como modelo de convertido y de fiel seguidor del Señor resucitado. Es modelo de amor apasionado a la Iglesia, modelo de vida consagrada, modelo de pastor, entregado al servicio de los pobres y de la comunidad a él encomendada.

Vive Agustín, al fin, en la realidad de las comunidades que se inspiran en su espiritualidad y profesan su Regla de vida. Los hijos e hijas de Agustín de Hipona, herederos de aquél fuego de fidelidades, entre luces y sombras, intentan trazar senderos de vida y evangelización a la luz de su presencia.

A l’Església de Mallorca, la comunitat de PP. Agustins del col·legi Sant Agustí i l’església de la Mare de Déu del Socors de Ciutat, les comunitats de Agustines Germanes de l’Empar esteses per la Illa, les Canonesses Regulars Lateranenses de Sant Agustí, de la Canònica de Santa María Magdalena de Palma, volen ser signes vius d’una confessió arriscada i compromesa: Agustí de Hipona viu i la seva vida és llum per caminar en les senderes del tercer mil·lenni cristià, al servei de l’home i de la dona del nostre temps, de la història, de l’Església i de la cultura.

 Fr. Jesús Miguel Benítez, agustino

Eco de la JMJ

ecojmjCracovia 2016

Invasión de jóvenes. Miles, hasta el millón y medio, según recogían los medios. De todo el mundo. Jóvenes en su mayoría católicos y muchos, también, de otras confesiones cristianas e, incluso, algunos de otras religiones. Es un encuentro de la juventud del mundo, uno más, otro, desde que comenzara a convocarlos San Juan Pablo II con aquél impresionante poder de convocatoria. Jóvenes inquietos, jóvenes en búsqueda, jóvenes con ganas siempre de construir un mundo mejor, marcados por la Cruz que recorre el mundo en sus hombros y el icono de la Madre de Dios, de María. Jóvenes con ganas de silencio, de escucha de la Palabra de Dios, de adoración; con ganas de encuentro, de compartir, de fiesta y alegría.

Y asombra. Asombra que la juventud se rinda a la presencia del Obispo de Roma, en pleno ejercicio del ministerio de la unidad en la universalidad, lo verdaderamente católico Ninguna ideología, ningún partido político, ningún sistema o estructura de poder…, en este mundo nuestro tan desestructurado e inconsistente, tiene ese poder de convocatoria y esa fuerza de transmitir un mensaje cargado de esperanza.

Y sucedió el encuentro en armonía. Cracovia, Polonia entera, consciente de ser memoria viva del Papa polaco que hizo posible este milagro entre los jóvenes del mundo, se volcó en el encuentro. Y se sucedieron las catequesis previas, la preparación –nunca fácil- de los viajes, la concentración, la organización, los encuentros de oración, de catequesis, de celebración y fiesta. Y los jóvenes hicieron silencio y el Papa les habló, les invitó –con esa fuerza renovadora de la sencillez franciscana a no tener miedo, a despertar, a no vivir acomodados, a escuchar y buscar la voluntad de Dios en sus vidas, a lanzarse a ser responsables, comprometidos, solidarios. Los jóvenes tienen que cambiar el mundo a mejor. Ellos son los que pueden hacerlo y tienen que hacerlo. Y no es freno ni obstáculo alguno los inconvenientes que presenta la cultura difusa de nuestro mundo, las estructuras de poder desordenado, el miedo al conflicto, a la situación de guerra –no religiosa, no- que vive nuestro mundo. Invitados los jóvenes a no dejarse llevar por la indiferencia frente a las ideologías absolutas, a los fundamentalismos absorbentes. Que los pobres tienen voz, que la Iglesia ha sido y seguirá siendo voz de los que tienen voz, brazos de caridad y misericordia para todos los pobres y necesitados.

Y fue posible la JMJ 2016. Y habrá más para 2019, convocados en ese abrazo de los pueblos de América, que es la República de Panamá. Y allí estará Pedro con los jóvenes, para seguir hablando del Señor Jesús, el Señor de la historia, el Eterno Viviente, en su eterna y feliz juventud; marcados por la Cruz y junto al icono de paz de la Virgen María.

Por eso queda un eco fecundo, lleno de esperanza, un eco que confiamos llenará de luz las comunidades cristianas, con ese gozoso marcaje del perdón y de la misericordia. Y amanecerá para el mundo una mañana de júbilo, tras tanta tiniebla y oscuridad como parece habita en el pensamiento del hombre y en sus relaciones, en los estados marcados por la violencia y la guerra; en medio de tanta injusticia y tanta pobreza que hiela el corazón.

Y en ello estamos, cuando es agosto…