Un año más… Santa Rita 2018

A base de repetirlo año tras año no necesitamos frotarnos los ojos ante el asombro. Y es cierto, aunque suene a tópico: Un año más…

Transcurrió la novena en honor a la Santa Casia, que comenzamos el domingo 13 de mayo, que este año coincidía con la solemnidad de la Ascensión del Señor a los cielos. Y transcurrió la novena con una asistencia muy llamativa de fieles, que se mantuvieron así, fieles, día a día, compartiendo oración, piedad y esa tensión del silencio cuando se va desgranando la Palabra a nuestros oídos y nuestros corazones. Mucha gente, muchos fieles… Durante las mañanas, en las horas de apertura del Socors se va incrementando ese goteo incesante de cristianos que pasan a visitar a la Santa: allí una oración rápida, un saludo, una vela que se enciende, un rato de silencio, un rezo de la novena, del triduo a la Santa; acción de gracias, petición, silencio.

La devoción a Santa Rita en Mallorca provoca siempre preguntas que son difíciles de responder. ¿Por qué continúa viva, activa, creciente esta devoción? Es tradición ya secular. Es verdad que la canonización de la Santa, que fue muy tardía, en 1900, provocó un movimiento de devoción y piedad espectacular, que venía reforzado por la presencia de los agustinos en el Socors, después de la desamortización, y el riego de piedad de las numerosas comunidades que la nueva congregación de agustinas hermanas del Amparo desplegaban por muchos pueblos de la Isla. Pero también es cierto que la devoción a Santa Rita, vinculada a la iglesia del Socorro, viene acompañada de la presencia secular de los agustinos. El retablo y la imagen de la Santa que se conservan en Siete Capillas, preciosa muestra del estilo barroco, proceden del siglo XVIII y están dedicados en su origen a la beata Rita. Y consta que ya era numerosa la asistencia de fieles. No es, por tanto, la canonización de la Santa lo que provocó ese movimiento de devoción, que ocupa toda la Isla, aunque lo intensificó.

Lo mismo podemos decir cuando hablan de que esas largas colas, interminables colas de fieles, desde la mañana, son frutos de la crisis y la necesidad de la gente, acercándose a la abogada de imposibles. ¿Y qué decir de los fieles en tiempos de bonanza y crecimiento económico? En tiempos de paz, en tiempos de guerra, en tiempos de crisis, en tiempos de desarrollo y prosperidad… Consta en los escritos, preciosas crónicas de esta casa, en diversos momentos históricos la constante de esta devoción, los ritmos similares: piedad, devoción a raudales, largas filas de fieles, misas, confesiones, rosas… ante una mujer sencilla, modelo de humildad y de fidelidad, a la que llamaron, llaman y seguirán llamando: abogada de imposibles.

Un año más… y no es tópico, se ha vivido una fiesta espectacular, con cantidad incontable de fieles –miles–, buscando el favor de Dios en la devoción a la vida íntegra de una mujer impresionante, que habla del evangelio con gestos de vida.

La obediencia a la voluntad de Dios, la pasión por Jesucristo, el amor a la iglesia, la paciencia, la bondad y la ternura, el perdón y la reconciliación, la donación de sí, la generosidad… son las joyas que brillaron en el corazón de esta mujer singular y el pueblo sencillo –¡¡¡el Pueblo de Dios!!!– lo reconoce, lo aclama y se confía en la intercesión de esta sierva buena y fiel. Y –lo quieran o no– eso causa asombro en estos tiempos nuestros tan feos y descolocados.

Bendito sea Dios por el regalo de Santa Rita.

El Socors de Palma en el mes de mayo

Es una constante en cuantos entran por primera vez a esta iglesia de los agustinos de Palma, el quedarse asombrados por los tesoros que encierra, resaltando siempre las tres piezas más preciadas: la imagen de la Virgen del Socorro, titular del templo, talla en alabastro policromado, de taller hispalense de la primera mitad del XVI; el órgano de los hermanos Caimari, del XVIII, que mantiene intacta su elegancia y su sonoridad y eleva a Bach a límites insospechados y la famosa, luminosa, bellísima cúpula de Francisco Herrera, de un sereno barroco napolitano del XVIII. Asombro, esplendor, armonía… Arte, historia, cultura, belleza acumulada.

Y quien acompaña explicando los tesoros, más allá de estos tres que señalamos, se queda siempre insatisfecho por no poder expresar en su amplitud lo que consideramos es lo más valioso, permanente, luminoso, bello y fiel…: el tesoro de la fe de los fieles, de toda edad, clase y condición, que como lluvia fecunda, lenta, imparable, caladora, se va derramando entre estos muros centenarios. Detrás de esa fe que vemos con nuestros ojos (la fe… ¿se puede ver?); que escuchan nuestros oídos, que comparten nuestros corazones… hay historias únicas, definitivas, totalizadoras, de latidos incontenibles, asombrosos. Es la vida. Es El Socors y más en mayo.

Mes de primavera, mes de las flores. María, la Bienaventurada, la siempre entera, la siempre joven, “sin mancha ni arruga”, que no conoció pecado por lo quiso aquél que le marcó un destino para un proyecto sublime: ser Madre del Verbo encarnado. Y aquí, en el Socors, a María se le invoca con sabor de fidelidad de siglos como Mare de Déu del Socors. Y se le honra, se le contempla, se le reza, se le cuida, se le canta, se le adorna… Y el 13 de mayo, en comunión siempre de devociones, que una sola es la Mare de Déu, al ritmo del calendario litúrgico agustiniano, celebramos la fiesta de la Virgen María, Madre del Socorro, que tiene aquí su casa y solar.

Y el mismo día 13, de la mano de la Virgen, se entra en la tradicional y popular novena en honor de una hija selecta de María, cual fue y es Rita de Casia, santa Rita, monja agustina del siglo XIV, en Casia,  ciudad enclavada en el corazón verde de Italia que es la Umbría. Durante nueve días se va avanzando en la contemplación de la vida de la santa, sus virtudes, su poder de intercesión, su amistad, su cercanía, su poder de seducción para cambiar de vida y tomarse en serio la fe, el evangelio, el seguimiento de Jesús y el compromiso con la iglesia.

Y es aventura el ver y comprobar cómo los cristianos vienen y celebran y gozan y esperan con la compañía feliz de esta hija de María, amiga fuerte de Dios, mujer de paz, de fortaleza, de esperanza, de impresionante caridad.

Y su fiesta el día 22  atrae gente: a misa, a confesar, a pasar ante la imagen de la Santa de Casia, abogada de imposibles orando, suplicando, dando gracias. Sin parar. Imposible calcular los fieles: niños, jóvenes, adultos, ancianos; hombres y mujeres, enfermos y sanos… Insistimos: hay un tesoro indescriptible en el Socors de Palma que el guía que explica la iglesia a los visitantes interesados en el arte y la historia de este templo se siente incapaz de transmitir. Esto hay que verlo (la fe… ¿se puede ver?) y sentirlo para creerlo.

El Socors de Palma en el mes de mayo… un misterio de Dios y del corazón de la criatura humana. Un tesoro con sabor a cielo.