Amoris Laetitia-La alegría del Amor (II)

amorislaetitiaCapítulo 5º

El amor cuando es verdadero, es difusivo, se comparte y tiene como horizonte al otro. El amor siempre da vida por eso el amor conyugal no ha de reducirse a la pareja.

En la familia se acoge la vida, como don y regalo de Dios, experimentando la gratuidad, “los hijos son amados antes de que lleguen”, lo cual nos hace recordar que “Dios nos amó primero”. Cuando se trata de los niños que vienen al mundo, ningún sacrificio de los adultos será demasiado costoso, demasiado grande. El don de un hijo tiene como destino final la vida eterna y Dios siempre le reconocerá por el nombre que los padres hayan elegido para él.

La familias numerosas son una gran alegría para la Iglesia, al expresar la fecundidad generosa del amor dentro de una paternidad responsable.

En el embarazo la madre acompaña a Dios en el milagro de la nueva vida. Los padres “soñarán“ a su hijo en el embarazo, qué importante es que el hijo se sienta querido, esperado por su valor y dignidad inmensa por ser humano, por sí mismo, amado porque es hijo, aceptado sin condiciones, acogido gratuitamente como amor de Dios. “El amor de los padres a sus hijos es una chispa del amor de Dios”.

Para los hijos, es necesaria la presencia y el cariño del padre y de la madre para su desarrollo íntegro, con una personalidad y carácter rico, que valore la vida, les llene de confianza y les ayude a no caer en sentimientos de desamparo y orfandad. Todo niño debe verse, ver el mundo y los demás como “algo bueno” y así desarrollar su vida con estima, confianza y respeto.

Serán las madres las que desde los primeros años transmitan a sus hijos el sentimiento religiosos con imágenes agradables al niño, con gestos, oraciones sencillas.

Hemos de ser conscientes y ver el gran problema para el desarrollo de los hijos de una “sociedad sin padres”. Se impone la necesidad imperante de transmitir “un espíritu de familia”.

Las familias son buena noticia de Jesús con su testimonio de amor alegre y hacen presente el amor de Dios. Son “estatuas vivientes” del Dios del Amor, de la Ternura y Misericordia.

El amor de los hijos a sus padres, como nos señala el 4º mandamiento, encierra algo sagrado y divino. Respeto y amor que debe llegar a los mayores, a los abuelos, es necesario el abrazo entre los jóvenes y los ancianos, dándoles una vida digna y rechazando todo “descarte”. La atención a los ancianos en las familias es el termómetro de la calidad y de la integración de las familias y de un sano porvenir.

La relación entre los hermanos, se profundiza y madura con el tiempo, con una educación abierta a los demás, aprendiendo en una sana y alegre convivencia desde la fraternidad. Todo ello supone la experiencia del cuidado, la ayuda, la paciencia y el cariño entre los hermanos.

Capítulo 6º

La familia se convierte en Evangelio con el testimonio gozoso y alegre de su amor,  “que llena el corazón y la vida entera”. Las familias cristianas deben ser una apuesta fuerte y valiente con su amor generoso, estable, sólido y duradero.

Los jóvenes han de descubrir el valor, la belleza y la riqueza del matrimonio con el apoyo de toda la comunidad cristiana. Deben saber que el amor a otra persona no se improvisa, sino que supone un crecimiento, una formación, un acompañamiento que les ayude a madurar y a hacer del matrimonio una vocación de Dios. El amor supone siempre un acto de voluntad, de querer quererse, no debe quedarse en una mera atracción física, en una afectividad difusa o un mero sentimiento. El amor es algo dinámico, vivo que  ha de ir madurando y enriqueciéndose día a día, el amor es siempre proyecto a llevar hacia adelante un día como esposos con la gracia de Dios.

Capítulo 7º

A nadie se le oculta la influencia de los padres en el desarrollo moral de sus hijos. Los padres habrán de preguntarse con frecuencia: “cómo quieren que sean sus hijos”. Esto pide de los padres actitudes de cercanía, de confianza, deben cuidar sus amistades, los lugares que frecuentan, el uso que hacen de los medios de comunicación, internet y otros canales de comunicación. El abandono y dejadez  de los padres nunca es sano para los hijos. Los padres deben saber dónde están sus hijos, no solo físicamente, sino existencialmente: cuál es el sentido de su vida, cuáles son sus valores y opciones, qué objetivos, deseos y proyectos se marcan para sus vidas.

A los hijos se les debe educar en una libertad responsable. Estas tareas de los padres no las pueden delegar completamente en la escuela, ni caer en un abandono afectivo. Los padres que quieren siempre y en todo la felicidad de sus hijos, deberían tener muy presente el aviso de S. Agustín: “Solo lo que hace al hombre bueno, puede hacerlo feliz”.

Es necesario educar y desarrollar buenos hábitos de conducta, buenos sentimientos, inculcarles razones para vivir, amar y esperar. Vocabulario imprescindible en la familia, será; “Por favor”, “Permiso, puedo” y “Gracias”. Los padres tanto a los niños como a los adolescentes deben hacerles ver las consecuencias de sus acciones. Las correcciones y sanciones se deben hacer con amor. Es necesario educar a los niños en la capacidad de esperar, frente al  “lo quiero aquí y ahora”. Es necesario romper el egoísmo con actitudes de escuchar, compartir ayudar y saber convivir.

Las catequesis puede ser una gran ayuda para las familias, se debe reavivar la unión entre familia y escuela y entre familia y comunidad cristiana, en estos ámbitos los niños y jóvenes aprenderán a mirar  al mundo con la mirada de amor de Jesús de Nazaret y a hacer de sus vidas un servicio a Dios y a los demás. La educación y la transmisión de la fe, deben complementarse. “Aprendí de vosotros a llamar a Dios Padre”. En el hogar los hijos deben percibir la belleza, las razones para creer, ayudar a los demás, se debe enseñar a rezar, a vivir los sacramentos y sobre todo la eucaristía en familia.

Sabemos que la fe es un don de Dios, pero los padre son instrumentos para su crecimiento. Las familias han de ser siempre y en todo, lugar de catequesis. “Iglesia doméstica”, debe ser evangelizadora con la alegría de su amor, debe ser sacramento, icono del amor y la misericordia de Dios, que se nos ha manifestado en Jesucristo.

Toda familia debe vivir en tensión de ser más y mejor, a imagen de la Sagrada Familia de Nazaret, donde deben mirarse con frecuencia. “¡Caminemos familias, sigamos caminando!”.

José Luis Ovejero

Clausura del Año Jubilar Luliano

Sépulcre de Ramon LLull au monastère franciscain de Palma

Sépulcre de Ramon LLull au monastère franciscain de Palma

Desde el 27 de noviembre del pasado año 2015 y hasta 27 de noviembre del presente año 2016 la Diócesis de Mallorca ha celebrado el Año Jubilar de Ramón Llull conmemorando el séptimo centenario de la muerte del beato mallorquín.

Ha sido un año intenso de celebraciones, muchas de ellas enmarcadas en la Basílica de San Francisco de Palma, donde se encuentra el sepulcro del Beato.

Ramón Llull es un personaje apasionante. La densidad de su pensamiento en el campo de la filosofía y la ciencia, enmarcado en el mundo medieval; su pasión misionera y su mística, la vivencia profunda de su vida de fe y su oración, le mantienen vivo en el mundo complejo que nos toca vivir.

La iglesia de Mallorca, consciente de la pervivencia y del valor de su pensamiento y su obra, se ha esforzado en dar a conocer y expandir su figura como modelo de vida cristiana y potenciar su devoción entre los fieles.

En nuestra iglesia del Socorro de Palma se restauró la imagen del Beato, una talla en madera estucada del siglo XIX, que ha estado expuesta a lo largo de todo el año jubilar en el presbiterio del templo.

Mes a mes hemos ido publicando unas sencillas “catequesis” lulianas, habiéndose repartido unos trescientos dípticos mensuales, en los que se iba exponiendo de manera sencilla la vida, la obra, el pensamiento del Beato. Ha sido un intento de acercar la figura de Llull al pueblo de Dios, promoviendo su devoción entre los fieles.

Nuestra iglesia fue elegida por la Diócesis para exponer durante unos meses una de las muestras de arte contemporáneo, correspondiente a una exposición colectiva sobre el Beato.

Hemos intentado con todo ello responder a la propuesta de hacer cercano a Llull como hombre creyente, como cristiano comprometido con la tarea evangelizadora. Destacar su fe, su oración, su labor en el anuncio de la fe cristiana y su defensa, su comprensión del mundo y del hombre, su centralidad en Jesucristo y los valores que emergen del evangelio…, que nos ayuden a entender, a pensar y celebrar la destacada personalidad de este mallorquín singular, que hizo pueblo y cultura desde su conversión y su fidelidad al llamado del Señor de la historia.

La clausura del Año Jubilar Luliano está prevista para el domingo 27 de noviembre próximo. El Administrador Apostólico de nuestra Diócesis convoca a todos los cristianos de Mallorca a celebrar en comunión este acontecimiento, especialmente a la plegaria de las Vísperas del sábado 26 de noviembre, a las 21,00 h. y a la celebración de la Eucaristía del domingo 27, fiesta del Beato, a las 10,30 h., ambos actos convocados en la Catedral de Palma, con los que solemnemente se cerrará este año de gracia.

Clausura del Año Jubilar de la Misericordia

misericordiaUn año entero. Un año entero de peregrinación, de conversión, de escucha de la Palabra de Dios, de profundización, de búsqueda inquieta, de encuentro fraterno y amigo. Un año en camino hacia el Señor y el prójimo sufriente, ejercitando la misericordia, hasta cambiar la vida. Un año de gracia.

Hemos celebrado con el Jubileo de la Misericordia un Año Santo extraordinario, que comenzó el 8 de diciembre de 2015, solemnidad de la Inmaculada Concepción, y concluirá el próximo domingo 20 de noviembre de 2016, para conmemorar el cincuenta aniversario de la clausura del Concilio Vaticano II, centrando a toda la comunidad cristiana, a todos los bautizados en la contemplación de la Divina Misericordia, invitando a la conversión, a través del sacramento de la Reconciliación, para vivir una vida cristiana centrada en el ejercicio de la misericordia con todos.

La Iglesia abrió las puertas de los principales templos del orbe católico, para que todos los bautizados pudieran peregrinar, hacer camino de conversión y acceder a la gracia jubilar: recibir y compartir la misericordia del Señor, que es infinita.

En nuestra diócesis de Mallorca la Puerta Santa de la Catedral de Palma se abrió el 13 de diciembre de 2015, tercer domingo de Adviento. Se ofrecieron a toda la diócesis otros dos templos jubilares: la iglesia de la Anunciación del Hospital General, en Palma, y el Santuario de la Virgen de Lluc, en Escorca. Puertas abiertas para acoger al peregrino de la misericordia.

A lo largo del Año Santo las hemos atravesado con esperanza. Esperanza en la conversión auténtica de cada corazón, de cada cristiano, para que la conversión de la Iglesia entera sea verdadera y transparente. Ha sido un año de caminar incesante, un año de peregrinación, que llega a su fin.

El Jubileo concluirá el domingo 20 de este mes de noviembre de 2016, solemnidad de Cristo Rey, cuando el Papa Francisco cierre la Puerta Santa de la Basílica de San Pedro. Previamente, el domingo 13 de noviembre se cerrarán todas las Puertas Santas de todos los templos de la Iglesia que han sido templos jubilares.

El Administrador Apostólico de la Diócesis de Mallorca, Mons. Sebastián Taltavull, nos invita a participar el próximo domingo, 13 de noviembre de 2016, en la clausura diocesana del Año de la Misericordia. Tendrá lugar en la Catedral de Palma a las 10:30 h. de la mañana.

Es un momento para expresar con gozo la comunión con nuestra iglesia diocesana, de expresar el espíritu de conversión y el propósito de vivir comprometidamente nuestra vida cristiana en la clave de la misericordia, que brota del Corazón de Cristo y nos permite gastar la vida en la construcción de un mundo mejor.

Unámonos a la oración de toda la Diócesis y a la celebración con el Obispo Sebastián, en estos tiempos de esperanza para seguir construyendo, con mayor entusiasmo, nuestra Iglesia local, que peregrina, lucha, sirve y espera en Mallorca.