Belleza tan antigua y tan nueva

En la entrega del Premio de “L’Esplendor de la Mediterrània”
Fundació Amics del Patrimoni
Palma, sábado 18 de agosto de 2018.

 

¡Tarde te amé, belleza tan antigua y tan nueva, tarde te amé! Y he aquí que tú estabas dentro de mí y yo fuera, y por fuera te buscaba; y deforme como era, me lanzaba sobre las bellezas de tus criaturas. Tú estabas conmigo, pero yo no estaba contigo. Me retenían alejado de ti aquellas realidades que, si no estuviesen en ti, no serían. Llamaste y clamaste, y rompiste mi sordera; brillaste y resplandeciste, y ahuyentaste mi ceguera; exhalaste tu fragancia y respiré, y ya suspiro por ti; gusté de ti, y siento hambre y sed; me tocaste, y ardo en deseos de tu paz.” Conf. 10, 27, 38.

Amigos:

Este sugerente y revelador texto del genio de Hipona, el obispo Agustín, sintetiza a las mil maravillas lo que puedo decir a la hora de dar gracias y cantar la novedad y excelencia de la belleza, que es lo que –en el origen, en el fondo y en la forma– hace que la Fundació Amics del Patrimoni, haya puesto sus ojos en tres iglesias de Mallorca, para reconocer la excelencia y la belleza.

La Basílica i parròquia de Sant Miquel, la Església de la Mare de Déu del Socors, ambdues a Palma de Mallorca, i la parròquia de Santa Maria dels Ángels de Pollença recullen agraïdes aquest reconeixement de la Fundació Amics del Patrimoni amb senzillesa i amb el propòsit de seguir amb entusiasme evangèlic la labor d’incrementar i cuidar el patrimoni històric i cultural que es tanca entre els seus murs.

Els premis que atorga la Fundació en aquest esdeveniment de “L’Esplendor de la Mediterrània” estan dirigits al reconeixement de la feminitat i la bellesa. No hi ha dubte que l’haver posat la mirada a l’Església, que és femenina en paraules del Papa Francecs, concretant-ho en tres temples de Mallorca, que en els últims anys han experimentat un singular canvi en la cura del patrimoni i del culte, manifesta una originalitat digna d’encomi. Gràcies pel reconeixement, gràcies per la visibilitat que amb això ens donaus i gràcies per reconèixer l’esforç i el lliurament que amb entusiasme ens han emprat en temps i energies.

Es verdad que la Iglesia siempre, entre luces y sombras –a qué negarlo–, ha ocupado un lugar destacado en la creación y expansión de la cultura, las bellas artes de la arquitectura, la escultura y la pintura, la música, la literatura… recogen muestras selectas del hacer del hombre desde la fe que han configurado el ser y el hacer de la humanidad, de la civilización en la historia.

Pero, y aquí vuelvo al pensamiento de San Agustín en las Confesiones, la belleza tan antigua y tan nueva, tiene en el corazón del de Hipona un nombre propio y es Jesucristo. “Tú estabas dentro de mí y yo estaba fuera y por fuera te buscaba…”. Infeliz aquél que busca la belleza en las cosas de fuera. Para Agustín el encuentro con la Verdad fue experiencia de la belleza, de lo bello, de lo armónico, de lo bien trazado, lo bien empleado, lo bien sugerido. Es el pulcrum en estado puro. Nada hay superior a él. Está ante Dios, belleza siempre antigua y siempre nueva.

Y en este mundo desordenado y roto, confuso y desesperanzado… necesitamos testigos de la belleza, que vengan a decirnos con la vida, no tanto con la palabra, que la belleza auténtica acontece dentro del corazón del hombre, más allá de su pensamiento y creatividad expresa, que no son más que meros y superficiales reflejos del acontecimiento de luz y salvación que sucede dentro del corazón. Maestros del encuentro, que vengan a gritar con hechos de vida y gestos de libertad, de justicia, de comunión, de caridad… que Dios habita dentro y que es bello en sí, con esa novedad que tiene la frescura de la creación, la intensidad absoluta del que hace nuevas todas las cosas (Ap 21, 5).

Perquè, amics, el de fora, l’obra que brolla de la mà de l’home és efímera, però el batec, la qual cosa esdevé dins, la qual cosa impregna una obra d’art de bellesa i claredat, és fruit del batec de l’home i això sempre-sempre, diguin el que diguin els profetes de la desesperança, té ressons d’eternitat. No passa mai. Mai s’acaba, com l’amor, perquè té la marca del Creador, la marca de Déu.

Moltes graciès a tots i totes per la vostra presència i paciència en escoltar-me.

fray Jesús Miguel Benítez, OSA
Rector de la Església de la Mare de Déu del Socors
Agustins. Palma

L’Esplendor de la Mediterránea

Premio a la Iglesia del Socorro de Palma

 

La Fundación Amics del Patrimoni de Mallorca ha hecho entrega el pasado sábado, 18 de agosto, del premio L’Esplendor de la Mediterránea a la iglesia de Ntra. Sra. del Socorro de Palma de Mallorca, al cuidado de la comunidad de PP. Agustinos.

La Fundación, con motivo de la solemnidad de la Asunción, desde el año 2003, concede este reconocimiento, como homenaje, a mujeres que, por su labor y compromiso con la cultura, destacan en el panorama socio-cultural de la Isla de Mallorca.

Las mujeres premiadas en la edición de 2018 han sido: la arqueóloga e historiadora Dª. Elvira González, la doctora geógrafa Dª. Joana Maria Petrus y la arquitecta municipal Dª. Joana Roca.

Junto a ellas la fundación ha tenido a bien reconocer la labor de cuidado patrimonial que en los últimos tiempos se ha realizado en tres iglesias de Mallorca: la basílica y parroquia de Sant Miquel, en Palma; la parroquia de la Mare de Déu dels Angels en Pollença y nuestra iglesia del Socorro. No cabe duda que este reconocimiento a templos de la Isla es original y sirve como acicate para seguir empleados en la labor del culto litúrgico y atención a los fieles y del cuidado esmerado en la conservación y restauración del importantísimo legado patrimonial (histórico y cultural) que hemos recibido de nuestros mayores. Recibieron el premio por parte de la Parroquia de San Miquel, su rector Mn. Antoni Guillem Gómez; por la Parroquia Pollença, su rector Mn. Francecs Vicens y por la iglesia del Socors, su rector, fray Jesús Miguel Benítez.

Presidió el acto D. Joan Guaita, presidente de la Fundació Amics del Patrimoni, a quien acompañaba en lugar destacado el obispo de Mallorca, Mons. Sebastià Taltavull, y el presidente de ARCA, D. Pere Oliver.

El acto, sencillo en su concepción y desarrollo, comenzó con un recital de bandoneón a cargo del músico y compositor peruano Claudio Constantini, quien demostró con creces el absoluto dominio del instrumento y compartió con el público una impresionante ejecución de diversas piezas musicales, siendo muy aplaudido.

Posteriormente los homenajeados recogieron los premios, de mano del Sr. Guaitia, agradeciendo en nombre de los premiados la distinción la Sr. Inés González y fray Jesús Miguel, con sendos y sentidos parlamentos.

San Agustín 2018

San Agustín, Obispo de Hipona

28 de agosto

El martes 28 de agosto, celebramos la solemnidad de San Agustín. La figura del Obispo de Hipona destaca en la historia de la humanidad por muchos y variados motivos. La Iglesia le considera uno de los más grandes pensadores y resalta siempre su plena conversión a la fe cristiana y su indiscutible entrega como pastor al servicio del pueblo.

Ante las diversas reacciones que ha provocado este año, como en los precedentes, un alarmante movimiento de población africana hacia las costas de Europa, queremos traer a la memoria un acontecimiento de la vida del santo que recoge en una carta escrita a su fiel discípulo y amigo el santo obispo Alipio de Tagaste, escrita hacia el 422-423. En ella Agustín narra la reacción de los fieles de Hipona ante la llegada a las costas de un cargamento de esclavos de diversas zonas, particularmente de Numidia, traído por traficantes gálatas. Agustín estaba ausente de Hipona y los fieles cristianos conociendo la costumbre de ofrecer limosnas para liberar a estos esclavos no dudaron, en ausencia de su obispo y pastor, actuar de la misma manera que él habría actuado: liberar a esos esclavos. Lo narra así en la carta a su amigo:

Cuatro meses antes de escribir esto, unos traficantes gálatas –pues son sólo ellos, o ellos sobre todo, los que se entregan con verdadera ansia a estos lucros– trajeron gente reunida de diversas zonas, y particularmente de Numidia. No faltó un cristiano ya bautizado, conocedor de nuestra costumbre respecto a las limosnas en estos casos, que lo denunció a la Iglesia. Acto seguido, estando yo ausente, los nuestros liberaron a casi ciento veinte hombres, una parte sacándolos de la nave en que habían sido embarcados y otra parte… del lugar en que habían sido ocultados para embarcarlos luego. De todos ellos, apenas se hallaron cinco o seis que hubiesen sido vendidos por sus padres. Respecto a los demás, cualquiera que oiga las distintas circunstancias por las que, a través de seductores y salteadores, llegaron a los gálatas, apenas contendrá las lágrimas.” (Carta 10*, 7)

No era cuestión de discursos, programas, propuestas… Era, es, sigue siendo cuestión de ejercer la misericordia, aplicando la justicia y la caridad. El evangelio no se enreda en discursos. El evangelio exige actuar. Otros se enredarán en palabrería y utilizarán los foros y medios de comunicación para generar propuestas, estudiar medios y estrategias, orquestar políticas con que seguir manteniendo un status de bienestar y seguridad, ofertando o no soluciones más o menos viables a problema tan complejo. Es a lo que nos tienen acostumbrados. Los cristianos, la iglesia -ayer, hoy y siempre- lo que tiene que hacer es –sencillamente– actuar. Como hicieron los fieles cristianos de Hipona, aun en ausencia de su obispo y pastor. Lo que hubiera hecho Jesús.

Que San Agustín, el divino africano, interceda para que esta difícil y compleja situación social, política y económica encuentre vías de estabilidad para unos y para otros. Nosotros hacemos memoria de este testigo del evangelio, a quien consideramos padre y amigo, celebrando su indiscutible actualidad una vez más.

La esperanza es la levadura del amor

Esta frase de San Agustín (In ps. 62, 5) es bueno tenerla en cuenta en estos tiempos tan confusos y difíciles que tenemos que enfrentar. Los cristianos hemos de vivir en esperanza, porque creemos y confesamos que la salvación ya es un hecho en la entrega y obediencia de Jesús al proyecto del Padre. Los creyentes en Cristo hemos sido salvados (Ef 2, 8; II Ti 1, 9); estamos siendo salvados en el presente (I Cor 15, 2); y seremos salvados en el futuro (Rom 5, 9; II Tes 2, 14).

Por ello podemos gozar de la certeza, en medio de las oscuridades de la fe, de que sólo desde la esperanza, desde la mirada puesta en un futuro mejor, podremos –podrán los locos esos que se enfundan en el odio y la destrucción, unos y otros– construir la reconciliación y la paz, la justicia y el amor.

Decía el santo Obispo Agustín a sus fieles de Hipona:

Tú dices: son tiempos difíciles, son tiempos de opresión, son tiempos preocupantes. Vive correctamente y cambiarás los tiempos. Los tiempos nunca han hecho mal a nadie. Aquellos a los cuales se hace mal son los seres humanos; los que hacen el mal son los seres humanos. Por tanto, cambia a los seres humanos y cambiarán los tiempos.” (Serm. 311, 8).

Impresionante propósito para enfrentar las dificultades de nuestro tiempo y del futuro incierto que se nos avecina.

Vivamos correctamente, con dignidad; trabajemos por construir la paz en nuestro entorno; cuidemos con esmero los criterios y juicios sobre esta locura que quieren vendernos de buenos y malos; luchemos con denuedo por hacer posible el espíritu de respeto y tolerancia, de comprensión y bondad y ternura, como exige el evangelio de las bienaventuranzas. Confundamos este mundo de mal a base de bien, a golpes de identificación apasionada con el AMOR que brota del Corazón de Jesucristo; a golpes de CARIDAD, como derrama en nuestras vidas con exquisito tacto Santa María, la bienaventurada, a quien aclamamos como dulce Madre del Socorro.

De la misma forma que la oscuridad de la noche no puede apagar el brillo de las estrellas en el firmamento, la injusticia humana no puede extinguir la lucidez del espíritu que ha fijado su órbita en el firmamento de Dios y de las Escrituras.” (In ps. 93,29).

Esta certeza de Agustín es un buen deseo para estos tiempos que creemos confusos y difíciles. Que nada ni nadie extinga la lucidez de nuestro espíritu. Ésa es nuestra victoria. Por eso, a pesar de “la oscuridad de la noche”, podemos lanzar en el presente cantos de esperanza y desearnos unas felices vacaciones a los que puedan disfrutar de ellas, con sosiego en la familia y entre los amigos, con gozosa liberalidad; asentando nuestra fe en una esperanza abierta a la construcción de un mundo mejor: más justo, más noble, más bueno.

                                                           fray JM, Rector del Socorro. Palma

Asunción

La asunción de María en cuerpo y alma a los cielos

El misterio de la asunción de María en cuerpo y alma a los cielos centra la atención de la Sagrada Liturgia en el mes de agosto. En la confesión de este misterio celebramos el pleno cumplimiento en María, la bienaventurada, de todo aquello que espera y confía el que confiesa que Jesús es el Señor. Toda la promesa de redención, todo el gozo de la salvación, ya en acto, en la integridad de su ser criatura, en cuerpo y  alma, lo alcanza María por el misterio de la asunción. En ella la humanidad contempla lo que va a suceder en quien se esfuerza por ser fiel al evangelio en el seguimiento de Jesús. En ella, en María, los creyentes son invitados a la esperanza.

María goza ya en plenitud de la contemplación de Dios cara a cara; en ella ya se ha realizado en su totalidad la herencia prometida; ella sabe lo que es el cielo, la Patria definitiva, el banquete eterno, la dicha sin fin, el octavo día, la salvación, la liberación…

Y esa verdad, que creemos, la confesamos como podemos, diciendo por ejemplo que María fue llevada en cuerpo y alma al cielo por el poder de Dios, a diferencia de la Ascensión de su hijo Jesucristo, que lo hizo por su propio poder.

Cuando en 1950 el Papa Pío XII proclamó solemnemente el dogma de la Asunción de María en la Constitución Apostólica Munificentissimus Deus, lo hizo con estas palabras: “Después de elevar a Dios muchas y reiteradas preces y de invocar la luz del Espíritu de la Verdad, para gloria de Dios omnipotente, que otorgó a la Virgen María su peculiar benevolencia; para honor de su Hijo, Rey inmortal de los siglos y vencedor del pecado y de la muerte; para aumentar la gloria de la misma augusta Madre y para gozo y alegría de toda la Iglesia, con la autoridad de nuestro Señor Jesucristo, de los bienaventurados Apóstoles Pedro y Pablo y con la nuestra, pronunciamos, declaramos y definimos ser dogma divinamente revelado, que la Inmaculada Madre de Dios, siempre Virgen María, terminado el curso de su vida terrena fue asunta en cuerpo y alma a la gloria celestial.

Dos aspectos importantes podemos destacar de la definición dogmática:

  1. La asunción ocurrió después de finalizar su vida mortal.
  2. Con la asunción alcanzó la glorificación eterna de su cuerpo corruptible.

No conoció la corrupción del sepulcro aquella que, conservada intacta su virginidad, fue tabernáculo del Verbo eterno, del Hijo del eterno Padre; de Dios vivo. Y aquél cuerpo fue glorificado para contemplar cara a cara el misterio que había confesado compartiendo la gloria del Hijo, sentado a la derecha del Padre. Por ello la asunción de la Virgen a los cielos es un privilegio singular, consecuencia de los otros privilegios marianos, que confesamos como verdades dogmáticas: la maternidad divina, la inmaculada concepción y su perpetua virginidad.

Y, por otra parte, es una verdad de fe que nos habla del misterio de la comunión de los cristianos; la unión del Cuerpo de Cristo, que es la Iglesia, porque en su asunción está representada toda la comunidad cristiana, al estar ya la Madre de Cristo viva y resucitada, estado final en el que nos ha precedido al resto de los discípulos de Jesús de Nazaret.

A la luz de este misterio escribía el Papa Pablo VI que “nuestra aspiración a la vida eterna parece cobrar alas al reflexionar que nuestra Madre está allá arriba, nos ve y nos contempla con su mirada llena de ternura”.

Y es esa mirada de ternura de Santa María, su amparo y protección, lo que debe buscar el cristiano en la alabanza de Dios por haber obrado grandes maravillas en la pequeñez de su sierva.

Celebrar la asunción de Santa María es celebrar nuestro futuro en la más abierta y definitiva esperanza; es celebrar nuestro destino eterno, que ya aconteció en ella por especial privilegio de Dios. Y María brilla, luce con esa belleza única con que Dios adorna con su gracia a los elegidos, a los que han sido fieles en la fe; a los que han luchado con esperanza; a los que gastan su vida en la caridad.

Que Santa María Virgen, la Mare de Déu d’agost, intercedi per nosaltres.

Un año más… Santa Rita 2018

A base de repetirlo año tras año no necesitamos frotarnos los ojos ante el asombro. Y es cierto, aunque suene a tópico: Un año más…

Transcurrió la novena en honor a la Santa Casia, que comenzamos el domingo 13 de mayo, que este año coincidía con la solemnidad de la Ascensión del Señor a los cielos. Y transcurrió la novena con una asistencia muy llamativa de fieles, que se mantuvieron así, fieles, día a día, compartiendo oración, piedad y esa tensión del silencio cuando se va desgranando la Palabra a nuestros oídos y nuestros corazones. Mucha gente, muchos fieles… Durante las mañanas, en las horas de apertura del Socors se va incrementando ese goteo incesante de cristianos que pasan a visitar a la Santa: allí una oración rápida, un saludo, una vela que se enciende, un rato de silencio, un rezo de la novena, del triduo a la Santa; acción de gracias, petición, silencio.

La devoción a Santa Rita en Mallorca provoca siempre preguntas que son difíciles de responder. ¿Por qué continúa viva, activa, creciente esta devoción? Es tradición ya secular. Es verdad que la canonización de la Santa, que fue muy tardía, en 1900, provocó un movimiento de devoción y piedad espectacular, que venía reforzado por la presencia de los agustinos en el Socors, después de la desamortización, y el riego de piedad de las numerosas comunidades que la nueva congregación de agustinas hermanas del Amparo desplegaban por muchos pueblos de la Isla. Pero también es cierto que la devoción a Santa Rita, vinculada a la iglesia del Socorro, viene acompañada de la presencia secular de los agustinos. El retablo y la imagen de la Santa que se conservan en Siete Capillas, preciosa muestra del estilo barroco, proceden del siglo XVIII y están dedicados en su origen a la beata Rita. Y consta que ya era numerosa la asistencia de fieles. No es, por tanto, la canonización de la Santa lo que provocó ese movimiento de devoción, que ocupa toda la Isla, aunque lo intensificó.

Lo mismo podemos decir cuando hablan de que esas largas colas, interminables colas de fieles, desde la mañana, son frutos de la crisis y la necesidad de la gente, acercándose a la abogada de imposibles. ¿Y qué decir de los fieles en tiempos de bonanza y crecimiento económico? En tiempos de paz, en tiempos de guerra, en tiempos de crisis, en tiempos de desarrollo y prosperidad… Consta en los escritos, preciosas crónicas de esta casa, en diversos momentos históricos la constante de esta devoción, los ritmos similares: piedad, devoción a raudales, largas filas de fieles, misas, confesiones, rosas… ante una mujer sencilla, modelo de humildad y de fidelidad, a la que llamaron, llaman y seguirán llamando: abogada de imposibles.

Un año más… y no es tópico, se ha vivido una fiesta espectacular, con cantidad incontable de fieles –miles–, buscando el favor de Dios en la devoción a la vida íntegra de una mujer impresionante, que habla del evangelio con gestos de vida.

La obediencia a la voluntad de Dios, la pasión por Jesucristo, el amor a la iglesia, la paciencia, la bondad y la ternura, el perdón y la reconciliación, la donación de sí, la generosidad… son las joyas que brillaron en el corazón de esta mujer singular y el pueblo sencillo –¡¡¡el Pueblo de Dios!!!– lo reconoce, lo aclama y se confía en la intercesión de esta sierva buena y fiel. Y –lo quieran o no– eso causa asombro en estos tiempos nuestros tan feos y descolocados.

Bendito sea Dios por el regalo de Santa Rita.

El Socors de Palma en el mes de mayo

Es una constante en cuantos entran por primera vez a esta iglesia de los agustinos de Palma, el quedarse asombrados por los tesoros que encierra, resaltando siempre las tres piezas más preciadas: la imagen de la Virgen del Socorro, titular del templo, talla en alabastro policromado, de taller hispalense de la primera mitad del XVI; el órgano de los hermanos Caimari, del XVIII, que mantiene intacta su elegancia y su sonoridad y eleva a Bach a límites insospechados y la famosa, luminosa, bellísima cúpula de Francisco Herrera, de un sereno barroco napolitano del XVIII. Asombro, esplendor, armonía… Arte, historia, cultura, belleza acumulada.

Y quien acompaña explicando los tesoros, más allá de estos tres que señalamos, se queda siempre insatisfecho por no poder expresar en su amplitud lo que consideramos es lo más valioso, permanente, luminoso, bello y fiel…: el tesoro de la fe de los fieles, de toda edad, clase y condición, que como lluvia fecunda, lenta, imparable, caladora, se va derramando entre estos muros centenarios. Detrás de esa fe que vemos con nuestros ojos (la fe… ¿se puede ver?); que escuchan nuestros oídos, que comparten nuestros corazones… hay historias únicas, definitivas, totalizadoras, de latidos incontenibles, asombrosos. Es la vida. Es El Socors y más en mayo.

Mes de primavera, mes de las flores. María, la Bienaventurada, la siempre entera, la siempre joven, “sin mancha ni arruga”, que no conoció pecado por lo quiso aquél que le marcó un destino para un proyecto sublime: ser Madre del Verbo encarnado. Y aquí, en el Socors, a María se le invoca con sabor de fidelidad de siglos como Mare de Déu del Socors. Y se le honra, se le contempla, se le reza, se le cuida, se le canta, se le adorna… Y el 13 de mayo, en comunión siempre de devociones, que una sola es la Mare de Déu, al ritmo del calendario litúrgico agustiniano, celebramos la fiesta de la Virgen María, Madre del Socorro, que tiene aquí su casa y solar.

Y el mismo día 13, de la mano de la Virgen, se entra en la tradicional y popular novena en honor de una hija selecta de María, cual fue y es Rita de Casia, santa Rita, monja agustina del siglo XIV, en Casia,  ciudad enclavada en el corazón verde de Italia que es la Umbría. Durante nueve días se va avanzando en la contemplación de la vida de la santa, sus virtudes, su poder de intercesión, su amistad, su cercanía, su poder de seducción para cambiar de vida y tomarse en serio la fe, el evangelio, el seguimiento de Jesús y el compromiso con la iglesia.

Y es aventura el ver y comprobar cómo los cristianos vienen y celebran y gozan y esperan con la compañía feliz de esta hija de María, amiga fuerte de Dios, mujer de paz, de fortaleza, de esperanza, de impresionante caridad.

Y su fiesta el día 22  atrae gente: a misa, a confesar, a pasar ante la imagen de la Santa de Casia, abogada de imposibles orando, suplicando, dando gracias. Sin parar. Imposible calcular los fieles: niños, jóvenes, adultos, ancianos; hombres y mujeres, enfermos y sanos… Insistimos: hay un tesoro indescriptible en el Socors de Palma que el guía que explica la iglesia a los visitantes interesados en el arte y la historia de este templo se siente incapaz de transmitir. Esto hay que verlo (la fe… ¿se puede ver?) y sentirlo para creerlo.

El Socors de Palma en el mes de mayo… un misterio de Dios y del corazón de la criatura humana. Un tesoro con sabor a cielo.

Madre del Buen Consejo

26 de abril, Ntra. Señora, Madre del Buen Consejo

 

El título de “Madre del Buen Consejo” es una de las advocaciones marianas más veneradas por los agustinos.

En el pequeño pueblo de Genazzano, cercano a Roma, había un templo dedicado a la diosa Venus, diosa pagana del amor. A finales de abril junto a este templo se celebraban fiestas y bailes en torno al templo de Venus.

Ya en época cristiana en el  año 336, el Papa  San Marcos, mandó construir una iglesia en una colina no lejos de las ruinas del antiguo templo pagano. Era una iglesia fuerte, pero pequeña dedicada a Ntra. Sra. del Buen Consejo.

A través de los siglos la Virgen María fue honrada en esta pequeña iglesia, de la que se hacen cargo los agustinos en el año 1356. El tiempo y distintos avatares afectaron al templo. En el siglo XV la iglesia estaba en ruinas, temiendo su caída.

Fue una viuda, llamada Petruccia, que tenía gran devoción a la Virgen, la que se empeñó en renovar la iglesia. Deseaba construir una iglesia más grande, más bonita y más apropiada para la Madre de Dios. Sus vecinos se burlaban de ella y le negaban su ayuda. Pensaban los vecinos que era un proyecto muy ambicioso y que Petruccia no tenía dinero suficiente. La obra tuvo que detenerse, con las paredes sin terminar por falta de fondos y era nombrada como “la locura de Petruccia”… Petruccia no se dejó dominar por los contratiempos y pensaba que un día, “una Gran Señora vendría a tomar posesión de ella”.

En las fiestas del 25 de abril de 1467, día de San Marcos, la gente concentrada en la plaza del mercado, bailando y cantando, vio como una gran nube se detenía en la iglesia de Petruccia, aún sin terminar. Se abrió la nube y en su centro apareció una bellísima pintura de Ntra. Señora con el Niño Jesús. Todas las campanas comenzaron a sonar de modo milagroso, sin ayuda humana. El repicar de las campanas congregó a mucha gente y Petruccia recordó que la Señora venía a tomar posesión de su iglesia. No se conocía la procedencia de la pintura, ni antes se la había visto. Comenzaron los milagros y curaciones, en solo cuatro meses 171 milagros fueron archivados. Se comenzó a llamar a la imagen: “Nuestra Señora del Paraíso”, se creía que había sido traída por los ángeles, más tarde se le dio el nombre de: “Nuestra Señora de los Milagros”.

Dos extranjeros llegan a Genazzano, provenientes de Scútari, Albania, buscando la pintura de la Virgen. Cuando su ciudad, Scútari fue tomada por los turcos, los vecinos vieron cómo la imagen de la Virgen se desprendió de la pared y elevándose se trasladaba hacia el oeste. Siguiéndola, llegaron a Genazzano.

Desde Roma el Santo Padre, escucha acerca de la pintura y los milagros y mandó a unos obispos para estudiar los acontecimientos extraordinarios. Tras una cuidadosa investigación determinan que la imagen es la verdadera imagen de la Santísima Virgen, Ntra. Sra., Madre del Buen Consejo, que se veneraba en Albania. Pintada sobre yeso de pared, ninguna habilidad humana podía haberla desprendido sin romper la pintura. Ninguna mano humana podía haberla traído a través del mar Adriático y colocarla en la  iglesia de Petruccia.

Se terminó la iglesia, se ofrecieron numerosas donaciones, la pequeña iglesia se convirtió en basílica. La pintura fue puesta en un rico relicario con dos coronas, enviadas por el Papa desde el Vaticano, para decorar las imágenes del Niño y la Virgen y San José.

Durante la segunda guerra mundial, la basílica de Genazzano fue bombardeada, quedando destruida; una bomba explotó en el centro de la misma, quedando destrozado el altar mayor, las pinturas y las estatuas de las paredes alrededor…, pero la milagrosa pintura de Ntra. Sra., la Madre del Buen Consejo, se mantuvo intacta y bella como Petruccia la vio por primera vez.

La imagen aparece como si Nuestra Señora estuviera escuchando a Jesús, a quien tiene en sus brazos, que pasa uno de ellos en torno al cuello de su madre. Tienen las dos figuras, Madre e Hijo, juntas sus mejillas y la otra mano de Jesús se posa sobre el cuello del vestido de la Virgen. La expresión de ambos es de profunda atención, Jesús parece susurrarle algo a su madre. La pintura es sencilla y atrayente.

En los últimos siglos muchos han acudido a Ntra. Sra., la Madre del Buen Consejo a presentarle sus problemas; son muchas las peregrinaciones que acuden buscando la guía de María, la gracia divina, y secundan sus consejos de Buena Madre.

Las palabras de “Madre del Buen Consejo” fueron incluídas en la Letanía Lauretana por el papa Pío IX.

Haced lo que Él os diga”, es siempre signo y seña de María, la primera seguidora de Jesús, a quien nos ofrece desde su regazo como Camino, Verdad y Vida.

En algunas imágenes, la figura de la Madre del Buen Consejo aparece con esta inscripción: “SS. Mater Boni Consilii, ora pro nobis Jesum filium tuum., es decir, “Santísima Madre del Buen Consejo, ruega por nosotros a tu hijo, Jesús. Es nuestro deseo para aquellos que nos leen, confían y esperan… en el señorío absoluto de Jesús.

José Luis Ovejero, O.S.A.

Fray Francisco Cantarellas Ballester

 

50 aniversario de la muerte de fray Francisco Cantarellas Ballester, agustino

En Palma de Mallorca, donde queda firmemente viva su memoria y las selectas huellas de evangelio con que dejó marcados el colegio San Agustín y la Iglesia de Ntra. Sra. del Socorro. Al resguardo de esta Bahía de ensueño, la comunidad agustiniana de Palma, la comunidad educativa del colegio, los fieles del Socorro; su familia, sus antiguos alumnos, quienes le conocieron y trataron, oyeron hablar de él… han hecho memoria viva de fray Francisco Cantarellas Ballester, religioso agustino, que falleció en Palma el 22 de abril de 1968, hace 50 años.

Fray Francisco fue un hombre singular. Humilde, sencillo, de pocas palabras, trabajador incansable, entregado a su tarea; admirado, querido, recordado. Su vida se desenvolvió casi siempre en Palma. Natural de un pueblo del norte de la Isla, Muro, (1884) de una familia sencilla y trabajadora. Ya mozo ingresó en la Orden de San Agustín como hermano no sacerdote, profesando en el Monasterio de El Escorial en 1909. Vuelto a Palma desarrolló su vida en dos tareas fundamentales: como sacristán de la iglesia del Socorro, expandiendo entre los fieles la devoción a Santa Rita de Casia; y como profesor de primeras letras en el anejo colegio San Agustín. Su familia (tuvo dos sobrinos nietos religiosos agustinos), los fieles de la iglesia que le trataron, viejas amistades y sus antiguos alumnos le recuerdan con particular afecto. Resaltan de él su vida interior, su vida de oración. Era un hombre de fe sencilla, pero creíble, transparente. Su misión como profesor, educador, deja una estela de verdad al reconocer que educaba con el ejemplo: con su bondad y su ternura, su paciencia, su exquisito trato. Su vida oculta y su labor de promoción social en el barrio de Sa Gerrería, siempre desde el anonimato, alcanzó luz propia en la memoria de los fieles con la publicación de su biografía. El recuerdo de este humilde hermano agustino permanece vivo como verdadero “apóstol de la sencillez”.

Dos actos celebrados en la iglesia del Socorro de Palma expresaron la memoria viva y la acción de gracias por el testimonio de este hermano. El sábado 21 de abril, a las 19,00 h., presidida por el P. Pedro José Gordo, director general del colegio San Agustín de Palma, se celebró la eucaristía, participando numerosos alumnos con sus  familias y profesores del centro. Y el domingo 22, presidida por el P. Jesús Miguel, rector de la iglesia, y concelebrada por los PP. José Luis Ovejero, prior de la comunidad, y Baltasar Ramis, sobrino-nieto de fray Francisco, tuvo lugar la solemne eucaristía “in memoriam”, con gran participación de fieles y amigos.

Qué duda cabe que conservar la memoria agradecida nos permite descubrir en el hoy huellas de verdad y evangelio, que sembraron con esfuerzo los que nos antecedieron en la fe y la esperanza.

fray JM., Rector del Socorro de Palma

Ascensión de Cristo

Seguro que muchos recordamos el dicho de nuestros años más jóvenes: “Tres  jueves hay en el año que relucen más que el sol: Jueves Santo, Corpus Cristi y el día de la Ascensión”. Por distintos motivos esta festividad se trasladó del jueves al domingo. Acaso también recordemos que en esta festividad de la Ascensión se celebraban las Primeras Comuniones hace ya años.

La solemnidad de la Ascensión, subida de Cristo a la derecha del Padre, nos produce un doble y contrapuesto sentimiento. Un sentimiento de orfandad: Jesús sube al cielo y nos deja en este valle oscuro sin su presencia física; y otro sentimiento, más real y apropiado, como es la confianza que Jesús deposita en nosotros, los cristianos para continuar su misión y tarea de hacer real el Reino de Dios. El primer sentimiento lo expresa nuestro hermano agustino, Fray Luis de León, en su conocida Oda a la Ascensión, que figura como himno en el rezo de las Vísperas. El segundo sentimiento aparece en el himno de Laudes de esta misma fiesta. 

¿Y dejas, Pastor santo,
tu grey en este valle hondo valle, obscuro,
con soledad y llanto;
y tú, rompiendo el puro
aire te vas al inmortal seguro?
 
Los antes bienhadados
y los agora tristes y afligidos,
a tus pechos criados,
de ti desposeídos,
¿A dó convertirán ya sus sentidos? (…)

Quien oyó tu dulzura,
¿qué no tendrá por sordo y desventura? (…)
¡Cuán pobres y cuán ciegos, ¡ay!, nos dejas!
 

El himno-canción de Laudes, dice así:
 
“No, yo no dejo la tierra.
No, yo no olvido a los hombres”.
Aquí, yo he dejado la guerra;
arriba, están vuestros nombres. (…)
 
El gozo es mi testigo.
La paz, mi presencia viva,
que al irme, se va conmigo
la cautividad cautiva.
 
El cielo ha comenzado.
Vosotros sois mi cosecha.
El Padre ya os ha sentado
conmigo, a su derecha..
 
 Partid frente a la aurora.
Salvad a todo el que crea.
Vosotros marcáis mi hora.
Comienza vuestra tarea.

La Ascensión, no es dejarnos como “niños huérfanos”, sino como adultos responsables y con el compromiso alegre de dar comienzo a nuestra misión, de “tomar el relevo”, de saber que “ha llegado nuestra hora”. Hemos de asumir nuestra tarea de ser evangelizadores en las familias, entre nuestras amistades, en nuestro trabajo. Seamos portadores de la Buena Noticia con entusiasmo. ¡¡Cristo vive!! Y debe animar nuestro vivir, siendo mensajeros de la paz, la justicia y el amor. Extendamos la misericordia que Dios ha derramado en nuestros corazones. Que así sea.

P. José Luis Ovejero, OSA