La Resurrección de Cristo según Joseph Ratzinger

«La controversia sobre la Resurrección de Jesús de entre los muertos ha estallado con renovada intensidad y se ha hecho presente incluso en el interior de la Iglesia». Así lo afirmaba Benedicto XVI (por entonces cardenal Ratzinger, prefecto de la Congregación para la Doctrina de la Fe) en los Ejercicios Espirituales que predicó a San Juan Pablo II y a los miembros de la Curia Romana durante la Cuaresma de 1983 y que publicaría luego en un libro con el título “El Camino Pascual”. Con su ayuda, profundizamos en el misterio de la Resurrección.

Jesús no es un muerto que ha vuelto a la vida, como es el caso, por ejemplo, del joven de Naín y de Lázaro, que en cierta ocasión fueron devueltos a una vida terrena destinada a terminar más tarde con una muerte definitiva. La Resurrección de Jesús nada tiene que ver tampoco con una superación de la muerte clínica –tal como la conocemos en nuestros días-, que en un determinado momento acaba irremediablemente con una muerte clínica sin retorno.

Que no es esta la verdadera explicación de los hechos nos lo explican no sólo los evangelistas, sino también el mismo credo cuando describe las diferentes apariciones del Resucitado con la palabra griega óphte, que solemos traducir por «apareció»; tal vez fuera más exacto decir: «se dejó ver». Esta fórmula pone de manifiesto que aquí se trata de algo muy distinto; significa que Jesús, después de la Resurrección, pertenece a una esfera de la realidad que normalmente se sustrae a nuestros sentidos. Sólo así tiene explicación el hecho, narrado de manera acorde por los evangelios, de la presencia irreconocible de Jesús. Ya no pertenece al mundo perceptible por los sentidos, sino al mundo de Dios. Puede verlo, por tanto, tan sólo aquel a quien él mismo se lo concede.

Diferencia entre Resurrección y aparición

Resurrección y aparición son hechos distintos, netamente separados. La Resurrección no se agota en las apariciones. Las apariciones no son la Resurrección, sino tan solo su reflejo. Ante todo, es algo que acontece al mismo Jesús, que tiene lugar entre el Padre y él, en virtud del poder del Espíritu Santo; después, este acontecimiento que le acaece sólo a Jesús, se hace accesible a los hombres porque él quiere hacerlo accesible.

Cómo volvió a la vida Jesús

Jesús no volvió a la vida al modo de un muerto reanimado, sino que, en virtud del poder divino, su nueva vida se hallaba por encima de la esfera de aquello que es física y químicamente mensurable. Pero es también verdad que aquel que realmente vivía de nuevo era el mismo Jesús, esta persona, el Jesús que había sido ajusticiado dos días antes.

Resurrección al tercer día

De acuerdo con la interpretación judía, la corrupción comenzaba después del tercer día; la palabra de la Escritura se cumple en Jesús porque él resucita al tercer día, antes de que se inicie la corrupción. La muerte de Jesús conduce a la tumba pero no a la corrupción. Él es la muerte de la muerte, muerte que se halla escondida en la palabra de Dios y, por tanto, en la relación con la vida, que despoja a la muerte del poder que tiene de destruir el cuerpo y deshacer al hombre de la tierra.

Semejante superación del poder de la muerte, justamente allí donde ésta despliega su irrevocabilidad, pertenece al centro mismo del testimonio bíblico. La tumba no es el punto central del mensaje de la Resurrección; este punto central es el Señor en su nueva vida.

Profesar la Resurrección del cuerpo no significa aceptar un milagro absurdo, sino afirmar el poder de Dios, el cual respeta la creación sin atenerse a la ley de la muerte. La muerte es, sin duda, la forma típica de este mundo nuestro. Pero la superación de la muerte, su eliminación real, y no solamente conceptual, es hoy, como lo era entonces, el anhelo y el objetivo que impulsa la búsqueda del hombre.

La Resurrección de Jesús afirma que la muerte no pertenece por principio e irrevocablemente a la estructura del ser creado, de la materia. También afirma, ciertamente, que la superación de los confines de la muerte no es posible, en definitiva, a través de métodos clínicos sofisticados a través de la técnica. Acontece únicamente en virtud de la potencia creadora de la palabra y del amor. Solo estas potencias son lo bastante fuertes como para modificar la estructura de la materia con tal radicalidad que se haga posible superar las barreras de la muerte.

La Palabra de Dios penetra verdaderamente hasta el fondo último del cuerpo. Su poder no se circunscribe a los límites de la materia. Lo abraza todo. En la fe en la Resurrección se trata, en definitiva, de esto: del poder real de Dios y de la significación de la responsabilidad humana. El poder de Dios es esperanza y alegría. Este el contenido liberador de la revelación pascual.

Tomado de www.diocesismalaga.es. Abril 2018

La fiesta de la Divina Misericordia

 

Cada domingo posterior al domingo de la Resurrección del Señor conmemoramos la fiesta de la Divina Misericordia. Es una fiesta nueva en la Iglesia, que tiene la particularidad de haber sido solicitada por el mismo Jesucristo a través de Santa Faustina Kowalska, religiosa polaca del siglo XX, quien murió en 1938 a los 33 años de edad.

Sor Faustina fue canonizada por San Juan Pablo II, precisamente en una fiesta de la Divina Misericordia. Nos dijo el Papa santo que esta paisana suya, Sor Faustina, recibió gracias especialísimas a través de la oración contemplativa, para comunicar al mundo el conmovedor misterio de la Divina Misericordia del Señor. “Dios nos habló a través de Sor Faustina Kowalska… invitándonos al abandono total en El”, nos dijo el Papa.

En el Evangelio de San Juan dice Jesús al apóstol Tomás: “Dichosos los que crean sin haber visto”.  La fe es la virtud sobre la cual se funda la esperanza. De la fe brota la confianza y ésta nos lleva a la esperanza. La confianza es esencial para poder aprovecharnos de las gracias de la Misericordia de Dios.

La confianza está en la esencia de la devoción a la Divina Misericordia. La confianza es esa actitud que tiene el niño que en todo momento confía sin medida en el amor misericordioso y en la omnipotencia de nuestro Padre, Dios.

La confianza es una consecuencia directa de la fe: no hay verdadera fe si no hay confianza.

¿Cómo podemos acogernos a la Misericordia divina?

Pues viviendo la comunión eclesial, viviendo el gozo de la reconciliación, acercándonos al sacramento del perdón y la penitencia, y recibiendo con sincera piedad el sacramento de la comunión; renovando –en una palabra– nuestra adhesión personal a Jesucristo, uniéndonos a ÉL en una comunión verdadera con nuestra vida, con nuestro esfuerzo, con nuestro compromiso cristiano, con nuestra esperanza.

La comunión con Jesucristo producirá en nosotros efectos vivos de su misericordia, para todos aquellos con los que convivimos, realizando obras de misericordia hacia los demás. Es decir, esta devoción a la Divina Misericordia nos lleva a un aumento de las tres grandes virtudes, la llamadas virtudes teologales: fe, esperanza y caridad, con lo que podremos activar en nuestra vida el ejercicio de las obras de misericordia:

  • Enseñar al que no sabe.
  • Dar buen consejo a quien lo necesita.
  • Corregir al que yerra.
  • Perdonar las injurias.
  • Consolar al triste.
  • Sufrir con paciencia los defectos de los demás.
  • Rogar a Dios por vivos y difuntos.
  • Dar de comer al hambriento.
  • Dar techo a quien no lo tiene.
  • Vestir al desnudo.
  • Visitar a los enfermos y presos.
  • Enterrar a los muertos.
  • Redimir al cautivo.
  • Socorrer a los pobres.

 

La fiesta de la Divina Misericordia nos invita a creer sin ver, a confiar sin medida y a amar con la misericordia del Señor.

Aprovechemos las gracias que en esta fiesta especialísima nos quiere dar Jesucristo. Acojámonos a su Divina Misericordia, recibiendo su perdón y sus gracias, y aprendamos con esta devoción, que con tanta solicitud expandió en la Iglesia Universal el Santo Padre Juan Pablo II, a renovar nuestro deseo de seguir a Jesucristo, a entrar en comunión profunda con su Corazón de misericordia y a ser nosotros mismos misericordiosos. Y que todo sirva para bueno, para nuestra salvación y la salvación del mundo.

Ecos de la Pasión

Se acercan los días grandes de la fe y la piedad cristianas. En ellos se concentra el misterio o los misterios que nos dieron nueva vida con la entrega obediencial del Verbo hecho carne. Todo Dios encarnado, el Dios hecho hombre, hecho un despojo humano a causa del odio y del rechazo de los poderosos, de los hombres religiosos de su tiempo. La vieja ley frente al mandamiento nuevo, y ambos brotaban de Dios, de su cuidado y ternura para con el pueblo. Dos alianzas, o la misma, pero la segunda radical, en clave de bienaventuranzas, de amor al prójimo. Un amor exigente, directo, vivo, práctico, real.

Sabéis que se os dijo: “Ama al prójimo como tú te amas a ti mismo”. Y el amor tuvo la medida de tu propio cuidado. Como a ti te respetas, como a ti te cuidas, respeta y cuida a tu hermano. Pero en la alianza nueva, sellada con la Sangre redentora del Hijo eterno del eterno Padre, el amor toma medidas insospechadas. “Amaos los unos a los otros como yo os he amado…”.  Y, desde entonces, el amor no tiene medida. El amor tiene sabores de Gólgota, de Cruz, de infinitud inalcanzable. Y no jugaba con nosotros, no. “Como yo os he amado”.

Imposible, Señor. No marques imposibles. ¿Cómo tú nos has amado? ¿Cómo tú me amas? Así os quiero… “Conocerán que sois discípulos míos si os amáis como yo os he amado, como yo os amo”.

  • Señor, se está hundiendo la familia cristiana…
  • Nos hemos cargado los valores y la cultura…
  • No hay maestros, no hay testigos, no hay valores…
  • El matrimonio se desmorona y es atacado…
  • No hay profesionales auténticos, son mercaderes de nada…
  • No hay vocaciones sacerdotales….
  • Los conventos se van quedando vacíos…
  • Los jóvenes, Señor, los niños…
  • La droga, Señor, el alcohol, el drama…

Y desde Getsemaní, desde el Gólgota, desde la Cruz… hay como un eco eterno que se repite sin descanso en medio de esto que llamamos historia. Un eco cargado –es verdad- de dolor, pero transido de esperanza: “Amaos los unos a los otros como yo os he amado”. Dejaos de discursos, de proyectos, de cálculos, de propósitos, de planes, de sueños irrealizables; incluso: dejaos de homilías y sermones. Basta de palabras y buenismo en intenciones; basta de titulares de prensa y propuestas y sondeos y planificaciones y diseños y fotocopias… Dejad el vacío en el que os precipitáis para garantizar vuestro futuro, que se aleja de mí, cuando huis de la cruz y de vuestra responsabilidad en responder a mi entrega radical. Os espero, porque os necesito, pero sólo –¡y basta!– en esta locura del amor sin límite ni medida. Gastaos los unos por los otros; perded el tiempo en los demás; dedicad intenciones y atenciones en las necesidad de los otros; dejad de pensar en vosotros mismos; morid un poco a vosotros. Vivid en el otro, sed en el otro, creced en el otro. De una vez por todas, por la fuerza de mi alianza nueva y de mi Sangre derramada en la Cruz, cargad con vuestro yugo, que es suave, cargad con la cruz de cada día y seguidme por la senda nada fácil del amor que todo lo entrega, que todo lo da, que todo lo espera… Aquél que disculpa sin límite, cree sin límite, espera sin límite, aguanta sin límite… El amor que no pasa nunca.

Que ese ECO eterno invada nuestro corazón en estos días santos en que revivimos su pasión, muerte y resurrección. ¡¡Feliz Pascua!!

Medalla de honor y gratitud al Col•legi Sant Agustí

El Consell de Mallorca otorga la medalla de honor y gratitud al Col•legi Sant Agustí de Palma por su 125 aniversario

 

El Consell de Mallorca ha concedido su medalla de honor y gratitud al Col•legi Sant Agustí de Palma con motivo de su 125 aniversario, que se conmemora este 2018.

La institución insular ha dado a conocer el listado de las personas y entidades que serán distinguidas el próximo 24 de abril con sus galardones, coincidiendo con la conmemoración de la constitución del Consell insular de Mallorca en el año 1979. El Consell también entregará los títulos de Hijo Predilecto y los Premis Jaume II.

Este año, el procedimiento para seleccionar a las personas y entidades reconocidas se ha realizado a través de dos vías, según señala la institución insular. Por un lado, se han recogido las propuestas realizadas por parte de todos los grupos políticos del Consell y, por otro, las sugerencias propuestas por parte de la ciudadanía a través de una consulta abierta que se realizó entre el 16 y el 28 de febrero, recibiendo el Colegio numerosas adhesiones.

El Col•legi Sant Agustí de Palma ya ha recibido este año el premio Educación 2018 por parte de la reconocida emisora Onda Cero, conmemorando su 125 aniversario y su dedicación a la educación en servicio de la sociedad de Mallorca. El premio fue recogido por el director general del centro, P. Pedro José Gordo, el pasado lunes, 26 de febrero, en el Auditorio de Palma, en una multitudinaria ceremonia, asistiendo la comunidad religiosa en pleno, el consejo de dirección del centro, profesores, personal, familias y amigos. La noticia tuvo gran repercusión en los medios de comunicación, con entrevistas y participación en diversos programas de radio, televisión y prensa.

San José: silencioso o parlero

El próximo día 19 de marzo celebraremos la solemnidad de san José. Siempre nos ha llamado la atención, el misterioso “silencio” de san José. A lo largo de los textos evangélicos aparece muy de pasada en los relatos de la anunciación, del nacimiento y de la infancia de Jesús. Aparece siempre junto a María y Jesús, y después sólo tenemos el silencio de una vida callada y humilde en el hogar de Nazaret y la presencia sin igual en la Sagrada Familia.

Toda esta sencillez callada, humildad y silencio, chocan con lo que santa Teresa de Jesús nos dice del santo Patriarca, al llamarle “San José, el parlero”.

¿A qué debemos este calificativo de “parlero”? En el monasterio de la Encarnación de Ávila, se conserva una estatua de tamaño mediano de la época de Teresa. Lo peculiar de ella es que representa a san José con la boca entreabierta.

Se cuenta que siendo Teresa de Cepeda priora de dicho monasterio, cuando se ausentaba para las fundaciones de otros carmelos,  le encargaba al santo quedar de guardián de la casa y le pedía cuentas de cómo se habían portado sus monjas en su ausencia. En una de estas ocasiones, san José estaba pasándole el informe a la santa, cuando se presentó una de las señaladas por allí, y san José se calló en seco, quedando con la boca entreabierta. Llamándole desde entonces “San José, el parlero”.

De su devoción a san José nos dirá la santa de Ávila: “Tomé por abogado y señor al glorioso san José y me encomiendo mucho a él. No me acuerdo hasta hoy de haberle suplicado nada que no me lo haya concedido. (…) Es cosa que espanta las grandes mercedes que me ha hecho el Señor por medio de este bienaventurado santo. (…) Quiere el Señor darnos a entender que así como le estaba sometido en la tierra siendo su padre y custodio. Le podía mandar así en el cielo hacer cuanto le pide.” (Vida, 6, 6)

Nos dirá, también la santa: “Procuraba yo celebrar la fiesta con toda solemnidad que podía. (…) Quería yo persuadir a todos que fueran devotos de este glorioso santo.” (Vida, 6, 7)

Que así lo hagamos todos nosotros, los que celebramos su fiesta con solemnidad, con alegría y pongamos bajo su amparo, tres intenciones muy concretas:

  • El día de san José, se celebra el Día del Seminario. Pidamos para que muchos jóvenes escuchen con generosidad la llamada del Señor a seguirle como sacerdotes y religiosos agustinos.
  • Recordamos en estos días a la Sagrada Familia de Nazaret. Pidamos por todas nuestras familias y las de nuestros amigos, para que vivan el gozo y la buena noticia del amor compartido en sus matrimonios y hogares.
  • En tercer lugar, pedimos para que san José nos conceda una buena muerte y nos ampare en el tránsito a la casa de Dios, nuestro Padre.

Que san José con su vara florida nos cuide, nos guíe, nos proteja siempre a todos. Amén.

P. José Luis Ovejero, agustino

San José y los seminarios

El vínculo entre San José y los seminarios, como centros donde se forman los jóvenes para ser sacerdotes, se explica por la función de san José en la vida de Jesús y de María. En la Sagrada Familia de Nazaret san José realiza la función de custodio, de guardián de la madre y el hijo. Dios le confió esa misión y José, hombre justo y bueno, hombre de profunda fe y de cualidades netamente evangélicas, responde a esta misión desde la humildad y la sencillez, desde el silencio y el trabajo.

San José cuida de la Sagrada Familia, como cuida de cada uno de los que siguen a Jesús, cuida, protege a la Iglesia. Es el siervo fiel y prudente a quien el Señor puso al frente de su casa. El Señor le ha confiado todos sus bienes. (Mt 25, 45-47).

La grandeza de san José está en su fidelidad. Como custodio del Señor se configura como el espejo donde debiera mirarse todo sacerdote, que ha de custodiar al Señor en la Palabra, en la Eucaristía, en el ejercicio de la caridad pastoral. Todo aquél que quiera configurarse como pastor del Pueblo de Dios; todo aquel que quiera ser en verdad sacerdote de Jesús para el servicio de la Iglesia, debiera mirar a san José, aprender de él, buscar su protección, para que el servicio a la santa Iglesia sea en verdad una manifestación de amor gratuito, de servicio radical, de fidelidad absoluta.

Nos hacen falta sacerdotes auténticos, pastores del Pueblo de Dios. Hombres entusiasmados por Jesús, que manifiesten su amor a Jesucristo con una entrega radical, sin concesiones a la mediocridad. Necesitamos sacerdotes santos: verdaderos hombres de Dios, que hablen de Dios, que transmitan evangelio. Hombres de oración, que demuestran –porque lo viven– que hacen oración, que oran y contemplan y estudian la Palabra de Dios; que no viven de rentas del pasado, que no repiten como cacatúas. Hombres contemplativos que están a la escucha de la Palabra y a la escucha del clamor del pueblo; de las necesidades de los pobres; de las cuestiones que preocupan y hacen sufrir y gozar y marcan la vida de la masa humana. Hombres con capacidad de discernir desde la sencillez y la pobreza. Testigos de Dios. No superhombres. Esos que queden para las películas de Hollywood. Hombres que pecan, que son frágiles, que son y se sienten y se manifiestan como hombres pecadores, necesitados de conversión y penitencia y misericordia. Y que, aun pecadores y con fragilidades, gritan que aman, que sirven, que luchan, que esperan y que gastan sus horas y sus días en servir al pueblo que tienen encomendado. Pastores según el Corazón de Jesucristo, sacerdotes santos.

Y el horno donde se hornear esos corazones sacerdotales es el Corazón de Cristo. Si allí, fundiendo amores de apóstoles sinceros, van de la mano del santo Patriarca, protector de todos los seminarios y de las casas de formación de religiosos y de las familias cristianas, de los trabajadores, de los moribundos, de toda la Iglesia, es seguro el perfil de apóstol que alcanzan los que buscan su patrocinio.

Grite san José, hombre de silencios inauditos, tanta hermosura como encierra su patronazgo. Y celebremos al santo con verdadera devoción, pidiendo por los seminarios y por los jóvenes que hoy, en medio de tantas dificultades, se lanzan a la aventura de seguir a Jesús, para ser sacerdotes al servicio del altar y de la caridad.

24 horas para el Señor

Se trata de una Jornada promovida por el Pontificio Consejo para la Promoción de la Nueva Evangelización, que surgió a iniciativa del Papa Francisco, en el marco del Jubileo de la Misericordia, que nos invitó a ser “misericordiosos como el Padre”. La Jornada se organiza entre el viernes y sábado que anteceden al IV domingo de Cuaresma, a nivel diocesano.

Son 24 horas centrados en la adoración de la Eucaristía en la que los cristianos son invitados a celebrar el sacramento de la misericordia y la reconciliación. Es un momento de intensa oración y de redescubrir el sentido de la propia vida a la luz y la fuerza de la misericordia divina, recibida, experimentada en el sacramento del perdón.

La iniciativa está tomando fuerza en el marco de la Cuaresma, tiempo de gracia, tiempo de conversión y penitencia. El ayuno, la oración y la limosna, esos tres pilares de la vida cuaresmal, son un camino de transformación, que nos alientan a examinar la conciencia, a admitir humildemente nuestro pecado y a confesarnos, a través del ministerio de la Iglesia, alcanzando el perdón y la gracia.

Y así podremos subir al Gólgota, sin caretas, sin dobleces, sin buenas intenciones, sino sobrecargados de obras de misericordia, con un corazón limpio, hasta poder abrazar la cruz y al Crucificado, para alentar nuestros pasos en la esperanza de la vida, que acontecerá en la mañana luminosa de la Pascua.

En este año 2018 la Jornada tendrá lugar el viernes 9 y el sábado 10 de marzo, inspirándose en las palabras del Salmo 130,4: “De ti procede el perdón.

La comunidad de PP. Agustinos de Palma, desde la iglesia de Ntra. Sra. del Socorro y el colegio San Agustín, invita a participar a todos en esta Jornada, que se celebrará en la capilla del Seminario diocesano, Plaza de San Jerónimo, en Palma.

Los Agustinos tenemos asignada una hora de adoración y servicio en el ministerio de la confesión sacramental. Quienes lo deseen pueden unirse en esta hora de adoración con la comunidad agustiniana. De manera particular invitamos a todos los integrantes de la comunidad educativa de nuestro colegio: alumnos, profesores, personal, familias, APA…; a los fieles asiduos a la iglesia del Socorro, amigos y fieles en general.

Es un momento fuerte de comunión eclesial: con la persona y el ministerio del Santo Padre, que con tanto entusiasmo apostólico tomó esta iniciativa de vitalidad eclesial; a la iglesia que camina en Mallorca, a nuestro obispo y sacerdotes y diáconos, a las comunidades cristianas, religiosos, grupos, asociaciones, movimientos… Somos iglesia, nos manifestamos como iglesia, oramos, adoramos al Señor, como iglesia –unidos– y celebramos el perdón y la reconciliación como familia de Dios, como comunidad de fe y esperanza.

Y en ello descubrimos con gozo que caminamos en plena sintonía con el espíritu eclesial del santo obispo de Hipona, del que nos sentimos verdaderos hijos y herederos.

La novedad de la belleza

 

La novedad de la belleza

¡Tarde te amé, belleza tan antigua y tan nueva, tarde te amé! Y he aquí que tú estabas dentro de mí y yo fuera, y por fuera te buscaba; y deforme como era, me lanzaba sobre las bellezas de tus criaturas. Tú estabas conmigo, pero yo no estaba contigo. Me retenían alejado de ti aquellas realidades que, si no estuviesen en ti, no serían. Llamaste y clamaste, y rompiste mi sordera; brillaste y resplandeciste, y ahuyentaste mi ceguera; exhalaste tu fragancia y respiré, y ya suspiro por ti; gusté de ti, y siento hambre y sed; me tocaste, y ardo en deseos de tu paz.” Conf. 10, 27, 38.

Este sugerente y revelador texto del genio de Hipona, el obispo Agustín, sintetiza a las mil maravillas la experiencia de conversión que vivió y explica, de alguna manera, la raíz en la que se asienta su vida después del encuentro con el Señor y su ministerio como fundador de monasterios, forjador de espíritus, padre y pastor de una iglesia como la Hipona, pero abierto al mundo, sin horizontes, hasta llevar el Nombre de Jesús, atravesando los siglos, al corazón mismo del hombre de todos los tiempos.

En su experiencia peculiar Agustín de Hipona oyó, vio, olió, gustó y sintió… No está ante una sospecha, ante una hipótesis que viniera a saciarle el ansia desmedida de saber, más allá de sus ideas o latidos, lo que es y por lo que es el mundo que le circunda. Agustín en este texto, como en multitud de sus escritos: tratados, sermones, cartas… cuenta lo que ha visto y vivido, sentido y rozado, abrazado incluso. Es unión y fusión de pasiones: la de Dios por el hombre y la del hombre por Dios, una vez que descubre que existe, que habita en el interior de su alma.

Y para Agustín esa experiencia es verdad. Y no sólo verdad, sino experiencia de la belleza, de lo bello, de lo armónico, de lo bien trazado, lo bien empleado, lo bien sugerido. Es el pulcrum en estado puro. Nada hay superior a él.  Está ante Dios, belleza siempre antigua y siempre nueva

Y en este mundo desordenado y roto, confuso y desesperanzado… hacen falta maestros que vengan a decirnos con la vida, no tanto con la palabra, que nos sobran discursos y sermones, que la belleza auténtica acontece dentro del corazón del hombre, más allá de su idea y su latido, que no son más que meros y superficiales reflejos del acontecimiento de luz y salvación que sucede dentro del corazón. Maestros del espíritu, maestros del encuentro, que vengan a gritar con hechos de vida y gestos de libertad, de justicia, de comunión, de caridad… que Dios habita dentro y que es bello en sí, con esa novedad que tiene la frescura de la creación, la intensidad absoluta del que hace nueva todas las cosas (Ap 21, 5).

Hacen falta maestros que hayan vivido el encuentro dentro de ellos; hombres de espíritu, de fuerte vida interior, de cultivada amistad con Dios; hombres de oración, contemplativos heridos por el impacto de la luz inmutable; trabajadores que saben que en surco del día a día, entre las gentes, Dios anda reclamando amigos.

Hacen falta testigos dispuestos a dar la cara, el corazón y la vida en hacer ver al mundo, con gestos, más que con palabras, que eso tan feo y deforme que vamos construyendo en tantos campos abiertos al vértigo de la nadería en el mundo de la familia, de la educación, de la sanidad, de la economía, de la política, de las relaciones sociales…; eso que no nos gusta porque no brota del corazón, ni de la inquietud y lucha por buscar la verdad y aquello que hace hombre auténtico al ser humano y no marioneta de sus propios caprichos y desvaríos; todo eso… tiene su contrario, cargado de verdad y de belleza, en el interior del corazón. Y que si el hombre quiere alcanzar a vivir con verdad su existencia, no tiene más remedio que andar por dentro, no por fuera, y descubrir dentro de sí, allí donde se funden mente y corazón, allí donde se descubre lo que es y se desea y se hace lo que se debe hacer, allí habita la verdad y la belleza con rabiosa actualidad.

Y esto, todo esto, abre el corazón a la esperanza. Porque los profetas de la desesperanza, los siniestros guiñoles de nuestra vida pública –unos y otras– caerán en su día como naturalezas muertas, sus máscaras, cuando descubran que vivieron la mentira y desazón de un mundo sin Dios, como quisieron construir.

Ayúdenos el de Hipona a forjar corazones con tensión de la belleza y la verdad; ayúdenos a entrar dentro de nosotros y experimentar, como él, la belleza que no conoce ocaso.

La pastoral educativa en el colegio San Agustín

La pastoral educativa en el colegio San Agustín

El proyecto de Pastoral Educativa del Colegio San Agustín (PP. Agustinos) de Palma de Mallorca pretende garantizar y planificar la dimensión evangelizadora de la escuela. Por ello, anima y acompaña el proceso de crecimiento en la fe de los alumnos; pretende ser un puente entre escuela e iglesia para que nuestros jóvenes se incorporen a la comunidad cristiana desde el carisma y los valores agustinianos.

Se realiza un gran número de actividades y campañas adaptadas al bloque educativo del alumnado.

En EDUCACIÓN INFANTIL, los niños y niñas reciben una formación básica apropiada a su edad. Aprender a rezar en la oración de la mañana, también a reconocer a Dios y a María a través de cuadros, dibujos, canciones, etc. Por ello se organizan actividades como las visitas a la iglesia del Socorro en fiestas concretas, o actividades solidarias como la campaña de Infancia Misionera.

En EDUCACIÓN PRIMARIA, los jóvenes trabajan los valores, doctrina e historia cristiana a través de la asignatura de religión, la cual es común y obligatoria para todos los cursos. Además se ofrecen dos grandes actividades optativas, por un lado la catequesis de Primera Comunión y por otro, los Grupos Tagaste.

La catequesis de Primera Comunión se lleva a cabo en dos años, coincidiendo con los cursos 2º y 3º de Primaria. En ellos los respectivos catequistas enseñan la doctrina necesaria y la sensibilidad espiritual para llevar a cabo su primera Confesión y la Primera Comunión, la cual se realiza en la iglesia del Socorro entorno los meses de mayo y junio. Los chavales reciben semanalmente una sesión teórica, que puede ir acompañada de actividades y salidas, como las convivencias de final de catequesis, donde durante un fin de semana se sumergen en un ambiente cristiano y lúdico en vísperas de su Primera Comunión.

Los Grupos Tagaste I son grupos de jóvenes con inquietudes que se reúnen semanalmente, y de la mano de un monitor/a reciben una formación ya sea teórica o mediante actividades lúdicas, manuales, etc. Esta actividad se ofrece a chicos y chicas de los cursos de 4º, 5º y 6º de Primaria. Protagonizan gran número de campañas solidarias en el colegio, como por ejemplo la Merienda solidaria del Domund o el mercadillo solidario a favor de Manos Unidas, entre otras. También llevan a cabo salidas o convivencias fuera del Colegio, especialmente en los tiempos fuertes del Año litúrgico (Navidad y Pascua) y en las vacaciones de verano (junto a otros colegios de la Provincia Agustiniana Matritense).

En la ESO, también existen diversas actividades como Tagaste II, Catequesis de Confirmación y Voluntariado Agustiniano. Tagaste II tiene la misma dinámica que Tagaste I y está dedicado a jóvenes de 1º de la ESO. Catequesis de Confirmación es el proceso de maduración en la fe con tal de prepararse para recibir el Sacramento de la Confirmación, el cual se lleva a cabo en dos años entre 4º de la ESO y primero de Bachillerato. Finalmente Voluntariado Agustiniano es una iniciativa solidaria para chicos y chicas de 2º, 3º y 4º de la ESO, donde realizan una serie de actividades, dentro y fuera del colegio, de servicio a la comunidad y crecimiento en valores.

Durante el curso, todo el alumnado participa en Eucaristías (como la de inicio de curso, Pascua, fin de curso, etc.), son invitados a la recepción de sacramentos en los tiempos fuertes de la Liturgia, celebración de actos penitenciales comunitarios y otros actos de piedad: el Vía Crucis urbano (visitando imágenes de Crucificados de tradición palmesana), el culto tradicional a Santa Rita de Casia, de gran devoción en nuestra iglesia del Socorro, etc.

No podemos olvidar otras actividades o campañas que se llevan a cabo para todo el Colegio, como el Día del Profesor (dedicado a agradecer la excelente labor del profesorado) o las Eucaristías mensuales dedicadas a la familia, en las cuales se reúnen familias, personal docente y no docente para alabar al Señor y vivir la liturgia unidos.

Un colegio, en fin, que hace familia y hace iglesia, educando –desde hace 125 años– y forjando personas para el futuro. La aventura de Agustín de Hipona aquí y ahora para el bien de la sociedad y de los niños y jóvenes que se educan en sus aulas. Es nuestra pasión.

Juan José Soler, antiguo alumno, catequista y monitor de pastoral.

Mensaje del Santo Padre Francisco Cuaresma 2018

Mensaje del Santo Padre Francisco para la Cuaresma 2018

  

«Al crecer la maldad, se enfriará el amor en la mayoría» (Mt 24,12)

 

Queridos hermanos y hermanas:

Una vez más nos sale al encuentro la Pascua del Señor. Para prepararnos a recibirla, la Providencia de Dios nos ofrece cada año la Cuaresma, «signo sacramental de nuestra conversión» [1], que anuncia y realiza la posibilidad de volver al Señor con todo el corazón y con toda la vida.

Como todos los años, con este mensaje deseo ayudar a toda la Iglesia a vivir con gozo y con verdad este tiempo de gracia; y lo hago inspirándome en una expresión de Jesús en el Evangelio de Mateo: «Al crecer la maldad, se enfriará el amor en la mayoría» (24,12).

Esta frase se encuentra en el discurso que habla del fin de los tiempos y que está ambientado en Jerusalén, en el Monte de los Olivos, precisamente allí donde tendrá comienzo la pasión del Señor. Jesús, respondiendo a una pregunta de sus discípulos, anuncia una gran tribulación y describe la situación en la que podría encontrarse la comunidad de los fieles: frente a acontecimientos dolorosos, algunos falsos profetas engañarán a mucha gente hasta amenazar con apagar la caridad en los corazones, que es el centro de todo el Evangelio.

 

Los falsos profetas

Escuchemos este pasaje y preguntémonos: ¿qué formas asumen los falsos profetas?

Son como «encantadores de serpientes», o sea, se aprovechan de las emociones humanas para esclavizar a las personas y llevarlas adonde ellos quieren. Cuántos hijos de Dios se dejan fascinar por las lisonjas de un placer momentáneo, al que se le confunde con la felicidad. Cuántos hombres y mujeres viven como encantados por la ilusión del dinero, que los hace en realidad esclavos del lucro o de intereses mezquinos. Cuántos viven pensando que se bastan a sí mismos y caen presa de la soledad.

Otros falsos profetas son esos «charlatanes» que ofrecen soluciones sencillas e inmediatas para los sufrimientos, remedios que sin embargo resultan ser completamente inútiles: cuántos son los jóvenes a los que se les ofrece el falso remedio de la droga, de unas relaciones de «usar y tirar», de ganancias fáciles pero deshonestas. Cuántos se dejan cautivar por una vida completamente virtual, en que las relaciones parecen más sencillas y rápidas pero que después resultan dramáticamente sin sentido. Estos estafadores no sólo ofrecen cosas sin valor sino que quitan lo más valioso, como la dignidad, la libertad y la capacidad de amar. Es el engaño de la vanidad, que nos lleva a pavonearnos… haciéndonos caer en el ridículo; y el ridículo no tiene vuelta atrás. No es una sorpresa: desde siempre el demonio, que es «mentiroso y padre de la mentira» (Jn 8,44), presenta el mal como bien y lo falso como verdadero, para confundir el corazón del hombre. Cada uno de nosotros, por tanto, está llamado a discernir y a examinar en su corazón si se siente amenazado por las mentiras de estos falsos profetas. Tenemos que aprender a no quedarnos en un nivel inmediato, superficial, sino a reconocer qué cosas son las que dejan en nuestro interior una huella buena y más duradera, porque vienen de Dios y ciertamente sirven para nuestro bien.

 

Un corazón frío

Dante Alighieri, en su descripción del infierno, se imagina al diablo sentado en un trono de hielo [2]; su morada es el hielo del amor extinguido. Preguntémonos entonces: ¿cómo se enfría en nosotros la caridad? ¿Cuáles son las señales que nos indican que el amor corre el riesgo de apagarse en nosotros?

Lo que apaga la caridad es ante todo la avidez por el dinero, «raíz de todos los males» (1 Tm 6,10); a esta le sigue el rechazo de Dios y, por tanto, el no querer buscar consuelo en él, prefiriendo quedarnos con nuestra desolación antes que sentirnos confortados por su Palabra y sus Sacramentos [3]. Todo esto se transforma en violencia que se dirige contra aquellos que consideramos una amenaza para nuestras «certezas»: el niño por nacer, el anciano enfermo, el huésped de paso, el extranjero, así como el prójimo que no corresponde a nuestras expectativas.

También la creación es un testigo silencioso de este enfriamiento de la caridad: la tierra está envenenada a causa de los desechos arrojados por negligencia e interés; los mares, también contaminados, tienen que recubrir por desgracia los restos de tantos náufragos de las migraciones forzadas; los cielos —que en el designio de Dios cantan su gloria— se ven surcados por máquinas que hacen llover instrumentos de muerte.

El amor se enfría también en nuestras comunidades: en la Exhortación apostólica Evangelii gaudium traté de describir las señales más evidentes de esta falta de amor. estas son: la acedia egoísta, el pesimismo estéril, la tentación de aislarse y de entablar continuas guerras fratricidas, la mentalidad mundana que induce a ocuparse sólo de lo aparente, disminuyendo de este modo el entusiasmo misionero [4].

 

¿Qué podemos hacer?

Si vemos dentro de nosotros y a nuestro alrededor los signos que antes he descrito, la Iglesia, nuestra madre y maestra, además de la medicina a veces amarga de la verdad, nos ofrece en este tiempo de Cuaresma el dulce remedio de la oración, la limosna y el ayuno.

El hecho de dedicar más tiempo a la oración hace que nuestro corazón descubra las mentiras secretas con las cuales nos engañamos a nosotros mismos [5], para buscar finalmente el consuelo en Dios. Él es nuestro Padre y desea para nosotros la vida.

El ejercicio de la limosna nos libera de la avidez y nos ayuda a descubrir que el otro es mi hermano: nunca lo que tengo es sólo mío. Cuánto desearía que la limosna se convirtiera para todos en un auténtico estilo de vida. Al igual que, como cristianos, me gustaría que siguiésemos el ejemplo de los Apóstoles y viésemos en la posibilidad de compartir nuestros bienes con los demás un testimonio concreto de la comunión que vivimos en la Iglesia. A este propósito hago mía la exhortación de san Pablo, cuando invitaba a los corintios a participar en la colecta para la comunidad de Jerusalén: «Os conviene» (2 Co 8,10). Esto vale especialmente en Cuaresma, un tiempo en el que muchos organismos realizan colectas en favor de iglesias y poblaciones que pasan por dificultades. Y cuánto querría que también en nuestras relaciones cotidianas, ante cada hermano que nos pide ayuda, pensáramos que se trata de una llamada de la divina Providencia: cada limosna es una ocasión para participar en la Providencia de Dios hacia sus hijos; y si él hoy se sirve de mí para ayudar a un hermano, ¿no va a proveer también mañana a mis necesidades, él, que no se deja ganar por nadie en generosidad? [6]

El ayuno, por último, debilita nuestra violencia, nos desarma, y constituye una importante ocasión para crecer. Por una parte, nos permite experimentar lo que sienten aquellos que carecen de lo indispensable y conocen el aguijón del hambre; por otra, expresa la condición de nuestro espíritu, hambriento de bondad y sediento de la vida de Dios. El ayuno nos despierta, nos hace estar más atentos a Dios y al prójimo, inflama nuestra voluntad de obedecer a Dios, que es el único que sacia nuestra hambre.

Querría que mi voz traspasara las fronteras de la Iglesia Católica, para que llegara a todos ustedes, hombres y mujeres de buena voluntad, dispuestos a escuchar a Dios. Si se sienten afligidos como nosotros, porque en el mundo se extiende la iniquidad, si les preocupa la frialdad que paraliza el corazón y las obras, si ven que se debilita el sentido de una misma humanidad, únanse a nosotros para invocar juntos a Dios, para ayunar juntos y entregar juntos lo que podamos como ayuda para nuestros hermanos.

 

El fuego de la Pascua

Invito especialmente a los miembros de la Iglesia a emprender con celo el camino de la Cuaresma, sostenidos por la limosna, el ayuno y la oración. Si en muchos corazones a veces da la impresión de que la caridad se ha apagado, en el corazón de Dios no se apaga. Él siempre nos da una nueva oportunidad para que podamos empezar a amar de nuevo.

Una ocasión propicia será la iniciativa «24 horas para el Señor», que este año nos invita nuevamente a celebrar el Sacramento de la Reconciliación en un contexto de adoración eucarística. En el 2018 tendrá lugar el viernes 9 y el sábado 10 de marzo, inspirándose en las palabras del Salmo 130,4: «De ti procede el perdón». En cada diócesis, al menos una iglesia permanecerá abierta durante 24 horas seguidas, para permitir la oración de adoración y la confesión sacramental.

En la noche de Pascua reviviremos el sugestivo rito de encender el cirio pascual: la luz que proviene del «fuego nuevo» poco a poco disipará la oscuridad e iluminará la asamblea litúrgica. «Que la luz de Cristo, resucitado y glorioso, disipe las tinieblas de nuestro corazón y de nuestro espíritu» [7], para que todos podamos vivir la misma experiencia de los discípulos de Emaús: después de escuchar la Palabra del Señor y de alimentarnos con el Pan eucarístico nuestro corazón volverá a arder de fe, esperanza y caridad.

Los bendigo de todo corazón y rezo por ustedes. No se olviden de rezar por mí.

Vaticano, 1 de noviembre de 2017. Solemnidad de Todos los Santos

Francisco

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[1] Misal Romano, I Dom. de Cuaresma, Oración Colecta.

[2] «Salía el soberano del reino del dolor fuera de la helada superficie, desde la mitad del pecho» (Infierno XXXIV, 28-29).

[3] «Es curioso, pero muchas veces tenemos miedo a la consolación, de ser consolados. Es más, nos sentimos más seguros en la tristeza y en la desolación. ¿Sabéis por qué? Porque en la tristeza nos sentimos casi protagonistas. En cambio en la consolación es el Espíritu Santo el protagonista» (Ángelus, 7 diciembre 2014).

[4] Núms. 76-109.

[5] Cf. Benedicto XVI, Enc. Spe salvi, 33.

[6] Cf. Pío XII, Enc. Fidei donum, III.

[7] Misal Romano, Vigilia Pascual, Lucernario.