Caridad y Esther, mártires agustinas

Caridad y Esther, Agustinas Misioneras, mártires

El próximo 8 de diciembre, solemnidad de la Inmaculada, en el Santuario de Ntra. Sra. de Santa Cruz de Orán (Argelia) serán beatificadas dos religiosas Agustinas Misioneras españolas, las Hermanas Caridad Álvarez y Esther Paniagua, que fueron víctimas del odio y la guerra que sucedió en Argelia entre los años 1994-1996.

Junto a ellas serán beatificados el obispo de Orán, Pierre Claverie, y otros 16 mártires, religiosos y religiosas, víctimas también de la guerra civil que provocó el enfrentamiento del pueblo libre de Argelia contra el fundamentalismo islámico.

La muerte violenta de nuestras dos hermanas misioneras provocó en España y en el mundo católico una auténtica conmoción. No sólo era la muerte, el dolor de la separación y la frustración de un trabajo misional ejemplar, como era el servicio a los más pobres y necesitados en barrios apartados –pura periferia– donde las Hermanas prestaban un servicio de asistencia y presencia evangelizadora de primer orden.

Su integración entre los más pobres y sencillos, su profundo respeto a la cultura y las formas de vida, su vínculo afectivo con el pueblo, hablaba a voz en grito del espíritu de las bienaventuranzas. Previendo el peligro, en todo momento estuvieron dispuestas a no abandonar al pueblo en su miedo y represión por los horrores de la guerra. Quisieron seguir al lado del sufrido pueblo argelino, con el convencimiento de que no les podían arrebatar la vida, porque ya la habían entregado…, como ellas mismas habían expresado al discernir con sus Superioras la conveniencia o no de abandonar Argelia ante el horror que se vivía.

Su testimonio de entrega fiel es un aliciente para los cristianos de a pie, que intentamos seguir, siempre en la brecha, las exigencias del evangelio de Jesús. Ayer, como hoy y siempre, la sangre de los mártires será semilla de vida para anunciar a Jesús en medio del mundo.

Fue el 23 de octubre de 1994, precisamente día del DOMUND aquel año. Salieron de su casa a celebrar la Eucaristía en una capilla cercana de las Hermanitas de Foucould. Iban por delante, de dos en dos, como les habían avisado que hicieran desde la Embajada española, para evitar conflictos. Tras ellas otras dos religiosas, una de ellas la Superiora Provincial que estaba de visita en Argelia, animando a las Hermanas en aquellas difíciles circunstancias. Giraron una calle y la mano cainita disparó contra las Hermanas. La gente comenzó a correr. Las Hermanas que iban detrás sintieron cómo una señora las refugió en su portal. Se oían llantos. Desde el tejado de la casa pudieron ver los cuerpos de las Hermanas mártires en el suelo.

Toda la Iglesia y en ella la Familia Agustiniana, desde primera hora, reconocieron que aquella muerte, aquella entrega no quedaría infecunda. El profundo dolor, la confusión, incluso la rabia que pudo por momentos aparecer, eran combatidos con el bálsamo de la fe y la confianza. El 27 de enero de 2018 el Papa Francisco aprobó el decreto de la beatificación, que tendrá lugar en breve.

Los agustinos de Mallorca, unidos a las Agustinas Hermanas del Amparo, nos gozamos en el don precioso que supone el reconocimiento de este martirio por amor al pueblo argelino, a los más pobres y necesitados. Y celebramos la gracia de saber que contamos con dos Hermanas que interceden en el cielo por nosotros, por nuestros latidos desde el corazón agustiniano, desde la comunión de almas y corazones, que quiso Agustín de Hipona, el divino africano, para sus hijos e hijas.

El martes 18 de diciembre, fiesta de la Virgen de la Esperanza, celebraremos en la Iglesia del Socorro de Palma una Eucaristía de acción de gracias por el don de la beatificación de estas Hermanas. Y lo haremos en comunión profunda con la Congregación de Agustinas Misioneras, que mantienen en 16 países el fuego  de la fraternidad para el anuncio del Evangelio de Jesús, y en comunión con toda la Familia Agustiniana.

Fray JM., Rector del Socors

Noviembre 2018

 

15 enfermedades peligrosas

QUINCE ENFERMEDADES MUY PELIGROSAS PARA EL HOMBRE SEGÚN EL PAPA FRANCISCO

Estamos en un tiempo donde prestamos mucha atención y cuidamos  nuestra salud con preocupación, revisamos nuestra tensión arterial, el colesterol y los datos que nos ofrecen los análisis médicos. En estos días la Seguridad Social nos avisa y aconseja de vacunarnos contra la gripe anual. El Papa Francisco, el “Doctor Bergoglio”, en el libro Dios es joven nos señala 15 enfermedades en las que podemos caer, si descuidamos unas actitudes básicas en nuestro diario vivir cristiano.

  • Primera enfermedad: Sentirnos inmortales e indispensables, cayendo en un narcisismo que mira apasionadamente su propia imagen, sin ver a Dios en su vida y en la de los demás.
  • Segunda enfermedad: El Papa la llama “martalismo”, que viene de Marta de Betania, se cae en una excesiva laboriosidad, es el desvivirse por el trabajo, olvidando el descanso, la vida en familia y que puede llevar a situaciones de ansiedad, estrés y una agitación inútil.
  • Tercera enfermedad: El endurecimiento mental y del corazón, cabeza dura y corazón de piedra.
  • Cuarta enfermedad: La excesiva planificación y el funcionalismo, se planifica todo minuciosamente sin dejar hueco a la fantasía, novedad, frescura al Espíritu Santo, que sopla donde y cuando quiere.
  • Quinta enfermedad: La mala coordinación, el creer que somos autosuficientes y no necesitamos de los demás.
  • Sexta enfermedad: El “alzheimer espiritual”, que nos hace olvidar nuestra historia de salvación,  no sabemos reconocer  quiénes somos, quiénes son los demás y quién es Dios. Olvidamos nuestras raíces y nos dejamos llevar por el hedonismo, los caprichos y nuestros instintos.
  • Séptima enfermedad: La rivalidad y la vanagloria. Es la apariencia y el interés propio  lo que marcan nuestro vivir. Los demás no cuentan.
  • Octava enfermedad: La esquizofrenia existencial. Es llevar una doble vida, la mediocridad, que desemboca en el vacío espiritual. Hay separación y distintos caminos en nuestro pensamiento, nuestros afectos, entre la cabeza y el corazón.
  • Novena enfermedad: El chismorreo y los cotilleos. Se comienza por “te quiero comentar algo…” y se termina sembrando la cizaña, se mata la fama del otro y se destruye su vida.
  • Décima enfermedad: La adoración de los jefes. Se busca el arribismo y el oportunismo con la adulación y el engaño.
  • Undécima enfermedad: La indiferencia, los demás no cuentan, solo se piensa en uno mismo, el yo domina sobre los demás, las relaciones humanas están marcadas por lo que a mí me interesas y lo que puedo lograr.
  • Duodécima enfermedad: Es la cara fúnebre. La tienen las personas bruscas y hoscas, los que piensan que para ser serios hay que tener cara de severidad y desinterés, esto nos lleva a tratar a los demás con rigidez, dureza y arrogancia, creyéndonos superiores.
  • Decimotercera enfermedad: Consumir el consumo. Es el consumismo, el acumular bienes, mientras por dentro se sufre el vacío. “El sudario no tiene bolsillos”. Tras la muerte no nos podemos llevar nada material.
  • Decimocuarta enfermedad: Los círculos cerrados, la pertenencia al grupo es más fuerte y tiene más valor que la pertenencia a Cristo. Esta enfermedad nos puede esclavizar.
  • Decimoquinta enfermedad: Los beneficios mundanos. Es la enfermedad del poder, del triunfar a toda costa; se alimenta del orgullo y la vanidad.

Con la descripción de estas 15 enfermedades nos podemos hacer un chequeo personal de nuestra vida, mirarnos a nuestro interior y con la medicina de la oración, de la relación sincera y abierta con Dios y con la gracia de los sacramentos darnos curas de salud y de salvación por medio de Cristo y su Iglesia.

Orar por los difuntos

La Iglesia peregrina, perfectamente consciente de la comunión de todo el Cuerpo místico de Jesucristo, desde los primeros tiempos del cristianismo honró con gran piedad el recuerdo de los difuntos (LG, 50) y también ofreció por ellos oraciones pues es una idea santa y provechosa orar por los difuntos, para que se vean libres de sus pecados. Nuestra oración por ellos puede no solamente ayudarles, sino también hacer eficaz su intercesión en nuestro favor” (Catecismo, 958).

Así expresa el Catecismo de la Iglesia Católica la piadosa costumbre de hacer memoria y ofrecer sufragios por los seres queridos ya difuntos y por todos los difuntos en general. Los sufragios (oraciones, sacrificios, actos de caridad y misericordia) son la súplica insistente a Dios para que tenga misericordia de los fieles difuntos, los purifique con el fuego de su caridad y los introduzca en el Reino de la luz y de la vida.

Los sufragios por los difuntos son una expresión viva de la fe en la Comunión de los Santos, que confesamos en el Credo. Entre los sufragios el de mayor valor y significatividad es –sin duda– la celebración del sacrificio eucarístico, ofrecido en memoria de los seres queridos y las almas del Purgatorio, pidiendo al Señor por su plena salvación. Al sacrificio eucarístico se unen otras expresiones de piedad como oraciones, sacrificios, limosnas, actos de caridad y obras de misericordia ofrecidos por esta intención e indulgencias aplicadas en favor de las almas de los difuntos.

San Agustín en Las Confesiones (IX, 11) recoge las palabras de su madre, Santa Mónica en el lecho de muerte  “Depositad este cuerpo mío en cualquier sitio, sin que os dé pena. Sólo os pido que dondequiera que estéis, os acordéis de mí ante el altar del Señor.

Es verdad que en cada celebración de la Eucaristía la Iglesia renueva la ofrenda y la plegaria de Jesús al Padre, para la salvación del género humano. Esta intención universal no excluye las intenciones particulares del sacerdote y de cada uno de los fieles que participan en la celebración. Ofrecer una Misa por los difuntos renueva la fe y la esperanza en quien la ofrece y es una obra de caridad, pues alcanza sufragios en beneficio de la salvación de los seres queridos ya fallecidos. Nuestros familiares, amigos y bienhechores difuntos, se confían así a nuestra memoria y nuestro afecto, en la esperanza de la resurrección.

Todos los Santos

Feliz solemnidad de Todos los Santos, en la que la Iglesia celebra la memoria de todos aquellos bautizados que han terminado su trayecto en esta tierra y esta historia y gozan ya, cara a cara, de la visión de Dios en el cielo. Día de todos los santos, de todos aquellos cristianos buenos que creyeron y esperaron, escribiendo páginas de fidelidad en la historia humana desde un anonimato y sencillez espectaculares. Son los hombres y mujeres –niños, jóvenes, adultos y ancianos– que gastaron sus vidas en hacer real el evangelio de las bienaventuranzas.

Precisamente en este día solemne se nos proclama el evangelio de las bienaventuranzas, según lo recoge San Mateo (5, 1-12a). Comentando San Agustín esta preciosa página evangélica en su Sermón 53, dice, entre otras cosas:

  • Dichosos los pobres de espíritu, porque de ellos es el reino de los cielos. El reino de los cielos será tuyo más tarde; ahora sé pobre de espíritu. ¿Quieres que más tarde sea tuyo el reino de los cielos? Sé pobre de espíritu. (…) Nadie que se infla es pobre de espíritu; luego el humilde es el pobre de espíritu.”
  • Bienaventurados los mansos, porque ellos poseerán la tierra en herencia. ¿Quieres poseer ya la tierra? ¡Cuida de que no te posea ella a ti! La poseerás si eres manso; de lo contrario, te poseerá ella. (…) En esto consiste ser manso: en no poner resistencia a Dios, de manera que en el bien que haces sea él quien te agrade, no tú mismo; y en el mal que justamente sufras no te desagrade él, sino tú mismo.”
  • Dichosos los que lloran, porque serán consolados. En el llanto está la tarea, en el consuelo la recompensa. ¿Qué consuelos reciben, en efecto, quienes lloran por motivos terrenos? Consuelos molestos y llenos de temor. (…) Por tanto, el verdadero consuelo será aquel por el que se da lo que nunca se pierde, de modo que quienes ahora lloran por ser peregrinos, luego gocen al ser consolados.”
  •  Dichosos quienes tienen hambre y sed de justicia, porque serán saciados. (…) Por tanto, sintamos hambre y sed de justicia, para ser saturados de la misma justicia, de la que ahora estamos hambrientos y sedientos. Pues seremos saciados de lo que ahora sentimos hambre y sed. Sienta hambre y sed nuestro interior, pues también él tiene su alimento y su bebida. Yo soy —dice— el pan que he bajado del cielo.”
  • Dichosos los misericordiosos, porque de ellos tendrá Dios misericordia. (…) Lo que hagas con quien te pide a ti, eso mismo hará Dios con quien le pide a él. Estás lleno y estás vacío; llena de tu plenitud el vacío del pobre para que tu vaciedad se llene de la plenitud de Dios.”
  • Dichosos los limpios de corazón, porque ellos verán a Dios. Este es el fin de nuestro amor: fin que significa nuestra perfección, no nuestra consunción. (…) Prepara esa limpieza que te permita verlo. Estén sanos los ojos, y la luz producirá gozo; si no lo están, la misma luz será un tormento. En efecto, no se te permitirá ver con el corazón manchado lo que no se ve sino con el corazón limpio. Serás rechazado, alejado; no lo verás. Pues dichosos los limpios de corazón, porque ellos verán a Dios.”

Precioso y preciso programa de vida, quintaesencia del evangelio de Jesús, que nos recuerda en este día la apremiante –urgente, más bien- llamada a la santidad de todo fiel cristiano y más en estos tiempos tan confusos y difíciles que nos tocan vivir.

Sólo con la ayuda de la gracia de Dios y una recta intención en el alma creyente; con nuestro firme compromiso de tomarnos más y más en serio nuestra fe y compromiso cristiano, podremos ganar, lograr, conseguir del Espíritu del Señor el don de la santidad, que es tensión de más amar y mejor servir. Si el amor no se convierte en servicio al prójimo, al hermano necesitado, no es amor y no lleva al cielo.

Interceda la masa innumerable de cristianos buenos que en los siglos han sido para que la Iglesia viva una primavera nueva de fe y esperanza por el compromiso firme de los cristianos a luchar sin descanso por ser transparencias vivas del evangelio de las Bienaventuranzas.

fray JM. Rector del Socors – Noviembre 2018

Belleza tan antigua y tan nueva

En la entrega del Premio de “L’Esplendor de la Mediterrània”
Fundació Amics del Patrimoni
Palma, sábado 18 de agosto de 2018.

 

¡Tarde te amé, belleza tan antigua y tan nueva, tarde te amé! Y he aquí que tú estabas dentro de mí y yo fuera, y por fuera te buscaba; y deforme como era, me lanzaba sobre las bellezas de tus criaturas. Tú estabas conmigo, pero yo no estaba contigo. Me retenían alejado de ti aquellas realidades que, si no estuviesen en ti, no serían. Llamaste y clamaste, y rompiste mi sordera; brillaste y resplandeciste, y ahuyentaste mi ceguera; exhalaste tu fragancia y respiré, y ya suspiro por ti; gusté de ti, y siento hambre y sed; me tocaste, y ardo en deseos de tu paz.” Conf. 10, 27, 38.

Amigos:

Este sugerente y revelador texto del genio de Hipona, el obispo Agustín, sintetiza a las mil maravillas lo que puedo decir a la hora de dar gracias y cantar la novedad y excelencia de la belleza, que es lo que –en el origen, en el fondo y en la forma– hace que la Fundació Amics del Patrimoni, haya puesto sus ojos en tres iglesias de Mallorca, para reconocer la excelencia y la belleza.

La Basílica i parròquia de Sant Miquel, la Església de la Mare de Déu del Socors, ambdues a Palma de Mallorca, i la parròquia de Santa Maria dels Ángels de Pollença recullen agraïdes aquest reconeixement de la Fundació Amics del Patrimoni amb senzillesa i amb el propòsit de seguir amb entusiasme evangèlic la labor d’incrementar i cuidar el patrimoni històric i cultural que es tanca entre els seus murs.

Els premis que atorga la Fundació en aquest esdeveniment de “L’Esplendor de la Mediterrània” estan dirigits al reconeixement de la feminitat i la bellesa. No hi ha dubte que l’haver posat la mirada a l’Església, que és femenina en paraules del Papa Francecs, concretant-ho en tres temples de Mallorca, que en els últims anys han experimentat un singular canvi en la cura del patrimoni i del culte, manifesta una originalitat digna d’encomi. Gràcies pel reconeixement, gràcies per la visibilitat que amb això ens donaus i gràcies per reconèixer l’esforç i el lliurament que amb entusiasme ens han emprat en temps i energies.

Es verdad que la Iglesia siempre, entre luces y sombras –a qué negarlo–, ha ocupado un lugar destacado en la creación y expansión de la cultura, las bellas artes de la arquitectura, la escultura y la pintura, la música, la literatura… recogen muestras selectas del hacer del hombre desde la fe que han configurado el ser y el hacer de la humanidad, de la civilización en la historia.

Pero, y aquí vuelvo al pensamiento de San Agustín en las Confesiones, la belleza tan antigua y tan nueva, tiene en el corazón del de Hipona un nombre propio y es Jesucristo. “Tú estabas dentro de mí y yo estaba fuera y por fuera te buscaba…”. Infeliz aquél que busca la belleza en las cosas de fuera. Para Agustín el encuentro con la Verdad fue experiencia de la belleza, de lo bello, de lo armónico, de lo bien trazado, lo bien empleado, lo bien sugerido. Es el pulcrum en estado puro. Nada hay superior a él. Está ante Dios, belleza siempre antigua y siempre nueva.

Y en este mundo desordenado y roto, confuso y desesperanzado… necesitamos testigos de la belleza, que vengan a decirnos con la vida, no tanto con la palabra, que la belleza auténtica acontece dentro del corazón del hombre, más allá de su pensamiento y creatividad expresa, que no son más que meros y superficiales reflejos del acontecimiento de luz y salvación que sucede dentro del corazón. Maestros del encuentro, que vengan a gritar con hechos de vida y gestos de libertad, de justicia, de comunión, de caridad… que Dios habita dentro y que es bello en sí, con esa novedad que tiene la frescura de la creación, la intensidad absoluta del que hace nuevas todas las cosas (Ap 21, 5).

Perquè, amics, el de fora, l’obra que brolla de la mà de l’home és efímera, però el batec, la qual cosa esdevé dins, la qual cosa impregna una obra d’art de bellesa i claredat, és fruit del batec de l’home i això sempre-sempre, diguin el que diguin els profetes de la desesperança, té ressons d’eternitat. No passa mai. Mai s’acaba, com l’amor, perquè té la marca del Creador, la marca de Déu.

Moltes graciès a tots i totes per la vostra presència i paciència en escoltar-me.

fray Jesús Miguel Benítez, OSA
Rector de la Església de la Mare de Déu del Socors
Agustins. Palma

L’Esplendor de la Mediterránea

Premio a la Iglesia del Socorro de Palma

 

La Fundación Amics del Patrimoni de Mallorca ha hecho entrega el pasado sábado, 18 de agosto, del premio L’Esplendor de la Mediterránea a la iglesia de Ntra. Sra. del Socorro de Palma de Mallorca, al cuidado de la comunidad de PP. Agustinos.

La Fundación, con motivo de la solemnidad de la Asunción, desde el año 2003, concede este reconocimiento, como homenaje, a mujeres que, por su labor y compromiso con la cultura, destacan en el panorama socio-cultural de la Isla de Mallorca.

Las mujeres premiadas en la edición de 2018 han sido: la arqueóloga e historiadora Dª. Elvira González, la doctora geógrafa Dª. Joana Maria Petrus y la arquitecta municipal Dª. Joana Roca.

Junto a ellas la fundación ha tenido a bien reconocer la labor de cuidado patrimonial que en los últimos tiempos se ha realizado en tres iglesias de Mallorca: la basílica y parroquia de Sant Miquel, en Palma; la parroquia de la Mare de Déu dels Angels en Pollença y nuestra iglesia del Socorro. No cabe duda que este reconocimiento a templos de la Isla es original y sirve como acicate para seguir empleados en la labor del culto litúrgico y atención a los fieles y del cuidado esmerado en la conservación y restauración del importantísimo legado patrimonial (histórico y cultural) que hemos recibido de nuestros mayores. Recibieron el premio por parte de la Parroquia de San Miquel, su rector Mn. Antoni Guillem Gómez; por la Parroquia Pollença, su rector Mn. Francecs Vicens y por la iglesia del Socors, su rector, fray Jesús Miguel Benítez.

Presidió el acto D. Joan Guaita, presidente de la Fundació Amics del Patrimoni, a quien acompañaba en lugar destacado el obispo de Mallorca, Mons. Sebastià Taltavull, y el presidente de ARCA, D. Pere Oliver.

El acto, sencillo en su concepción y desarrollo, comenzó con un recital de bandoneón a cargo del músico y compositor peruano Claudio Constantini, quien demostró con creces el absoluto dominio del instrumento y compartió con el público una impresionante ejecución de diversas piezas musicales, siendo muy aplaudido.

Posteriormente los homenajeados recogieron los premios, de mano del Sr. Guaitia, agradeciendo en nombre de los premiados la distinción la Sr. Inés González y fray Jesús Miguel, con sendos y sentidos parlamentos.

San Agustín 2018

San Agustín, Obispo de Hipona

28 de agosto

El martes 28 de agosto, celebramos la solemnidad de San Agustín. La figura del Obispo de Hipona destaca en la historia de la humanidad por muchos y variados motivos. La Iglesia le considera uno de los más grandes pensadores y resalta siempre su plena conversión a la fe cristiana y su indiscutible entrega como pastor al servicio del pueblo.

Ante las diversas reacciones que ha provocado este año, como en los precedentes, un alarmante movimiento de población africana hacia las costas de Europa, queremos traer a la memoria un acontecimiento de la vida del santo que recoge en una carta escrita a su fiel discípulo y amigo el santo obispo Alipio de Tagaste, escrita hacia el 422-423. En ella Agustín narra la reacción de los fieles de Hipona ante la llegada a las costas de un cargamento de esclavos de diversas zonas, particularmente de Numidia, traído por traficantes gálatas. Agustín estaba ausente de Hipona y los fieles cristianos conociendo la costumbre de ofrecer limosnas para liberar a estos esclavos no dudaron, en ausencia de su obispo y pastor, actuar de la misma manera que él habría actuado: liberar a esos esclavos. Lo narra así en la carta a su amigo:

Cuatro meses antes de escribir esto, unos traficantes gálatas –pues son sólo ellos, o ellos sobre todo, los que se entregan con verdadera ansia a estos lucros– trajeron gente reunida de diversas zonas, y particularmente de Numidia. No faltó un cristiano ya bautizado, conocedor de nuestra costumbre respecto a las limosnas en estos casos, que lo denunció a la Iglesia. Acto seguido, estando yo ausente, los nuestros liberaron a casi ciento veinte hombres, una parte sacándolos de la nave en que habían sido embarcados y otra parte… del lugar en que habían sido ocultados para embarcarlos luego. De todos ellos, apenas se hallaron cinco o seis que hubiesen sido vendidos por sus padres. Respecto a los demás, cualquiera que oiga las distintas circunstancias por las que, a través de seductores y salteadores, llegaron a los gálatas, apenas contendrá las lágrimas.” (Carta 10*, 7)

No era cuestión de discursos, programas, propuestas… Era, es, sigue siendo cuestión de ejercer la misericordia, aplicando la justicia y la caridad. El evangelio no se enreda en discursos. El evangelio exige actuar. Otros se enredarán en palabrería y utilizarán los foros y medios de comunicación para generar propuestas, estudiar medios y estrategias, orquestar políticas con que seguir manteniendo un status de bienestar y seguridad, ofertando o no soluciones más o menos viables a problema tan complejo. Es a lo que nos tienen acostumbrados. Los cristianos, la iglesia -ayer, hoy y siempre- lo que tiene que hacer es –sencillamente– actuar. Como hicieron los fieles cristianos de Hipona, aun en ausencia de su obispo y pastor. Lo que hubiera hecho Jesús.

Que San Agustín, el divino africano, interceda para que esta difícil y compleja situación social, política y económica encuentre vías de estabilidad para unos y para otros. Nosotros hacemos memoria de este testigo del evangelio, a quien consideramos padre y amigo, celebrando su indiscutible actualidad una vez más.

La esperanza es la levadura del amor

Esta frase de San Agustín (In ps. 62, 5) es bueno tenerla en cuenta en estos tiempos tan confusos y difíciles que tenemos que enfrentar. Los cristianos hemos de vivir en esperanza, porque creemos y confesamos que la salvación ya es un hecho en la entrega y obediencia de Jesús al proyecto del Padre. Los creyentes en Cristo hemos sido salvados (Ef 2, 8; II Ti 1, 9); estamos siendo salvados en el presente (I Cor 15, 2); y seremos salvados en el futuro (Rom 5, 9; II Tes 2, 14).

Por ello podemos gozar de la certeza, en medio de las oscuridades de la fe, de que sólo desde la esperanza, desde la mirada puesta en un futuro mejor, podremos –podrán los locos esos que se enfundan en el odio y la destrucción, unos y otros– construir la reconciliación y la paz, la justicia y el amor.

Decía el santo Obispo Agustín a sus fieles de Hipona:

Tú dices: son tiempos difíciles, son tiempos de opresión, son tiempos preocupantes. Vive correctamente y cambiarás los tiempos. Los tiempos nunca han hecho mal a nadie. Aquellos a los cuales se hace mal son los seres humanos; los que hacen el mal son los seres humanos. Por tanto, cambia a los seres humanos y cambiarán los tiempos.” (Serm. 311, 8).

Impresionante propósito para enfrentar las dificultades de nuestro tiempo y del futuro incierto que se nos avecina.

Vivamos correctamente, con dignidad; trabajemos por construir la paz en nuestro entorno; cuidemos con esmero los criterios y juicios sobre esta locura que quieren vendernos de buenos y malos; luchemos con denuedo por hacer posible el espíritu de respeto y tolerancia, de comprensión y bondad y ternura, como exige el evangelio de las bienaventuranzas. Confundamos este mundo de mal a base de bien, a golpes de identificación apasionada con el AMOR que brota del Corazón de Jesucristo; a golpes de CARIDAD, como derrama en nuestras vidas con exquisito tacto Santa María, la bienaventurada, a quien aclamamos como dulce Madre del Socorro.

De la misma forma que la oscuridad de la noche no puede apagar el brillo de las estrellas en el firmamento, la injusticia humana no puede extinguir la lucidez del espíritu que ha fijado su órbita en el firmamento de Dios y de las Escrituras.” (In ps. 93,29).

Esta certeza de Agustín es un buen deseo para estos tiempos que creemos confusos y difíciles. Que nada ni nadie extinga la lucidez de nuestro espíritu. Ésa es nuestra victoria. Por eso, a pesar de “la oscuridad de la noche”, podemos lanzar en el presente cantos de esperanza y desearnos unas felices vacaciones a los que puedan disfrutar de ellas, con sosiego en la familia y entre los amigos, con gozosa liberalidad; asentando nuestra fe en una esperanza abierta a la construcción de un mundo mejor: más justo, más noble, más bueno.

                                                           fray JM, Rector del Socorro. Palma

Asunción

La asunción de María en cuerpo y alma a los cielos

El misterio de la asunción de María en cuerpo y alma a los cielos centra la atención de la Sagrada Liturgia en el mes de agosto. En la confesión de este misterio celebramos el pleno cumplimiento en María, la bienaventurada, de todo aquello que espera y confía el que confiesa que Jesús es el Señor. Toda la promesa de redención, todo el gozo de la salvación, ya en acto, en la integridad de su ser criatura, en cuerpo y  alma, lo alcanza María por el misterio de la asunción. En ella la humanidad contempla lo que va a suceder en quien se esfuerza por ser fiel al evangelio en el seguimiento de Jesús. En ella, en María, los creyentes son invitados a la esperanza.

María goza ya en plenitud de la contemplación de Dios cara a cara; en ella ya se ha realizado en su totalidad la herencia prometida; ella sabe lo que es el cielo, la Patria definitiva, el banquete eterno, la dicha sin fin, el octavo día, la salvación, la liberación…

Y esa verdad, que creemos, la confesamos como podemos, diciendo por ejemplo que María fue llevada en cuerpo y alma al cielo por el poder de Dios, a diferencia de la Ascensión de su hijo Jesucristo, que lo hizo por su propio poder.

Cuando en 1950 el Papa Pío XII proclamó solemnemente el dogma de la Asunción de María en la Constitución Apostólica Munificentissimus Deus, lo hizo con estas palabras: “Después de elevar a Dios muchas y reiteradas preces y de invocar la luz del Espíritu de la Verdad, para gloria de Dios omnipotente, que otorgó a la Virgen María su peculiar benevolencia; para honor de su Hijo, Rey inmortal de los siglos y vencedor del pecado y de la muerte; para aumentar la gloria de la misma augusta Madre y para gozo y alegría de toda la Iglesia, con la autoridad de nuestro Señor Jesucristo, de los bienaventurados Apóstoles Pedro y Pablo y con la nuestra, pronunciamos, declaramos y definimos ser dogma divinamente revelado, que la Inmaculada Madre de Dios, siempre Virgen María, terminado el curso de su vida terrena fue asunta en cuerpo y alma a la gloria celestial.

Dos aspectos importantes podemos destacar de la definición dogmática:

  1. La asunción ocurrió después de finalizar su vida mortal.
  2. Con la asunción alcanzó la glorificación eterna de su cuerpo corruptible.

No conoció la corrupción del sepulcro aquella que, conservada intacta su virginidad, fue tabernáculo del Verbo eterno, del Hijo del eterno Padre; de Dios vivo. Y aquél cuerpo fue glorificado para contemplar cara a cara el misterio que había confesado compartiendo la gloria del Hijo, sentado a la derecha del Padre. Por ello la asunción de la Virgen a los cielos es un privilegio singular, consecuencia de los otros privilegios marianos, que confesamos como verdades dogmáticas: la maternidad divina, la inmaculada concepción y su perpetua virginidad.

Y, por otra parte, es una verdad de fe que nos habla del misterio de la comunión de los cristianos; la unión del Cuerpo de Cristo, que es la Iglesia, porque en su asunción está representada toda la comunidad cristiana, al estar ya la Madre de Cristo viva y resucitada, estado final en el que nos ha precedido al resto de los discípulos de Jesús de Nazaret.

A la luz de este misterio escribía el Papa Pablo VI que “nuestra aspiración a la vida eterna parece cobrar alas al reflexionar que nuestra Madre está allá arriba, nos ve y nos contempla con su mirada llena de ternura”.

Y es esa mirada de ternura de Santa María, su amparo y protección, lo que debe buscar el cristiano en la alabanza de Dios por haber obrado grandes maravillas en la pequeñez de su sierva.

Celebrar la asunción de Santa María es celebrar nuestro futuro en la más abierta y definitiva esperanza; es celebrar nuestro destino eterno, que ya aconteció en ella por especial privilegio de Dios. Y María brilla, luce con esa belleza única con que Dios adorna con su gracia a los elegidos, a los que han sido fieles en la fe; a los que han luchado con esperanza; a los que gastan su vida en la caridad.

Que Santa María Virgen, la Mare de Déu d’agost, intercedi per nosaltres.

Un año más… Santa Rita 2018

A base de repetirlo año tras año no necesitamos frotarnos los ojos ante el asombro. Y es cierto, aunque suene a tópico: Un año más…

Transcurrió la novena en honor a la Santa Casia, que comenzamos el domingo 13 de mayo, que este año coincidía con la solemnidad de la Ascensión del Señor a los cielos. Y transcurrió la novena con una asistencia muy llamativa de fieles, que se mantuvieron así, fieles, día a día, compartiendo oración, piedad y esa tensión del silencio cuando se va desgranando la Palabra a nuestros oídos y nuestros corazones. Mucha gente, muchos fieles… Durante las mañanas, en las horas de apertura del Socors se va incrementando ese goteo incesante de cristianos que pasan a visitar a la Santa: allí una oración rápida, un saludo, una vela que se enciende, un rato de silencio, un rezo de la novena, del triduo a la Santa; acción de gracias, petición, silencio.

La devoción a Santa Rita en Mallorca provoca siempre preguntas que son difíciles de responder. ¿Por qué continúa viva, activa, creciente esta devoción? Es tradición ya secular. Es verdad que la canonización de la Santa, que fue muy tardía, en 1900, provocó un movimiento de devoción y piedad espectacular, que venía reforzado por la presencia de los agustinos en el Socors, después de la desamortización, y el riego de piedad de las numerosas comunidades que la nueva congregación de agustinas hermanas del Amparo desplegaban por muchos pueblos de la Isla. Pero también es cierto que la devoción a Santa Rita, vinculada a la iglesia del Socorro, viene acompañada de la presencia secular de los agustinos. El retablo y la imagen de la Santa que se conservan en Siete Capillas, preciosa muestra del estilo barroco, proceden del siglo XVIII y están dedicados en su origen a la beata Rita. Y consta que ya era numerosa la asistencia de fieles. No es, por tanto, la canonización de la Santa lo que provocó ese movimiento de devoción, que ocupa toda la Isla, aunque lo intensificó.

Lo mismo podemos decir cuando hablan de que esas largas colas, interminables colas de fieles, desde la mañana, son frutos de la crisis y la necesidad de la gente, acercándose a la abogada de imposibles. ¿Y qué decir de los fieles en tiempos de bonanza y crecimiento económico? En tiempos de paz, en tiempos de guerra, en tiempos de crisis, en tiempos de desarrollo y prosperidad… Consta en los escritos, preciosas crónicas de esta casa, en diversos momentos históricos la constante de esta devoción, los ritmos similares: piedad, devoción a raudales, largas filas de fieles, misas, confesiones, rosas… ante una mujer sencilla, modelo de humildad y de fidelidad, a la que llamaron, llaman y seguirán llamando: abogada de imposibles.

Un año más… y no es tópico, se ha vivido una fiesta espectacular, con cantidad incontable de fieles –miles–, buscando el favor de Dios en la devoción a la vida íntegra de una mujer impresionante, que habla del evangelio con gestos de vida.

La obediencia a la voluntad de Dios, la pasión por Jesucristo, el amor a la iglesia, la paciencia, la bondad y la ternura, el perdón y la reconciliación, la donación de sí, la generosidad… son las joyas que brillaron en el corazón de esta mujer singular y el pueblo sencillo –¡¡¡el Pueblo de Dios!!!– lo reconoce, lo aclama y se confía en la intercesión de esta sierva buena y fiel. Y –lo quieran o no– eso causa asombro en estos tiempos nuestros tan feos y descolocados.

Bendito sea Dios por el regalo de Santa Rita.