La novedad de la belleza

 

La novedad de la belleza

¡Tarde te amé, belleza tan antigua y tan nueva, tarde te amé! Y he aquí que tú estabas dentro de mí y yo fuera, y por fuera te buscaba; y deforme como era, me lanzaba sobre las bellezas de tus criaturas. Tú estabas conmigo, pero yo no estaba contigo. Me retenían alejado de ti aquellas realidades que, si no estuviesen en ti, no serían. Llamaste y clamaste, y rompiste mi sordera; brillaste y resplandeciste, y ahuyentaste mi ceguera; exhalaste tu fragancia y respiré, y ya suspiro por ti; gusté de ti, y siento hambre y sed; me tocaste, y ardo en deseos de tu paz.” Conf. 10, 27, 38.

Este sugerente y revelador texto del genio de Hipona, el obispo Agustín, sintetiza a las mil maravillas la experiencia de conversión que vivió y explica, de alguna manera, la raíz en la que se asienta su vida después del encuentro con el Señor y su ministerio como fundador de monasterios, forjador de espíritus, padre y pastor de una iglesia como la Hipona, pero abierto al mundo, sin horizontes, hasta llevar el Nombre de Jesús, atravesando los siglos, al corazón mismo del hombre de todos los tiempos.

En su experiencia peculiar Agustín de Hipona oyó, vio, olió, gustó y sintió… No está ante una sospecha, ante una hipótesis que viniera a saciarle el ansia desmedida de saber, más allá de sus ideas o latidos, lo que es y por lo que es el mundo que le circunda. Agustín en este texto, como en multitud de sus escritos: tratados, sermones, cartas… cuenta lo que ha visto y vivido, sentido y rozado, abrazado incluso. Es unión y fusión de pasiones: la de Dios por el hombre y la del hombre por Dios, una vez que descubre que existe, que habita en el interior de su alma.

Y para Agustín esa experiencia es verdad. Y no sólo verdad, sino experiencia de la belleza, de lo bello, de lo armónico, de lo bien trazado, lo bien empleado, lo bien sugerido. Es el pulcrum en estado puro. Nada hay superior a él.  Está ante Dios, belleza siempre antigua y siempre nueva

Y en este mundo desordenado y roto, confuso y desesperanzado… hacen falta maestros que vengan a decirnos con la vida, no tanto con la palabra, que nos sobran discursos y sermones, que la belleza auténtica acontece dentro del corazón del hombre, más allá de su idea y su latido, que no son más que meros y superficiales reflejos del acontecimiento de luz y salvación que sucede dentro del corazón. Maestros del espíritu, maestros del encuentro, que vengan a gritar con hechos de vida y gestos de libertad, de justicia, de comunión, de caridad… que Dios habita dentro y que es bello en sí, con esa novedad que tiene la frescura de la creación, la intensidad absoluta del que hace nueva todas las cosas (Ap 21, 5).

Hacen falta maestros que hayan vivido el encuentro dentro de ellos; hombres de espíritu, de fuerte vida interior, de cultivada amistad con Dios; hombres de oración, contemplativos heridos por el impacto de la luz inmutable; trabajadores que saben que en surco del día a día, entre las gentes, Dios anda reclamando amigos.

Hacen falta testigos dispuestos a dar la cara, el corazón y la vida en hacer ver al mundo, con gestos, más que con palabras, que eso tan feo y deforme que vamos construyendo en tantos campos abiertos al vértigo de la nadería en el mundo de la familia, de la educación, de la sanidad, de la economía, de la política, de las relaciones sociales…; eso que no nos gusta porque no brota del corazón, ni de la inquietud y lucha por buscar la verdad y aquello que hace hombre auténtico al ser humano y no marioneta de sus propios caprichos y desvaríos; todo eso… tiene su contrario, cargado de verdad y de belleza, en el interior del corazón. Y que si el hombre quiere alcanzar a vivir con verdad su existencia, no tiene más remedio que andar por dentro, no por fuera, y descubrir dentro de sí, allí donde se funden mente y corazón, allí donde se descubre lo que es y se desea y se hace lo que se debe hacer, allí habita la verdad y la belleza con rabiosa actualidad.

Y esto, todo esto, abre el corazón a la esperanza. Porque los profetas de la desesperanza, los siniestros guiñoles de nuestra vida pública –unos y otras– caerán en su día como naturalezas muertas, sus máscaras, cuando descubran que vivieron la mentira y desazón de un mundo sin Dios, como quisieron construir.

Ayúdenos el de Hipona a forjar corazones con tensión de la belleza y la verdad; ayúdenos a entrar dentro de nosotros y experimentar, como él, la belleza que no conoce ocaso.

La pastoral educativa en el colegio San Agustín

La pastoral educativa en el colegio San Agustín

El proyecto de Pastoral Educativa del Colegio San Agustín (PP. Agustinos) de Palma de Mallorca pretende garantizar y planificar la dimensión evangelizadora de la escuela. Por ello, anima y acompaña el proceso de crecimiento en la fe de los alumnos; pretende ser un puente entre escuela e iglesia para que nuestros jóvenes se incorporen a la comunidad cristiana desde el carisma y los valores agustinianos.

Se realiza un gran número de actividades y campañas adaptadas al bloque educativo del alumnado.

En EDUCACIÓN INFANTIL, los niños y niñas reciben una formación básica apropiada a su edad. Aprender a rezar en la oración de la mañana, también a reconocer a Dios y a María a través de cuadros, dibujos, canciones, etc. Por ello se organizan actividades como las visitas a la iglesia del Socorro en fiestas concretas, o actividades solidarias como la campaña de Infancia Misionera.

En EDUCACIÓN PRIMARIA, los jóvenes trabajan los valores, doctrina e historia cristiana a través de la asignatura de religión, la cual es común y obligatoria para todos los cursos. Además se ofrecen dos grandes actividades optativas, por un lado la catequesis de Primera Comunión y por otro, los Grupos Tagaste.

La catequesis de Primera Comunión se lleva a cabo en dos años, coincidiendo con los cursos 2º y 3º de Primaria. En ellos los respectivos catequistas enseñan la doctrina necesaria y la sensibilidad espiritual para llevar a cabo su primera Confesión y la Primera Comunión, la cual se realiza en la iglesia del Socorro entorno los meses de mayo y junio. Los chavales reciben semanalmente una sesión teórica, que puede ir acompañada de actividades y salidas, como las convivencias de final de catequesis, donde durante un fin de semana se sumergen en un ambiente cristiano y lúdico en vísperas de su Primera Comunión.

Los Grupos Tagaste I son grupos de jóvenes con inquietudes que se reúnen semanalmente, y de la mano de un monitor/a reciben una formación ya sea teórica o mediante actividades lúdicas, manuales, etc. Esta actividad se ofrece a chicos y chicas de los cursos de 4º, 5º y 6º de Primaria. Protagonizan gran número de campañas solidarias en el colegio, como por ejemplo la Merienda solidaria del Domund o el mercadillo solidario a favor de Manos Unidas, entre otras. También llevan a cabo salidas o convivencias fuera del Colegio, especialmente en los tiempos fuertes del Año litúrgico (Navidad y Pascua) y en las vacaciones de verano (junto a otros colegios de la Provincia Agustiniana Matritense).

En la ESO, también existen diversas actividades como Tagaste II, Catequesis de Confirmación y Voluntariado Agustiniano. Tagaste II tiene la misma dinámica que Tagaste I y está dedicado a jóvenes de 1º de la ESO. Catequesis de Confirmación es el proceso de maduración en la fe con tal de prepararse para recibir el Sacramento de la Confirmación, el cual se lleva a cabo en dos años entre 4º de la ESO y primero de Bachillerato. Finalmente Voluntariado Agustiniano es una iniciativa solidaria para chicos y chicas de 2º, 3º y 4º de la ESO, donde realizan una serie de actividades, dentro y fuera del colegio, de servicio a la comunidad y crecimiento en valores.

Durante el curso, todo el alumnado participa en Eucaristías (como la de inicio de curso, Pascua, fin de curso, etc.), son invitados a la recepción de sacramentos en los tiempos fuertes de la Liturgia, celebración de actos penitenciales comunitarios y otros actos de piedad: el Vía Crucis urbano (visitando imágenes de Crucificados de tradición palmesana), el culto tradicional a Santa Rita de Casia, de gran devoción en nuestra iglesia del Socorro, etc.

No podemos olvidar otras actividades o campañas que se llevan a cabo para todo el Colegio, como el Día del Profesor (dedicado a agradecer la excelente labor del profesorado) o las Eucaristías mensuales dedicadas a la familia, en las cuales se reúnen familias, personal docente y no docente para alabar al Señor y vivir la liturgia unidos.

Un colegio, en fin, que hace familia y hace iglesia, educando –desde hace 125 años– y forjando personas para el futuro. La aventura de Agustín de Hipona aquí y ahora para el bien de la sociedad y de los niños y jóvenes que se educan en sus aulas. Es nuestra pasión.

Juan José Soler, antiguo alumno, catequista y monitor de pastoral.

Mensaje del Santo Padre Francisco Cuaresma 2018

Mensaje del Santo Padre Francisco para la Cuaresma 2018

  

«Al crecer la maldad, se enfriará el amor en la mayoría» (Mt 24,12)

 

Queridos hermanos y hermanas:

Una vez más nos sale al encuentro la Pascua del Señor. Para prepararnos a recibirla, la Providencia de Dios nos ofrece cada año la Cuaresma, «signo sacramental de nuestra conversión» [1], que anuncia y realiza la posibilidad de volver al Señor con todo el corazón y con toda la vida.

Como todos los años, con este mensaje deseo ayudar a toda la Iglesia a vivir con gozo y con verdad este tiempo de gracia; y lo hago inspirándome en una expresión de Jesús en el Evangelio de Mateo: «Al crecer la maldad, se enfriará el amor en la mayoría» (24,12).

Esta frase se encuentra en el discurso que habla del fin de los tiempos y que está ambientado en Jerusalén, en el Monte de los Olivos, precisamente allí donde tendrá comienzo la pasión del Señor. Jesús, respondiendo a una pregunta de sus discípulos, anuncia una gran tribulación y describe la situación en la que podría encontrarse la comunidad de los fieles: frente a acontecimientos dolorosos, algunos falsos profetas engañarán a mucha gente hasta amenazar con apagar la caridad en los corazones, que es el centro de todo el Evangelio.

 

Los falsos profetas

Escuchemos este pasaje y preguntémonos: ¿qué formas asumen los falsos profetas?

Son como «encantadores de serpientes», o sea, se aprovechan de las emociones humanas para esclavizar a las personas y llevarlas adonde ellos quieren. Cuántos hijos de Dios se dejan fascinar por las lisonjas de un placer momentáneo, al que se le confunde con la felicidad. Cuántos hombres y mujeres viven como encantados por la ilusión del dinero, que los hace en realidad esclavos del lucro o de intereses mezquinos. Cuántos viven pensando que se bastan a sí mismos y caen presa de la soledad.

Otros falsos profetas son esos «charlatanes» que ofrecen soluciones sencillas e inmediatas para los sufrimientos, remedios que sin embargo resultan ser completamente inútiles: cuántos son los jóvenes a los que se les ofrece el falso remedio de la droga, de unas relaciones de «usar y tirar», de ganancias fáciles pero deshonestas. Cuántos se dejan cautivar por una vida completamente virtual, en que las relaciones parecen más sencillas y rápidas pero que después resultan dramáticamente sin sentido. Estos estafadores no sólo ofrecen cosas sin valor sino que quitan lo más valioso, como la dignidad, la libertad y la capacidad de amar. Es el engaño de la vanidad, que nos lleva a pavonearnos… haciéndonos caer en el ridículo; y el ridículo no tiene vuelta atrás. No es una sorpresa: desde siempre el demonio, que es «mentiroso y padre de la mentira» (Jn 8,44), presenta el mal como bien y lo falso como verdadero, para confundir el corazón del hombre. Cada uno de nosotros, por tanto, está llamado a discernir y a examinar en su corazón si se siente amenazado por las mentiras de estos falsos profetas. Tenemos que aprender a no quedarnos en un nivel inmediato, superficial, sino a reconocer qué cosas son las que dejan en nuestro interior una huella buena y más duradera, porque vienen de Dios y ciertamente sirven para nuestro bien.

 

Un corazón frío

Dante Alighieri, en su descripción del infierno, se imagina al diablo sentado en un trono de hielo [2]; su morada es el hielo del amor extinguido. Preguntémonos entonces: ¿cómo se enfría en nosotros la caridad? ¿Cuáles son las señales que nos indican que el amor corre el riesgo de apagarse en nosotros?

Lo que apaga la caridad es ante todo la avidez por el dinero, «raíz de todos los males» (1 Tm 6,10); a esta le sigue el rechazo de Dios y, por tanto, el no querer buscar consuelo en él, prefiriendo quedarnos con nuestra desolación antes que sentirnos confortados por su Palabra y sus Sacramentos [3]. Todo esto se transforma en violencia que se dirige contra aquellos que consideramos una amenaza para nuestras «certezas»: el niño por nacer, el anciano enfermo, el huésped de paso, el extranjero, así como el prójimo que no corresponde a nuestras expectativas.

También la creación es un testigo silencioso de este enfriamiento de la caridad: la tierra está envenenada a causa de los desechos arrojados por negligencia e interés; los mares, también contaminados, tienen que recubrir por desgracia los restos de tantos náufragos de las migraciones forzadas; los cielos —que en el designio de Dios cantan su gloria— se ven surcados por máquinas que hacen llover instrumentos de muerte.

El amor se enfría también en nuestras comunidades: en la Exhortación apostólica Evangelii gaudium traté de describir las señales más evidentes de esta falta de amor. estas son: la acedia egoísta, el pesimismo estéril, la tentación de aislarse y de entablar continuas guerras fratricidas, la mentalidad mundana que induce a ocuparse sólo de lo aparente, disminuyendo de este modo el entusiasmo misionero [4].

 

¿Qué podemos hacer?

Si vemos dentro de nosotros y a nuestro alrededor los signos que antes he descrito, la Iglesia, nuestra madre y maestra, además de la medicina a veces amarga de la verdad, nos ofrece en este tiempo de Cuaresma el dulce remedio de la oración, la limosna y el ayuno.

El hecho de dedicar más tiempo a la oración hace que nuestro corazón descubra las mentiras secretas con las cuales nos engañamos a nosotros mismos [5], para buscar finalmente el consuelo en Dios. Él es nuestro Padre y desea para nosotros la vida.

El ejercicio de la limosna nos libera de la avidez y nos ayuda a descubrir que el otro es mi hermano: nunca lo que tengo es sólo mío. Cuánto desearía que la limosna se convirtiera para todos en un auténtico estilo de vida. Al igual que, como cristianos, me gustaría que siguiésemos el ejemplo de los Apóstoles y viésemos en la posibilidad de compartir nuestros bienes con los demás un testimonio concreto de la comunión que vivimos en la Iglesia. A este propósito hago mía la exhortación de san Pablo, cuando invitaba a los corintios a participar en la colecta para la comunidad de Jerusalén: «Os conviene» (2 Co 8,10). Esto vale especialmente en Cuaresma, un tiempo en el que muchos organismos realizan colectas en favor de iglesias y poblaciones que pasan por dificultades. Y cuánto querría que también en nuestras relaciones cotidianas, ante cada hermano que nos pide ayuda, pensáramos que se trata de una llamada de la divina Providencia: cada limosna es una ocasión para participar en la Providencia de Dios hacia sus hijos; y si él hoy se sirve de mí para ayudar a un hermano, ¿no va a proveer también mañana a mis necesidades, él, que no se deja ganar por nadie en generosidad? [6]

El ayuno, por último, debilita nuestra violencia, nos desarma, y constituye una importante ocasión para crecer. Por una parte, nos permite experimentar lo que sienten aquellos que carecen de lo indispensable y conocen el aguijón del hambre; por otra, expresa la condición de nuestro espíritu, hambriento de bondad y sediento de la vida de Dios. El ayuno nos despierta, nos hace estar más atentos a Dios y al prójimo, inflama nuestra voluntad de obedecer a Dios, que es el único que sacia nuestra hambre.

Querría que mi voz traspasara las fronteras de la Iglesia Católica, para que llegara a todos ustedes, hombres y mujeres de buena voluntad, dispuestos a escuchar a Dios. Si se sienten afligidos como nosotros, porque en el mundo se extiende la iniquidad, si les preocupa la frialdad que paraliza el corazón y las obras, si ven que se debilita el sentido de una misma humanidad, únanse a nosotros para invocar juntos a Dios, para ayunar juntos y entregar juntos lo que podamos como ayuda para nuestros hermanos.

 

El fuego de la Pascua

Invito especialmente a los miembros de la Iglesia a emprender con celo el camino de la Cuaresma, sostenidos por la limosna, el ayuno y la oración. Si en muchos corazones a veces da la impresión de que la caridad se ha apagado, en el corazón de Dios no se apaga. Él siempre nos da una nueva oportunidad para que podamos empezar a amar de nuevo.

Una ocasión propicia será la iniciativa «24 horas para el Señor», que este año nos invita nuevamente a celebrar el Sacramento de la Reconciliación en un contexto de adoración eucarística. En el 2018 tendrá lugar el viernes 9 y el sábado 10 de marzo, inspirándose en las palabras del Salmo 130,4: «De ti procede el perdón». En cada diócesis, al menos una iglesia permanecerá abierta durante 24 horas seguidas, para permitir la oración de adoración y la confesión sacramental.

En la noche de Pascua reviviremos el sugestivo rito de encender el cirio pascual: la luz que proviene del «fuego nuevo» poco a poco disipará la oscuridad e iluminará la asamblea litúrgica. «Que la luz de Cristo, resucitado y glorioso, disipe las tinieblas de nuestro corazón y de nuestro espíritu» [7], para que todos podamos vivir la misma experiencia de los discípulos de Emaús: después de escuchar la Palabra del Señor y de alimentarnos con el Pan eucarístico nuestro corazón volverá a arder de fe, esperanza y caridad.

Los bendigo de todo corazón y rezo por ustedes. No se olviden de rezar por mí.

Vaticano, 1 de noviembre de 2017. Solemnidad de Todos los Santos

Francisco

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[1] Misal Romano, I Dom. de Cuaresma, Oración Colecta.

[2] «Salía el soberano del reino del dolor fuera de la helada superficie, desde la mitad del pecho» (Infierno XXXIV, 28-29).

[3] «Es curioso, pero muchas veces tenemos miedo a la consolación, de ser consolados. Es más, nos sentimos más seguros en la tristeza y en la desolación. ¿Sabéis por qué? Porque en la tristeza nos sentimos casi protagonistas. En cambio en la consolación es el Espíritu Santo el protagonista» (Ángelus, 7 diciembre 2014).

[4] Núms. 76-109.

[5] Cf. Benedicto XVI, Enc. Spe salvi, 33.

[6] Cf. Pío XII, Enc. Fidei donum, III.

[7] Misal Romano, Vigilia Pascual, Lucernario.

 

Feliz Navidad

Es verdad que nace entre nosotros Jesús, el esperado en los siglos, el Mesías Señor.

Celebrar año tras año la fiesta de su Natividad es una responsabilidad de todo cristiano. Todos, de una manera u otra, somos testigos o víctimas de la manipulación que estas fiestas tienen en medio de nuestro mundo. Al amparo de una celebración religiosa milenaria los mecanismos del mundo económico, incluso político; las costumbres y tradiciones de nuestro pueblo se tiñen de fiesta, pero –lo sabemos– no siempre responde la celebración a una vivencia profunda del misterio que acontece; ese misterio que confiesa la fe cristiana: Que Jesús, el Señor, el Hijo eterno del Padre se hace hombre en medio de nosotros, en nosotros; que verdaderamente nace en nuestros corazones, en el corazón de la Iglesia.

Por eso los cristianos tendríamos que luchar con todas nuestras fuerzas para que no se siga adulterando la Navidad, al menos que no entre en la realidad de nuestros hogares y familias, y –menos aún– en nuestros corazones esa falsa Navidad que nos quieren vender y que venden…

Nace Jesús, y nace cuando los corazones en verdad se han abierto a su presencia. Y estamos dispuestos a vivir su presencia entre nosotros con un espíritu renovado. Cuando de verdad sentimos en lo más profundo de nuestro corazón deseos de conversión a la luz de su Palabra, a la fuerza de su testimonio, a la energía de su entrega.

Nace Jesús en nosotros cuando descubrimos la capacidad de discernir –sin engañarnos– la distancia abismal que existe entre el bien y el mal; cuando no nos dejamos arrebatar por doctrinas erróneas, que por más que las defiendan la mayoría en nuestro entorno no nos dejamos arrastrar por ellas, sino que hacemos todo lo posible por ir contracorriente a las inventivas del este mundo tan raro y tan confuso en el que vivimos.

Nace Jesús cuando descaradamente, sin máscaras ni tapujos vamos dando testimonio veraz y elocuente de que somos discípulos suyos, apóstoles suyos, sus testigos, aunque esto nos señale ante los demás; aunque nos provoque situaciones adversas.

Nace Jesús si intentamos siempre ser buenos, justos, amables, compasivos y misericordiosos.

Nace Jesús en nosotros cuando se renueva en nuestra vida el compromiso de servicio a los pobres y necesitados; cuando la caridad complica nuestra vida y nuestra nómina.

Entonces sí, entonces sí que podemos celebrar la Navidad y lanzar a los aires el aleluya de los ángeles y vibrar como los pastores, corriendo hacia Belén; y arrodillarnos ante el Divino Niño y sentir en el hondón del alma esa alegría y esa ternura que provoca la Navidad.

Porque todo lo otro, lo que vemos y sufrimos –incluso– entre la parafernalia de estas fiestas, en verdad, no habla de ÉL. El gasto desorbitado, las fanfarrias de consumismo inútil, el despliegue de caras bobaliconas diciendo feliz Navidad, cuando no se confiesa el nombre de Jesucristo, ni importa su Palabra y las exigencias del evangelio; la realidad de su Iglesia y la comunión con ella, eso sirve sólo para adormecernos en un cambio de año y hacernos creer que somos buenos o tenemos sólo buenos sentimientos en unas escasas horas del año. Ni Jesús se merece eso, ni nosotros estamos aquí para perder el tiempo.

Por eso, amigos, hermanos, feliz Navidad. Que en verdad estas fiestas del Dios-con-nosotros, nos acerquen a Él y renueven lo mejor de la fe en nuestros corazones. Para aplicar esto a la vida personal, preguntaos al terminar estas fiestas: ¿En qué me ha complicado la vida la celebración del Nacimiento de Jesús este año? ¿Qué estoy dispuesto a dar de mí para el bien de los demás? ¿Qué compromiso con la Iglesia surge o se transforma a mejor a la luz de esta Navidad? Y a partir de ahí, cuando con sinceridad os respondáis a vosotros mismos, decíos con libertad: En verdad que ha nacido en mí Jesús, el Verbo eterno del eterno Padre, el Hijo de María, mi Mesías, mi Señor.

¡Feliz Navidad a todos!

125 años del colegio san Agustín de Palma

El día 3 de noviembre de 1892 fue fundado el colegio san Agustín en la ciudad de Palma con el título de “Dulcísimo Nombre de Jesús”, perteneciente a la orden de san Agustín, convirtiéndose en el colegio decano de enseñanza religiosa privada en Mallorca.

Los principales mecenas de la fundación del colegio fueron el sr. obispo de Mallorca, Jacinto María Servera, el conde de España, José de España y Rossiñol y el canónigo penitenciario de la catedral de Palma, el sacerdote Magín Vidal.

El obispo Cervera, antiguo alumno del colegio-seminario de la Presentación de Valencia, fundado por el agustino santo Tomás de Villanueva, manifestó siempre su especial afecto por los agustinos. El conde de España estaba muy vinculado con la orden agustiniana desde sus antepasados y, en este caso, como antes y después, fue siempre un bienhechor insigne. El canónigo Vidal fue el intermediario de los dos anteriores para preparar la vuelta de los agustinos a Palma, después de la desamortización de Mendizábal, a mediados del siglo XIX, por la que los agustinos tuvieron que abandonar el antiguo y querido convento del Socorro. El conde de España colaboró con sus propios bienes al arreglo de la casa que ocuparía la comunidad agustiniana en su regreso a Palma.

Por parte de la orden fue la provincia agustiniana de Filipinas, encargada de mantener las misiones en el Oriente, la que llevó a cabo la obra de restauración de la vida agustiniana en Mallorca.

El acto principal de la reinstalación fue la solemne celebración de la misa pontifical del 28 de agosto de 1890, fiesta de san Agustín, presidida por el obispo Cervera, en la que participó el cabildo de la catedral, el clero en general, autoridades y mucha gente de Palma. La prensa local dedicó abundante espacio a esta noticia en aquellos días.

Unos meses después de establecida la comunidad agustiniana se procedió a firmar las bases para instalar el nuevo colegio el 9 de septiembre de 1892. Las clases comenzaron el día 3 de noviembre de 1892 siendo el primer director el P. Fidel Faulín Fernández. A este le seguirán 27 directores más hasta el día de hoy. El cambio oficial de nombre por el de “San Agustín” se haría en la nueva restauración en 1963-1964. En los primeros cursos había 92 alumnos. Actualmente estudian 750 alumnos entre chicos y chicas.

Siguiendo el lema escogido para esta celebración “Forjant persones per al futur” numerosas generaciones de alumnos y alumnas de la sociedad mallorquina han pasado por las aulas del colegio a lo largo de 125 años para forjar su futuro. Fruto de la histórica labor docente y evangelizadora han surgido muchos profesionales, entre los cuales cabe destacar notarios, sacerdotes, abogados, médicos, diplomáticos con cargos de embajadores, políticos como un delegado del gobierno central y un vicepresidente del Gobierno balear, alcaldes, diputados, empresarios, arquitectos, militares y otros muchos representantes ilustres de la ciencia, de las artes y de la cultura. Entre la nobleza podemos citar los condes de España, muy ligados a la fundación del Colegio, las familias de los Gual de Torrella, de Truyols, de Palmer, de Vivot, de Sureda, de Oleza, etc.

Recordemos que en el año 1992 se celebró el primer centenario de la fundación del colegio con un extenso programa de actividades recogidas en el libro muy documentado e ilustrado, obra del P. Félix Carmona Moreno bajo el título Los Agustinos en Mallorca, cien años de historia.

El acto central de la celebración del 125 aniversario se establece para el domingo 3 de diciembre próximo, a las 12,00 h., con una misa solemne en acción de gracias presidida por el obispo de Mallorca, Mons. Sebastián Taltavull, y concelebrada por los religiosos agustinos y algunos sacerdotes de la diócesis.

Son muchas las actividades a desarrollar a lo largo del curso 2017-2018 como conferencias, conciertos, publicación de un número extraordinario de la revista “El Patio”, (órgano exponente de la actividad del colegio), encuentro de compañerismo entre todos los profesores jubilados y los actuales, reuniones de antiguos alumnos, cuadro honorífico de los directores del colegio, relación de antiguos alumnos distinguidos, exposición de “125 años del Colegio San Agustín”, relación nominal de educadores que han pasado por el Centro, efemérides que son contadas diariamente en la oración matinal en las aulas a través de megafonía.

Como acto de clausura del centenario tendrá lugar en el mes de marzo del próximo año un acto académico con la presencia de autoridades religiosas y civiles.

San Alonso Rodríguez

San Alonso Rodríguez, patrón de la Isla de Mallorca

Un hombre sencillo, un hombre cabal; un castellano de esos recios y rigurosos que van dejando surcos de autenticidad, de honradez y nobleza allí donde pisan. Ese fue, hace 400 años, Alonso Rodríguez, el sencillo hermano portero del colegio de Montesión, de los PP. Jesuitas en Palma de Mallorca.

Le recordamos en el cuarto centenario (1617-2017) de su tránsito al cielo, cargado de años y méritos, de silencios inauditos y de palabras y consejos y experiencias sublimes. Una vida sin realce humano y social alguno; casi una vida escondida, pero que -desde nuestra memoria agradecida- dibuja inmensidades como el mar que baña la Bahía de Palma.

Nació en Segovia (1532), hijo de un comerciante de telas. De niño conoció al Beato jesuita Pedro Fabro y, por amistad con los jesuitas inició sus estudios en Alcalá de Henares, teniendo que abandonarlos a los 14 años para encargarse del negocio familiar, al fallecer su padre. Joven aún contrajo matrimonio y formó un hogar junto a su esposa e hijo y cuidó de su madre anciana. Poco a poco el mundo de Alonso se desmorona: fallecen su madre, su esposa en el segundo parto, el hijo y el negocio se hunde. Alonso, arruinado y fracasado, pero movido por una fe inquebrantable y una fortaleza admirable, acepta el dolor y la contrariedad, abraza la cruz y discierne la voluntad de Dios en cuanto le acontece, para en todo amar y servir.

Viudo y solo, con 39 años pide el ingreso en la Compañía de Jesús, no sin cierto rechazo por parte de los jesuitas, que consideran obstáculos para la vocación la edad, la difícil trayectoria vital y la deficiente formación del candidato. Pero esa reticencia es vencida ante la veracidad del personaje, ante su transparencia: Alonso quería ser jesuita para ser santo, para ser de Dios todo él, sin resquicios de vanidad, orgullo o egoísmo. Y es admitido como Hermano coadjutor (religioso no sacerdote) en Valencia, a donde había dirigido sus pasos para solicitar su ingreso en la amada Compañía.

Pronto es destinado a Palma de Mallorca, al naciente colegio de Montesión fundado por el jesuita mallorquín, P. Jerónimo Nadal, colaborador estrecho de San Ignacio de Loyola en los inicios de la Compañía de Jesús. En Montesión es nombrado portero del colegio, oficio que ejerció hasta su muerte en 1617.

Hombre de gran humildad y profunda vida interior, vivía en constante presencia de Dios, alcanzando con ello una profunda sensibilidad y desplegando con cuantos se relacionaba un trato espiritual, que le buscaran para recibir consejo y guía espiritual, desde el más pobre hasta el virrey o jesuitas como san Pedro Claver, el gran apóstol de los esclavos negros en América, que siendo estudiante en Palma se lanzó a la tarea misionera animado por los consejos del santo portero de Montesión, al que consideró siempre su “maestro”.

En la portería atiende a la comunidad, a los colegiales, a las familias y a toda clase de huéspedes y transeúntes. Los que lo conocieron y trataron dejaron constancia de que jamás alguien recibió del hermano Alonso un trato maleducado o frío, sino que por el contrario, todos se sentían tratados como si fueran grandes personajes. Se propuso ver a Jesús en cada visitante que llegaba, y tratarle como si fuera Jesús. Cuando alguien le preguntaba por qué no era más áspero con ciertos tipos inoportunos, le respondía: “Es que a Jesús que se disfraza de prójimo, nunca lo podemos tratar con aspereza o mala educación“. Cuando escuchaba que llamaban a la puerta, solía decir: “Ya voy, Señor”, como si fuera Jesús el que llamaba.

No siempre le fue fácil a Alonso mantenerse firme en el seguimiento de Jesús. Le costaba mucho la oración, tenía que superar dificultades y cansancios, y esto le hacía mucho sufrir, pero él se ejercitaba en la paciencia e insistía en hablar más con Jesús en oración. Cuando se movía por la casa, cuando atendía a las obligaciones, Alonso procuraba estar unido al Señor.

Quiso mucho a la Virgen María. Un día ante un momento de dificultad, al pasar frente a una imagen de la Virgen, le gritó: “Santa María Madre de Dios, acuérdate de mí” e inmediatamente sintió una gran paz. En otra ocasión, siendo ya muy mayor, acompañando a un Padre de la comunidad a celebrar misa en el castillo de Belver, en la subida sintió cansancio y se sentó en una piedra, a descansar un poco. De repente sintió como si la Virgen estuviera a su lado y le enjugara el rostro con un lienzo. Esta imagen está muy repetida en los cuadros e imágenes del santo y manifiesta su amor a la Virgen María, que fue siempre su gran protectora y defensora hasta la hora de su muerte.

Por indicación de sus superiores escribió muchas páginas en las que contaba cómo había vivido su amistad con Jesús y cómo le había intentado servir, sirviendo al prójimo. Es una “autobiografía espiritual”, con cantidad de detalles que lo muestran como un auténtico maestro de espiritualidad y explican cómo  las gentes de todas las clases sociales iban al colegio a pedirle sus consejos, a consultarle sus dudas y a recibir consuelo para sus penas. También se conservan cartas suyas con las que ejerce un verdadero magisterio. Su lenguaje es sencillo y muy popular, pero logra páginas de singular belleza al tratar temas de mayor hondura espiritual. La santidad que describe en sus escritos no es aprendida en los libros, es fruto de su fuerte experiencia de Dios.

Los últimos años de su vida padeció muchas enfermedades y dolores, que soportaba con paciencia y fortaleza cristiana. El 29 de octubre de 1617, crucificado de dolores por la enfermedad, al recibir la sagrada Comunión se llenó de paz y de alegría. Los dos días siguientes estuvo casi sin sentido y el 31 de octubre despertó, besó con toda emoción su crucifijo y diciendo en alta voz: “Jesús, Jesús, Jesús“, se durmió en el Señor. Su sepulcro se conserva en la iglesia de su colegio de Montesión.

Su fama de santidad se extendió por la ciudad de Palma, por toda Mallorca y la Compañía de Jesús, donde es aclamado como patrono de los Hermanos no sacerdotes. Fue declarado Venerable en 1626. El “Gran i General Consell” lo nombró patrono de la Ciudad de Palma y de la Isla de Mallorca en 1632. En 1760, Clemente XIII decretó el grado heroico de sus virtudes, pero la expulsión de España de la orden jesuita (1767) y la posterior supresión (1773) retrasaron su beatificación hasta 1825, por el papa León XII. Fue canonizado el 15 de enero de 1888 por el papa León XIII, junto a su “discípulo” y amigo jesuita San Pedro Claver.

Por la huella imborrable de evangelio, por el canto de autenticidad, de hombría de bien, de amistad profunda con Jesús, de amor a la Virgen María; por su magisterio espiritual; por el testimonio de apostolado y entrega; por su identidad con la amada Isla de Mallorca, los agustinos de Palma y sus obras de apostolado (iglesia del Socorro y colegio de San Agustín) hacemos memoria agradecida, veneramos y agradecemos ante el sepulcro del Santo el regalo que Dios nos ha hecho en él.

Santos y difuntos

Solemnidad de Todos los Santos y Conmemoración de todos los fieles difuntos

La fiesta de Todos los Santos nos tiene que llenar de alegría y de esperanza. Celebramos la “muchedumbre inmensa, incontable. Gentes de toda raza, lengua, pueblo y nación…, todos con vestiduras blancas.., proclamando con voz potente: ¡La salvación viene de nuestro Dios, que está sentado en el trono y del Cordero!

Celebramos hoy a tantos hombres y mujeres, que a lo largo de la historia, historia de salvación, han cumplido en sus vidas la voluntad de Dios, viviendo como verdaderos hijos suyos y como hermanos del prójimo.

Celebramos y honramos en este día a todas aquellas personas que hemos llamado buenas, en el más pleno sentido de la palabra. Honramos y recordamos a todos esos cristianos que nos precedieron en la fe, esperanza y caridad y gozan ya de la dicha de la presencia de Dios en el cielo.

Todos y cada uno de nosotros, hemos conocido y vivido junto a estos santos, que se configuraron con Cristo y que no figuran en el santoral ni en el calendario, ni tienen su estatua, imagen o cuadro en los altares de nuestras iglesias; pero que sabemos que pasaron por esta vida haciendo el bien y Dios les ha premiado con vivir para siempre en su reino de paz y amor.

A todos esos santos anónimos, nos invita la Iglesia, nuestra madre, madre de todos, a celebrar su recuerdo, a honrarles, a pedir su intercesión y a imitarles, para que así también nosotros un día, junto a ellos, podamos gozar plenamente de la vida junto a Dios, nuestro Padre, en un “domingo sin ocaso”, pleno de felicidad y alegría.

Recordemos y recemos también, en la conmemoración de todos los fieles difuntos, teniendo presentes a nuestros seres queridos que han dejado este mundo, confiándolos a la misericordia del Señor, para que Él sea su luz sin ocaso, para que puedan vivir y gozar del reino que no acaba, de la vida que no tiene fin.

Oremos por nuestros difuntos, porque es bueno y justo que su memoria en nosotros se haga oración de comunión y solidaridad con ellos y por ellos; y se haga canto de esperanza, en la confianza de que un día podamos vivir junto a ellos la vida que no termina, porque han alcanzado la realización de la promesa de Jesús: “el que cree en mí, aunque haya muerto vivirá y el que está vivo y cree en mí, no morirá para siempre”.

Fiesta de Santa Rita 2017

Mes de mayo en la Iglesia de Ntra. Sra. del Socorro de Palma de Mallorca, bajo el cuidado de los PP. Agustinos. Es un misterio que se repite año tras año, cantidad incontable de fieles pasan ante la imagen de Santa Rita de Casia a lo largo de este mes, de manera más destacada en el día de su fiesta, el 22 de mayo.

En los días previos, desde el 13, fiesta de Ntra. Sra. del Socorro, titular del templo, tiene lugar en los cultos de la tarde la celebración de la novena en honor de la Santa. La media de asistencia en estos cultos es de más de un centenar cada día, siendo imparable el paso de devotos en la mañana o en la tarde, según horario de apertura del templo. Al terminar la misa vespertina, ante la imagen de la Santa se entona el himno en su honor, obra de los PP. Samuel Rubio (música) y Andrés Pérez de Toledo (letra), a la que añadió tres estrofas el actual Rector del templo, para tener así una distinta cada día de la novena.

El día 21 del mes, último de la novena, al terminar la misa, se hace la bendición de rosas y el aceite de la Santa, según el ritual de la Orden Agustiniana. Los devotos traen sus propias rosas, que se llevarán bendecidas, y al mismo tiempo donan al templo rosas, que serán repartidas acompañadas de una estampa entre los fieles que vayan pasando por el templo. Y son miles cada año. He ahí el misterio del mes de mayo en el Socors de Palma.

Misterio o milagro. Masas: ancianos, adultos, jóvenes, niños… de toda clase y condición, de la ciudad y de los pueblos cercanos y lejanos. Es una auténtica peregrinación urbana. Españoles y extranjeros, locales o inmigrantes. Masas, que ordenadamente se sitúan frente a Santa Rita y ponen a sus pies su corazón y su vida: dando gracias, buscando su intercesión para una necesidad, poniendo un dolor, un sufrimiento, un silencio, una lágrima y un río incontable de esperanza.

Año tras año, con fidelidad inaudita. No hay anuncios de periódicos, nadie llama a nadie. Indefectible.: el 22 de mayo: “anem al Socors…”, “vamos al Socorro”, que allí nos espera la Santa abogada de imposibles.

Pero no es este espectáculo de masas, las largas filas que se desparraman por las calles vecinas, la cantidad de flores de todas clases, de rosas principalmente, que adornan la capilla… Lo que más llama la atención es que esa procesión concentrada en un día y en los previos de la celebración de la novena, se prolonga a lo largo del año en un continuo y permanente recalar de fieles con su dolor y su lágrima, con su gozo y su sonrisa, ante la Santa de Casia, sobrecargados de una esperanza que hace posible seguir luchando, tirar hacia adelante, esperar contra toda esperanza que puede brillar, más allá de las tinieblas que a veces nos enturbian el horizonte, un sol capaz de deslumbrar la mentira del hombre y del mundo. Ahí está lo más espectacular del culto a Santa Rita de Casia. La constancia de los fieles del día a día.

En su fiesta se celebran misas a cada hora, desde las 8,00 hasta las 13,00 h., con una asistencia media de 200 fieles en cada misa. Al finalizar la misa se da a venerar la reliquia de la Santa, que se conserva desde finales del siglo XIX en esta iglesia. La atención al confesionario, la predicación, el cuidado del templo, la atención a las personas con dificultades de movilidad, a los ancianos, la atención personalizada a los fieles que lo solicitan… es todo un movimiento de apostolado que la comunidad agustiniana puede llevar adelante por la ayuda incondicional de laicos comprometidos, fuertes devotos de la Santa, que a lo largo del año desgastan horas en el cuidado del templo y en el culto.

A la tarde se celebra la misa solemne, concelebrada por la comunidad de PP. Agustinos, que este año presidió Mn. Nadal Bernat i Salas, Vicario Judicial de la Diócesis de Mallorca, que tuvo palabras de agradecimiento y fraternidad con la comunidad agustiniana y la labor que realiza en el colegio San Agustín y esta iglesia del Socorro, al servicio de la sociedad de Palma y la iglesia de Mallorca.

Al concluir la misa la reliquia es ofrecida a la veneración de los fieles, mientras se entona, solemnísimo, el himno en honor de la Santa.

Un año más Santa Rita ha tenido el culto que se merece en este templo, donde secularmente se le ha rendido veneración con entusiasmo por parte del pueblo de Mallorca en este su solar y casa.

San José, nuestro custodio

Estamos a pocas fechas de comenzar el mes de marzo y en este mes la festividad de San José supone un alto alegre en el tiempo de Cuaresma.

San José fue nombrado patrón de la Iglesia Universal por el Papa Pío IX en 1847. Desde entonces los distintos Papas hasta el Papa Francisco, han sido grandes devotos de S. José y su devoción y amparo se extienden por todo el mundo. El Papa S. Juan Pablo II, escribió una Exhortación Apostólica, que lleva por título; “Redemptoris Custos” (El Custodio del Redentor). Es el título más grande y más hermoso que podemos dar a San José, entendiendo que esa misión de custodia, de guardián y protector se extiende también a nosotros, hermanos de Jesús.

En nuestra iglesia del Socorro tenemos una capilla dedicada a San José, con una imagen, de madera tallada y policromada, del siglo XVIII, encuadrada por columnas barrocas. Aparece San José, joven, portando en sus brazos al Niño Jesús, con una expresión alegre y cercana. El altar fue encargado por el agustino, P. Agustín M. Pont, gran devoto del santo, como agradecimiento a un favor recibido por medio del Santo Patriarca. En la misma capilla, en lo alto podemos apreciar un cuadro interesante de la Sagrada Familia, acompañados por S. Joaquín y Santa Ana, abuelos maternos de Jesús.

La figura de San José aparece sólo en los evangelios de San Mateo y de San Lucas, siempre en referencia a Jesús y a María, como padre y esposo. José es el “varón justo”, que vive de su trabajo de “carpintero” en Nazaret, como expresión del amor a su familia, la Sagrada Familia de Nazaret, donde Jesús creció en “sabiduría y gracia ante Dios y ante los hombres”, hasta dar comienzo a su vida pública. En los evangelios José pasa de manera callada, de modo humilde y sencillo. Es el “santo del silencio”, sólo se nos narran sus actos, su actuar siempre según los planes de Dios y siempre obediente a Él. No tuvo una vida fácil, pero su fe y confianza en Dios, siempre guiaron su vida en el misterio de la Salvación.

Santa Teresa tenía una gran devoción a este “santo parlero”, le encargaba ser el guardián del monasterio cuando ella viajaba para las fundaciones de otros monasterios. “Tomé por abogado al glorioso San José, escribirá la Santa. No me acuerdo hasta ahora de haberle suplicado cosa que haya dejado de hacer. Es cosa que espanta las grandes mercedes que me ha hecho Dios por medio de este bienaventurado santo “. El primer monasterio de la reforma carmelitana, será el de San José, en la ciudad de Ávila.

San José es, para todos los cristianos, para toda la Iglesia, un modelo en su confianza siempre y en todo a Dios y ajustando su vida en el cumplimento de su voluntad. Él es un gran intercesor para ser fieles a Dios, para la vida de trabajo, para la estabilidad y armonía en la familia. ¿Cómo podría Jesús no atender a los ruegos de quien fue su custodio fiel, ejerciendo sobre él con un cuidado exquisito la responsabilidad de la paternidad y el cuidado de la Sagrada Familia? Acudamos con confianza al Patriarca San José, pidiéndole por nuestras familias. Encomendemos, también a San José nuestras oraciones, pidiendo por las vocaciones religiosas y sacerdotales, ya que es patrono de los seminarios.

En nuestra iglesia del Socorro celebraremos, como es costumbre, un solemne triduo en su honor, para preparar su fiesta, y la misa solemne a las 19,00 h.  el lunes 20 de marzo, pues la fiesta este año cambia de día por coincidir el 19 de marzo con domingo de Cuaresma.

José Luis Ovejero

Restauración del retablo de la Coronación de la Virgen

El pasado jueves, 8 de diciembre, solemnidad de la Inmaculada Concepción, tuvo lugar en la iglesia de Ntra. Sra. del Socorro de los PP. Agustinos, la inauguración de la restauración integral del retablo de la Coronación de la Virgen, obra barroca del siglo XVIII.

El acto fue celebrado en la misa solemne, presidida a las 12,00 h., por el Rector de la iglesia, P. Jesús Miguel Benítez, y concelebrada por los PP. José Luis Ovejero, prior de la comunidad, y Baltasar Ramis.

Comenzó la celebración con el canto del Ángelus ante la capilla de la Coronación, siguiendo la celebración de la Eucaristía en el altar mayor y concluyendo esta con el canto de la Salve ante la capilla restaurada.

El retablo es una muestra preciosa y original de los conocidos como “retablos de rosario”, por adornarse con pequeños lienzos sobre los misterios marianos. La imagen central es una talla de la Virgen María coronada por la Santísima Trinidad. El retablo se hizo a principios del siglo XVIII, por iniciativa y a expensas de P. Martín Font Perelló, miembro de la comunidad del Socorro. La imagen de la Virgen es una impresionante muestra barroca de madera tallada y policromada, obra de Andrés Carbonell, (c. 1690-1764) según una tabla que se oculta en el interior de la imagen. A ambos lados del cuerpo central del retablo encontramos dos lienzos con santos agustinos: el Beato Gonzalo de Lagos, agustino portugués, a la izquierda, obra de 1.854; y el lienzo de San Liberato, San Bonifacio y compañeros, agustinos mártires africanos del siglo VI, a la derecha, de 1.855. Ambos lienzos son obra del pintor mallorquín Salvador Torres, realizados por encargo del P. Gonzalo Arnau, agustino exclaustrado, que era custos de la iglesia del Socorro en las fechas en que fueron realizados, según las leyendas que se conservan en el reverso de los lienzos.

Esta capilla era conocida también como capilla de la Purísima por el lienzo de la Inmaculada Concepción, del siglo XVIII, con el que se cerraba el camarín de la Virgen, posiblemente en las fiestas de la Inmaculada, permitiendo también la ostensión del misterio de la Coronación. Curiosa muestra, pues, de retablo-telón, que responde a la expresión barroca de la liturgia. Este lienzo ha sido retirado de su lugar original por el deficiente estado de conservación y está a la espera de una restauración integral.

El conjunto del retablo, imágenes y lienzos han sido restaurados en diferentes fases, desde mayo de 2015, por el taller de restauración palmesano Es Taller, bajo la dirección de María Montserrat Dezcallar Sitjar y la estrecha colaboración de Elena Saíz Santa María y María Noemí Casellas García.

Es admirable la transformación que se ha ido realizando desde hace una década en la Iglesia de Ntra. Sra. del Socorro. Aparte del esmerado cuidado de la liturgia y la atención pastoral a los fieles, centro de la misión de la comunidad agustiniana, junto a la labor educativa en el colegio San Agustín, es admirable la labor lenta y cuidada de los PP. Agustinos en el mantenimiento y restauración del patrimonio artístico y espiritual, herencia de sus mayores, que se guarda entre los muros de esta iglesia palmesana.

Ver reportaje IB3 “Mosaic” 11 de diciembre de 2016: