125 años del colegio san Agustín de Palma

El día 3 de noviembre de 1892 fue fundado el colegio san Agustín en la ciudad de Palma con el título de “Dulcísimo Nombre de Jesús”, perteneciente a la orden de san Agustín, convirtiéndose en el colegio decano de enseñanza religiosa privada en Mallorca.

Los principales mecenas de la fundación del colegio fueron el sr. obispo de Mallorca, Jacinto María Servera, el conde de España, José de España y Rossiñol y el canónigo penitenciario de la catedral de Palma, el sacerdote Magín Vidal.

El obispo Cervera, antiguo alumno del colegio-seminario de la Presentación de Valencia, fundado por el agustino santo Tomás de Villanueva, manifestó siempre su especial afecto por los agustinos. El conde de España estaba muy vinculado con la orden agustiniana desde sus antepasados y, en este caso, como antes y después, fue siempre un bienhechor insigne. El canónigo Vidal fue el intermediario de los dos anteriores para preparar la vuelta de los agustinos a Palma, después de la desamortización de Mendizábal, a mediados del siglo XIX, por la que los agustinos tuvieron que abandonar el antiguo y querido convento del Socorro. El conde de España colaboró con sus propios bienes al arreglo de la casa que ocuparía la comunidad agustiniana en su regreso a Palma.

Por parte de la orden fue la provincia agustiniana de Filipinas, encargada de mantener las misiones en el Oriente, la que llevó a cabo la obra de restauración de la vida agustiniana en Mallorca.

El acto principal de la reinstalación fue la solemne celebración de la misa pontifical del 28 de agosto de 1890, fiesta de san Agustín, presidida por el obispo Cervera, en la que participó el cabildo de la catedral, el clero en general, autoridades y mucha gente de Palma. La prensa local dedicó abundante espacio a esta noticia en aquellos días.

Unos meses después de establecida la comunidad agustiniana se procedió a firmar las bases para instalar el nuevo colegio el 9 de septiembre de 1892. Las clases comenzaron el día 3 de noviembre de 1892 siendo el primer director el P. Fidel Faulín Fernández. A este le seguirán 27 directores más hasta el día de hoy. El cambio oficial de nombre por el de “San Agustín” se haría en la nueva restauración en 1963-1964. En los primeros cursos había 92 alumnos. Actualmente estudian 750 alumnos entre chicos y chicas.

Siguiendo el lema escogido para esta celebración “Forjant persones per al futur” numerosas generaciones de alumnos y alumnas de la sociedad mallorquina han pasado por las aulas del colegio a lo largo de 125 años para forjar su futuro. Fruto de la histórica labor docente y evangelizadora han surgido muchos profesionales, entre los cuales cabe destacar notarios, sacerdotes, abogados, médicos, diplomáticos con cargos de embajadores, políticos como un delegado del gobierno central y un vicepresidente del Gobierno balear, alcaldes, diputados, empresarios, arquitectos, militares y otros muchos representantes ilustres de la ciencia, de las artes y de la cultura. Entre la nobleza podemos citar los condes de España, muy ligados a la fundación del Colegio, las familias de los Gual de Torrella, de Truyols, de Palmer, de Vivot, de Sureda, de Oleza, etc.

Recordemos que en el año 1992 se celebró el primer centenario de la fundación del colegio con un extenso programa de actividades recogidas en el libro muy documentado e ilustrado, obra del P. Félix Carmona Moreno bajo el título Los Agustinos en Mallorca, cien años de historia.

El acto central de la celebración del 125 aniversario se establece para el domingo 3 de diciembre próximo, a las 12,00 h., con una misa solemne en acción de gracias presidida por el obispo de Mallorca, Mons. Sebastián Taltavull, y concelebrada por los religiosos agustinos y algunos sacerdotes de la diócesis.

Son muchas las actividades a desarrollar a lo largo del curso 2017-2018 como conferencias, conciertos, publicación de un número extraordinario de la revista “El Patio”, (órgano exponente de la actividad del colegio), encuentro de compañerismo entre todos los profesores jubilados y los actuales, reuniones de antiguos alumnos, cuadro honorífico de los directores del colegio, relación de antiguos alumnos distinguidos, exposición de “125 años del Colegio San Agustín”, relación nominal de educadores que han pasado por el Centro, efemérides que son contadas diariamente en la oración matinal en las aulas a través de megafonía.

Como acto de clausura del centenario tendrá lugar en el mes de marzo del próximo año un acto académico con la presencia de autoridades religiosas y civiles.

San Alonso Rodríguez

San Alonso Rodríguez, patrón de la Isla de Mallorca

Un hombre sencillo, un hombre cabal; un castellano de esos recios y rigurosos que van dejando surcos de autenticidad, de honradez y nobleza allí donde pisan. Ese fue, hace 400 años, Alonso Rodríguez, el sencillo hermano portero del colegio de Montesión, de los PP. Jesuitas en Palma de Mallorca.

Le recordamos en el cuarto centenario (1617-2017) de su tránsito al cielo, cargado de años y méritos, de silencios inauditos y de palabras y consejos y experiencias sublimes. Una vida sin realce humano y social alguno; casi una vida escondida, pero que -desde nuestra memoria agradecida- dibuja inmensidades como el mar que baña la Bahía de Palma.

Nació en Segovia (1532), hijo de un comerciante de telas. De niño conoció al Beato jesuita Pedro Fabro y, por amistad con los jesuitas inició sus estudios en Alcalá de Henares, teniendo que abandonarlos a los 14 años para encargarse del negocio familiar, al fallecer su padre. Joven aún contrajo matrimonio y formó un hogar junto a su esposa e hijo y cuidó de su madre anciana. Poco a poco el mundo de Alonso se desmorona: fallecen su madre, su esposa en el segundo parto, el hijo y el negocio se hunde. Alonso, arruinado y fracasado, pero movido por una fe inquebrantable y una fortaleza admirable, acepta el dolor y la contrariedad, abraza la cruz y discierne la voluntad de Dios en cuanto le acontece, para en todo amar y servir.

Viudo y solo, con 39 años pide el ingreso en la Compañía de Jesús, no sin cierto rechazo por parte de los jesuitas, que consideran obstáculos para la vocación la edad, la difícil trayectoria vital y la deficiente formación del candidato. Pero esa reticencia es vencida ante la veracidad del personaje, ante su transparencia: Alonso quería ser jesuita para ser santo, para ser de Dios todo él, sin resquicios de vanidad, orgullo o egoísmo. Y es admitido como Hermano coadjutor (religioso no sacerdote) en Valencia, a donde había dirigido sus pasos para solicitar su ingreso en la amada Compañía.

Pronto es destinado a Palma de Mallorca, al naciente colegio de Montesión fundado por el jesuita mallorquín, P. Jerónimo Nadal, colaborador estrecho de San Ignacio de Loyola en los inicios de la Compañía de Jesús. En Montesión es nombrado portero del colegio, oficio que ejerció hasta su muerte en 1617.

Hombre de gran humildad y profunda vida interior, vivía en constante presencia de Dios, alcanzando con ello una profunda sensibilidad y desplegando con cuantos se relacionaba un trato espiritual, que le buscaran para recibir consejo y guía espiritual, desde el más pobre hasta el virrey o jesuitas como san Pedro Claver, el gran apóstol de los esclavos negros en América, que siendo estudiante en Palma se lanzó a la tarea misionera animado por los consejos del santo portero de Montesión, al que consideró siempre su “maestro”.

En la portería atiende a la comunidad, a los colegiales, a las familias y a toda clase de huéspedes y transeúntes. Los que lo conocieron y trataron dejaron constancia de que jamás alguien recibió del hermano Alonso un trato maleducado o frío, sino que por el contrario, todos se sentían tratados como si fueran grandes personajes. Se propuso ver a Jesús en cada visitante que llegaba, y tratarle como si fuera Jesús. Cuando alguien le preguntaba por qué no era más áspero con ciertos tipos inoportunos, le respondía: “Es que a Jesús que se disfraza de prójimo, nunca lo podemos tratar con aspereza o mala educación“. Cuando escuchaba que llamaban a la puerta, solía decir: “Ya voy, Señor”, como si fuera Jesús el que llamaba.

No siempre le fue fácil a Alonso mantenerse firme en el seguimiento de Jesús. Le costaba mucho la oración, tenía que superar dificultades y cansancios, y esto le hacía mucho sufrir, pero él se ejercitaba en la paciencia e insistía en hablar más con Jesús en oración. Cuando se movía por la casa, cuando atendía a las obligaciones, Alonso procuraba estar unido al Señor.

Quiso mucho a la Virgen María. Un día ante un momento de dificultad, al pasar frente a una imagen de la Virgen, le gritó: “Santa María Madre de Dios, acuérdate de mí” e inmediatamente sintió una gran paz. En otra ocasión, siendo ya muy mayor, acompañando a un Padre de la comunidad a celebrar misa en el castillo de Belver, en la subida sintió cansancio y se sentó en una piedra, a descansar un poco. De repente sintió como si la Virgen estuviera a su lado y le enjugara el rostro con un lienzo. Esta imagen está muy repetida en los cuadros e imágenes del santo y manifiesta su amor a la Virgen María, que fue siempre su gran protectora y defensora hasta la hora de su muerte.

Por indicación de sus superiores escribió muchas páginas en las que contaba cómo había vivido su amistad con Jesús y cómo le había intentado servir, sirviendo al prójimo. Es una “autobiografía espiritual”, con cantidad de detalles que lo muestran como un auténtico maestro de espiritualidad y explican cómo  las gentes de todas las clases sociales iban al colegio a pedirle sus consejos, a consultarle sus dudas y a recibir consuelo para sus penas. También se conservan cartas suyas con las que ejerce un verdadero magisterio. Su lenguaje es sencillo y muy popular, pero logra páginas de singular belleza al tratar temas de mayor hondura espiritual. La santidad que describe en sus escritos no es aprendida en los libros, es fruto de su fuerte experiencia de Dios.

Los últimos años de su vida padeció muchas enfermedades y dolores, que soportaba con paciencia y fortaleza cristiana. El 29 de octubre de 1617, crucificado de dolores por la enfermedad, al recibir la sagrada Comunión se llenó de paz y de alegría. Los dos días siguientes estuvo casi sin sentido y el 31 de octubre despertó, besó con toda emoción su crucifijo y diciendo en alta voz: “Jesús, Jesús, Jesús“, se durmió en el Señor. Su sepulcro se conserva en la iglesia de su colegio de Montesión.

Su fama de santidad se extendió por la ciudad de Palma, por toda Mallorca y la Compañía de Jesús, donde es aclamado como patrono de los Hermanos no sacerdotes. Fue declarado Venerable en 1626. El “Gran i General Consell” lo nombró patrono de la Ciudad de Palma y de la Isla de Mallorca en 1632. En 1760, Clemente XIII decretó el grado heroico de sus virtudes, pero la expulsión de España de la orden jesuita (1767) y la posterior supresión (1773) retrasaron su beatificación hasta 1825, por el papa León XII. Fue canonizado el 15 de enero de 1888 por el papa León XIII, junto a su “discípulo” y amigo jesuita San Pedro Claver.

Por la huella imborrable de evangelio, por el canto de autenticidad, de hombría de bien, de amistad profunda con Jesús, de amor a la Virgen María; por su magisterio espiritual; por el testimonio de apostolado y entrega; por su identidad con la amada Isla de Mallorca, los agustinos de Palma y sus obras de apostolado (iglesia del Socorro y colegio de San Agustín) hacemos memoria agradecida, veneramos y agradecemos ante el sepulcro del Santo el regalo que Dios nos ha hecho en él.

Santos y difuntos

Solemnidad de Todos los Santos y Conmemoración de todos los fieles difuntos

La fiesta de Todos los Santos nos tiene que llenar de alegría y de esperanza. Celebramos la “muchedumbre inmensa, incontable. Gentes de toda raza, lengua, pueblo y nación…, todos con vestiduras blancas.., proclamando con voz potente: ¡La salvación viene de nuestro Dios, que está sentado en el trono y del Cordero!

Celebramos hoy a tantos hombres y mujeres, que a lo largo de la historia, historia de salvación, han cumplido en sus vidas la voluntad de Dios, viviendo como verdaderos hijos suyos y como hermanos del prójimo.

Celebramos y honramos en este día a todas aquellas personas que hemos llamado buenas, en el más pleno sentido de la palabra. Honramos y recordamos a todos esos cristianos que nos precedieron en la fe, esperanza y caridad y gozan ya de la dicha de la presencia de Dios en el cielo.

Todos y cada uno de nosotros, hemos conocido y vivido junto a estos santos, que se configuraron con Cristo y que no figuran en el santoral ni en el calendario, ni tienen su estatua, imagen o cuadro en los altares de nuestras iglesias; pero que sabemos que pasaron por esta vida haciendo el bien y Dios les ha premiado con vivir para siempre en su reino de paz y amor.

A todos esos santos anónimos, nos invita la Iglesia, nuestra madre, madre de todos, a celebrar su recuerdo, a honrarles, a pedir su intercesión y a imitarles, para que así también nosotros un día, junto a ellos, podamos gozar plenamente de la vida junto a Dios, nuestro Padre, en un “domingo sin ocaso”, pleno de felicidad y alegría.

Recordemos y recemos también, en la conmemoración de todos los fieles difuntos, teniendo presentes a nuestros seres queridos que han dejado este mundo, confiándolos a la misericordia del Señor, para que Él sea su luz sin ocaso, para que puedan vivir y gozar del reino que no acaba, de la vida que no tiene fin.

Oremos por nuestros difuntos, porque es bueno y justo que su memoria en nosotros se haga oración de comunión y solidaridad con ellos y por ellos; y se haga canto de esperanza, en la confianza de que un día podamos vivir junto a ellos la vida que no termina, porque han alcanzado la realización de la promesa de Jesús: “el que cree en mí, aunque haya muerto vivirá y el que está vivo y cree en mí, no morirá para siempre”.

Fiesta de Santa Rita 2017

Mes de mayo en la Iglesia de Ntra. Sra. del Socorro de Palma de Mallorca, bajo el cuidado de los PP. Agustinos. Es un misterio que se repite año tras año, cantidad incontable de fieles pasan ante la imagen de Santa Rita de Casia a lo largo de este mes, de manera más destacada en el día de su fiesta, el 22 de mayo.

En los días previos, desde el 13, fiesta de Ntra. Sra. del Socorro, titular del templo, tiene lugar en los cultos de la tarde la celebración de la novena en honor de la Santa. La media de asistencia en estos cultos es de más de un centenar cada día, siendo imparable el paso de devotos en la mañana o en la tarde, según horario de apertura del templo. Al terminar la misa vespertina, ante la imagen de la Santa se entona el himno en su honor, obra de los PP. Samuel Rubio (música) y Andrés Pérez de Toledo (letra), a la que añadió tres estrofas el actual Rector del templo, para tener así una distinta cada día de la novena.

El día 21 del mes, último de la novena, al terminar la misa, se hace la bendición de rosas y el aceite de la Santa, según el ritual de la Orden Agustiniana. Los devotos traen sus propias rosas, que se llevarán bendecidas, y al mismo tiempo donan al templo rosas, que serán repartidas acompañadas de una estampa entre los fieles que vayan pasando por el templo. Y son miles cada año. He ahí el misterio del mes de mayo en el Socors de Palma.

Misterio o milagro. Masas: ancianos, adultos, jóvenes, niños… de toda clase y condición, de la ciudad y de los pueblos cercanos y lejanos. Es una auténtica peregrinación urbana. Españoles y extranjeros, locales o inmigrantes. Masas, que ordenadamente se sitúan frente a Santa Rita y ponen a sus pies su corazón y su vida: dando gracias, buscando su intercesión para una necesidad, poniendo un dolor, un sufrimiento, un silencio, una lágrima y un río incontable de esperanza.

Año tras año, con fidelidad inaudita. No hay anuncios de periódicos, nadie llama a nadie. Indefectible.: el 22 de mayo: “anem al Socors…”, “vamos al Socorro”, que allí nos espera la Santa abogada de imposibles.

Pero no es este espectáculo de masas, las largas filas que se desparraman por las calles vecinas, la cantidad de flores de todas clases, de rosas principalmente, que adornan la capilla… Lo que más llama la atención es que esa procesión concentrada en un día y en los previos de la celebración de la novena, se prolonga a lo largo del año en un continuo y permanente recalar de fieles con su dolor y su lágrima, con su gozo y su sonrisa, ante la Santa de Casia, sobrecargados de una esperanza que hace posible seguir luchando, tirar hacia adelante, esperar contra toda esperanza que puede brillar, más allá de las tinieblas que a veces nos enturbian el horizonte, un sol capaz de deslumbrar la mentira del hombre y del mundo. Ahí está lo más espectacular del culto a Santa Rita de Casia. La constancia de los fieles del día a día.

En su fiesta se celebran misas a cada hora, desde las 8,00 hasta las 13,00 h., con una asistencia media de 200 fieles en cada misa. Al finalizar la misa se da a venerar la reliquia de la Santa, que se conserva desde finales del siglo XIX en esta iglesia. La atención al confesionario, la predicación, el cuidado del templo, la atención a las personas con dificultades de movilidad, a los ancianos, la atención personalizada a los fieles que lo solicitan… es todo un movimiento de apostolado que la comunidad agustiniana puede llevar adelante por la ayuda incondicional de laicos comprometidos, fuertes devotos de la Santa, que a lo largo del año desgastan horas en el cuidado del templo y en el culto.

A la tarde se celebra la misa solemne, concelebrada por la comunidad de PP. Agustinos, que este año presidió Mn. Nadal Bernat i Salas, Vicario Judicial de la Diócesis de Mallorca, que tuvo palabras de agradecimiento y fraternidad con la comunidad agustiniana y la labor que realiza en el colegio San Agustín y esta iglesia del Socorro, al servicio de la sociedad de Palma y la iglesia de Mallorca.

Al concluir la misa la reliquia es ofrecida a la veneración de los fieles, mientras se entona, solemnísimo, el himno en honor de la Santa.

Un año más Santa Rita ha tenido el culto que se merece en este templo, donde secularmente se le ha rendido veneración con entusiasmo por parte del pueblo de Mallorca en este su solar y casa.

San José, nuestro custodio

Estamos a pocas fechas de comenzar el mes de marzo y en este mes la festividad de San José supone un alto alegre en el tiempo de Cuaresma.

San José fue nombrado patrón de la Iglesia Universal por el Papa Pío IX en 1847. Desde entonces los distintos Papas hasta el Papa Francisco, han sido grandes devotos de S. José y su devoción y amparo se extienden por todo el mundo. El Papa S. Juan Pablo II, escribió una Exhortación Apostólica, que lleva por título; “Redemptoris Custos” (El Custodio del Redentor). Es el título más grande y más hermoso que podemos dar a San José, entendiendo que esa misión de custodia, de guardián y protector se extiende también a nosotros, hermanos de Jesús.

En nuestra iglesia del Socorro tenemos una capilla dedicada a San José, con una imagen, de madera tallada y policromada, del siglo XVIII, encuadrada por columnas barrocas. Aparece San José, joven, portando en sus brazos al Niño Jesús, con una expresión alegre y cercana. El altar fue encargado por el agustino, P. Agustín M. Pont, gran devoto del santo, como agradecimiento a un favor recibido por medio del Santo Patriarca. En la misma capilla, en lo alto podemos apreciar un cuadro interesante de la Sagrada Familia, acompañados por S. Joaquín y Santa Ana, abuelos maternos de Jesús.

La figura de San José aparece sólo en los evangelios de San Mateo y de San Lucas, siempre en referencia a Jesús y a María, como padre y esposo. José es el “varón justo”, que vive de su trabajo de “carpintero” en Nazaret, como expresión del amor a su familia, la Sagrada Familia de Nazaret, donde Jesús creció en “sabiduría y gracia ante Dios y ante los hombres”, hasta dar comienzo a su vida pública. En los evangelios José pasa de manera callada, de modo humilde y sencillo. Es el “santo del silencio”, sólo se nos narran sus actos, su actuar siempre según los planes de Dios y siempre obediente a Él. No tuvo una vida fácil, pero su fe y confianza en Dios, siempre guiaron su vida en el misterio de la Salvación.

Santa Teresa tenía una gran devoción a este “santo parlero”, le encargaba ser el guardián del monasterio cuando ella viajaba para las fundaciones de otros monasterios. “Tomé por abogado al glorioso San José, escribirá la Santa. No me acuerdo hasta ahora de haberle suplicado cosa que haya dejado de hacer. Es cosa que espanta las grandes mercedes que me ha hecho Dios por medio de este bienaventurado santo “. El primer monasterio de la reforma carmelitana, será el de San José, en la ciudad de Ávila.

San José es, para todos los cristianos, para toda la Iglesia, un modelo en su confianza siempre y en todo a Dios y ajustando su vida en el cumplimento de su voluntad. Él es un gran intercesor para ser fieles a Dios, para la vida de trabajo, para la estabilidad y armonía en la familia. ¿Cómo podría Jesús no atender a los ruegos de quien fue su custodio fiel, ejerciendo sobre él con un cuidado exquisito la responsabilidad de la paternidad y el cuidado de la Sagrada Familia? Acudamos con confianza al Patriarca San José, pidiéndole por nuestras familias. Encomendemos, también a San José nuestras oraciones, pidiendo por las vocaciones religiosas y sacerdotales, ya que es patrono de los seminarios.

En nuestra iglesia del Socorro celebraremos, como es costumbre, un solemne triduo en su honor, para preparar su fiesta, y la misa solemne a las 19,00 h.  el lunes 20 de marzo, pues la fiesta este año cambia de día por coincidir el 19 de marzo con domingo de Cuaresma.

José Luis Ovejero

Restauración del retablo de la Coronación de la Virgen

El pasado jueves, 8 de diciembre, solemnidad de la Inmaculada Concepción, tuvo lugar en la iglesia de Ntra. Sra. del Socorro de los PP. Agustinos, la inauguración de la restauración integral del retablo de la Coronación de la Virgen, obra barroca del siglo XVIII.

El acto fue celebrado en la misa solemne, presidida a las 12,00 h., por el Rector de la iglesia, P. Jesús Miguel Benítez, y concelebrada por los PP. José Luis Ovejero, prior de la comunidad, y Baltasar Ramis.

Comenzó la celebración con el canto del Ángelus ante la capilla de la Coronación, siguiendo la celebración de la Eucaristía en el altar mayor y concluyendo esta con el canto de la Salve ante la capilla restaurada.

El retablo es una muestra preciosa y original de los conocidos como “retablos de rosario”, por adornarse con pequeños lienzos sobre los misterios marianos. La imagen central es una talla de la Virgen María coronada por la Santísima Trinidad. El retablo se hizo a principios del siglo XVIII, por iniciativa y a expensas de P. Martín Font Perelló, miembro de la comunidad del Socorro. La imagen de la Virgen es una impresionante muestra barroca de madera tallada y policromada, obra de Andrés Carbonell, (c. 1690-1764) según una tabla que se oculta en el interior de la imagen. A ambos lados del cuerpo central del retablo encontramos dos lienzos con santos agustinos: el Beato Gonzalo de Lagos, agustino portugués, a la izquierda, obra de 1.854; y el lienzo de San Liberato, San Bonifacio y compañeros, agustinos mártires africanos del siglo VI, a la derecha, de 1.855. Ambos lienzos son obra del pintor mallorquín Salvador Torres, realizados por encargo del P. Gonzalo Arnau, agustino exclaustrado, que era custos de la iglesia del Socorro en las fechas en que fueron realizados, según las leyendas que se conservan en el reverso de los lienzos.

Esta capilla era conocida también como capilla de la Purísima por el lienzo de la Inmaculada Concepción, del siglo XVIII, con el que se cerraba el camarín de la Virgen, posiblemente en las fiestas de la Inmaculada, permitiendo también la ostensión del misterio de la Coronación. Curiosa muestra, pues, de retablo-telón, que responde a la expresión barroca de la liturgia. Este lienzo ha sido retirado de su lugar original por el deficiente estado de conservación y está a la espera de una restauración integral.

El conjunto del retablo, imágenes y lienzos han sido restaurados en diferentes fases, desde mayo de 2015, por el taller de restauración palmesano Es Taller, bajo la dirección de María Montserrat Dezcallar Sitjar y la estrecha colaboración de Elena Saíz Santa María y María Noemí Casellas García.

Es admirable la transformación que se ha ido realizando desde hace una década en la Iglesia de Ntra. Sra. del Socorro. Aparte del esmerado cuidado de la liturgia y la atención pastoral a los fieles, centro de la misión de la comunidad agustiniana, junto a la labor educativa en el colegio San Agustín, es admirable la labor lenta y cuidada de los PP. Agustinos en el mantenimiento y restauración del patrimonio artístico y espiritual, herencia de sus mayores, que se guarda entre los muros de esta iglesia palmesana.

Ver reportaje IB3 “Mosaic” 11 de diciembre de 2016:

Misericordia et misera

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Breve resumen de la Carta Apostólica del Papa Francisco, para la clausura del Año Santo de la Misericordia

Con estas dos palabras: “misericordia et misera”, S. Agustín comenta el encuentro de Jesús con la mujer adúltera (Jn 8,1-2). Expresión bella y coherente para expresar y comprender el misterio del Amor de Dios en el encuentro con el pecador. “Quedaron solo ellos dos: la miserable y la misericordia”. Esta bella lección de Jesús debe iluminar la conclusión del Jubileo de la Misericordia y el camino a seguir en el futuro.

La misericordia debe ser siempre celebrada y vivida en nuestras comunidades, no puede ser un paréntesis en la vida de la Iglesia, sino que es su misión esencial.

Una mujer y Jesús se encuentran. Ella adúltera, según la ley merecedora de la lapidación, Cristo que con su predicación y el don de sí mismo, hasta la cruz, ha puesto en el centro el amor de Dios y mira al corazón de cada persona con ternura. Es un encuentro entre una pecadora y el Salvador. Jesús ha mirado a los ojos a aquella mujer, ha leído su corazón y ha reconocido en ella el deseo de ser comprendida, perdonada y liberada. La miseria del pecado ha sido revestida de la misericordia del amor. Jesús ayudará a la mujer a mirar el futuro con esperanza y la animará a encaminar su vida caminando en la caridad.

El perdón es el signo más visible del amor del Padre, que Jesús nos quiere revelar. Todo lo que es nuestra vida, colocada ante la misericordia de Dios queda arropado por el abrazo del perdón. La misericordia de Dios es un acto gratuito, es  amor incondicional e inmerecido por nuestra parte, capaz  de perdonando cambiar nuestra vida. El perdón nos llena de libertad y alegría. Las lágrimas del dolor y la vergüenza se cambian en sonrisa al sentirnos amados. Nuestro corazón se abre a la alegría y a la esperanza de una vida nueva. Experimentar la misericordia produce alegría.

Nuestra cultura vive inmersa en la tristeza y la soledad de un mundo tecnificado, lo incierto del futuro produce sobre todo en los jóvenes, melancolía, tristeza, aburrimiento, que pueden llevar a la desesperación. Se necesitan testigos de esperanza y de alegría y no dejarse arrastrar a paraísos artificiales y a felicidades fáciles y quiméricas, que solo producen vacío en los corazones. Hagamos vida el programa de esta Adviento: “Estad siempre alegres en el Señor”.

Hemos de vivir con fidelidad, alegría y entusiasmo la misericordia que Dios siempre nos regala:

  • En la Eucaristía, se nos recuerda con mucha frecuencia: el Señor tiene misericordia de nosotros, que sale a nuestro encuentro y nos salva, toda la eucaristía nos invita a celebrar y dar gracias a Dios por su infinita misericordia con nosotros.
  • En los sacramentos Dios viene a nuestro encuentro con su Amor, con su Bondad. De modo más palpable en el sacramento de la Reconciliación.
  • En la Palabra de Dios, se nos comunica cómo Dios nos ama y nos regala su misericordia. La Biblia es la historia de la misericordia de Dios con su pueblo y en Jesús, nos muestra su cercanía y ternura.

Experimentemos el gozo del perdón y no nos encerremos en la tristeza de no querer ser perdonados, ni perdonar, que no triunfe el rencor, la rabia, la venganza que nos vuelve infelices.

Que los sacerdotes sepamos ser: acogedores, testigos de la ternura, solícitos, claros, disponibles, prudentes, generosos en los momentos de dispensar el perdón de Dios.

  • Consolad, consolar a mi pueblo”, que seamos esperanza para los que sufren y padecen, que no nos roben la esperanza que brota de Cristo Resucitado, mantengamos siempre la certeza que el Señor nos ama. Dios nunca está distante de nuestro dolor, el ánimo, un abrazo, una caricia, una oración, el silencio… son expresiones de la cercanía de Dios a través del consuelo que ofrecemos a los demás

Que llegue una palabra de consuelo a nuestras familias, para que vivan su amor de modo generoso, fiel y paciente. “El gozo del amor que se vive en la familia es también el júbilo de la Iglesia”. La alegría de los padres es el don de los hijos.

Hemos de vivir nuestra vida como camino al encuentro del Señor, no caminamos hacia un ciego destino, sino a vivir siendo felices junto a Dios. Y viviendo para siempre en su amor.

Termina el Jubileo pero la puerta de la misericordia de nuestro corazón debe permanecer abierta de par en par, transformando nuestros corazones. Reconozcamos el bien que hay en el mundo y sumémonos cada uno en la tarea de “pasar por el mundo haciendo el bien”. “Obras son amores”. No nos quedemos inmóviles: “Con-muévete”. Hagamos que crezca la “cultura de la misericordia”: desde el encuentro con el otro, venciendo la indiferencia ante el sufrimiento ajeno, con la oración, con la docilidad el Espíritu, con la imitación a los santos y nuestra cercanía a los pobres. Sepamos compartir con los que sufren.

Este es el tiempo de la misericordia”, cada día de nuestra vida debería estar marcado por el reflejo de Dios y su misericordia en nosotros. Que los ojos misericordiosos de María, siempre vueltos a nosotros, nos ayude. Que nuestra dulce Madre del Socorro nos ampare y nos ayude a socorrer a los demás.

Amoris Laetitia-La alegría del Amor (II)

amorislaetitiaCapítulo 5º

El amor cuando es verdadero, es difusivo, se comparte y tiene como horizonte al otro. El amor siempre da vida por eso el amor conyugal no ha de reducirse a la pareja.

En la familia se acoge la vida, como don y regalo de Dios, experimentando la gratuidad, “los hijos son amados antes de que lleguen”, lo cual nos hace recordar que “Dios nos amó primero”. Cuando se trata de los niños que vienen al mundo, ningún sacrificio de los adultos será demasiado costoso, demasiado grande. El don de un hijo tiene como destino final la vida eterna y Dios siempre le reconocerá por el nombre que los padres hayan elegido para él.

La familias numerosas son una gran alegría para la Iglesia, al expresar la fecundidad generosa del amor dentro de una paternidad responsable.

En el embarazo la madre acompaña a Dios en el milagro de la nueva vida. Los padres “soñarán“ a su hijo en el embarazo, qué importante es que el hijo se sienta querido, esperado por su valor y dignidad inmensa por ser humano, por sí mismo, amado porque es hijo, aceptado sin condiciones, acogido gratuitamente como amor de Dios. “El amor de los padres a sus hijos es una chispa del amor de Dios”.

Para los hijos, es necesaria la presencia y el cariño del padre y de la madre para su desarrollo íntegro, con una personalidad y carácter rico, que valore la vida, les llene de confianza y les ayude a no caer en sentimientos de desamparo y orfandad. Todo niño debe verse, ver el mundo y los demás como “algo bueno” y así desarrollar su vida con estima, confianza y respeto.

Serán las madres las que desde los primeros años transmitan a sus hijos el sentimiento religiosos con imágenes agradables al niño, con gestos, oraciones sencillas.

Hemos de ser conscientes y ver el gran problema para el desarrollo de los hijos de una “sociedad sin padres”. Se impone la necesidad imperante de transmitir “un espíritu de familia”.

Las familias son buena noticia de Jesús con su testimonio de amor alegre y hacen presente el amor de Dios. Son “estatuas vivientes” del Dios del Amor, de la Ternura y Misericordia.

El amor de los hijos a sus padres, como nos señala el 4º mandamiento, encierra algo sagrado y divino. Respeto y amor que debe llegar a los mayores, a los abuelos, es necesario el abrazo entre los jóvenes y los ancianos, dándoles una vida digna y rechazando todo “descarte”. La atención a los ancianos en las familias es el termómetro de la calidad y de la integración de las familias y de un sano porvenir.

La relación entre los hermanos, se profundiza y madura con el tiempo, con una educación abierta a los demás, aprendiendo en una sana y alegre convivencia desde la fraternidad. Todo ello supone la experiencia del cuidado, la ayuda, la paciencia y el cariño entre los hermanos.

Capítulo 6º

La familia se convierte en Evangelio con el testimonio gozoso y alegre de su amor,  “que llena el corazón y la vida entera”. Las familias cristianas deben ser una apuesta fuerte y valiente con su amor generoso, estable, sólido y duradero.

Los jóvenes han de descubrir el valor, la belleza y la riqueza del matrimonio con el apoyo de toda la comunidad cristiana. Deben saber que el amor a otra persona no se improvisa, sino que supone un crecimiento, una formación, un acompañamiento que les ayude a madurar y a hacer del matrimonio una vocación de Dios. El amor supone siempre un acto de voluntad, de querer quererse, no debe quedarse en una mera atracción física, en una afectividad difusa o un mero sentimiento. El amor es algo dinámico, vivo que  ha de ir madurando y enriqueciéndose día a día, el amor es siempre proyecto a llevar hacia adelante un día como esposos con la gracia de Dios.

Capítulo 7º

A nadie se le oculta la influencia de los padres en el desarrollo moral de sus hijos. Los padres habrán de preguntarse con frecuencia: “cómo quieren que sean sus hijos”. Esto pide de los padres actitudes de cercanía, de confianza, deben cuidar sus amistades, los lugares que frecuentan, el uso que hacen de los medios de comunicación, internet y otros canales de comunicación. El abandono y dejadez  de los padres nunca es sano para los hijos. Los padres deben saber dónde están sus hijos, no solo físicamente, sino existencialmente: cuál es el sentido de su vida, cuáles son sus valores y opciones, qué objetivos, deseos y proyectos se marcan para sus vidas.

A los hijos se les debe educar en una libertad responsable. Estas tareas de los padres no las pueden delegar completamente en la escuela, ni caer en un abandono afectivo. Los padres que quieren siempre y en todo la felicidad de sus hijos, deberían tener muy presente el aviso de S. Agustín: “Solo lo que hace al hombre bueno, puede hacerlo feliz”.

Es necesario educar y desarrollar buenos hábitos de conducta, buenos sentimientos, inculcarles razones para vivir, amar y esperar. Vocabulario imprescindible en la familia, será; “Por favor”, “Permiso, puedo” y “Gracias”. Los padres tanto a los niños como a los adolescentes deben hacerles ver las consecuencias de sus acciones. Las correcciones y sanciones se deben hacer con amor. Es necesario educar a los niños en la capacidad de esperar, frente al  “lo quiero aquí y ahora”. Es necesario romper el egoísmo con actitudes de escuchar, compartir ayudar y saber convivir.

Las catequesis puede ser una gran ayuda para las familias, se debe reavivar la unión entre familia y escuela y entre familia y comunidad cristiana, en estos ámbitos los niños y jóvenes aprenderán a mirar  al mundo con la mirada de amor de Jesús de Nazaret y a hacer de sus vidas un servicio a Dios y a los demás. La educación y la transmisión de la fe, deben complementarse. “Aprendí de vosotros a llamar a Dios Padre”. En el hogar los hijos deben percibir la belleza, las razones para creer, ayudar a los demás, se debe enseñar a rezar, a vivir los sacramentos y sobre todo la eucaristía en familia.

Sabemos que la fe es un don de Dios, pero los padre son instrumentos para su crecimiento. Las familias han de ser siempre y en todo, lugar de catequesis. “Iglesia doméstica”, debe ser evangelizadora con la alegría de su amor, debe ser sacramento, icono del amor y la misericordia de Dios, que se nos ha manifestado en Jesucristo.

Toda familia debe vivir en tensión de ser más y mejor, a imagen de la Sagrada Familia de Nazaret, donde deben mirarse con frecuencia. “¡Caminemos familias, sigamos caminando!”.

José Luis Ovejero

Clausura del Año Jubilar Luliano

Sépulcre de Ramon LLull au monastère franciscain de Palma

Sépulcre de Ramon LLull au monastère franciscain de Palma

Desde el 27 de noviembre del pasado año 2015 y hasta 27 de noviembre del presente año 2016 la Diócesis de Mallorca ha celebrado el Año Jubilar de Ramón Llull conmemorando el séptimo centenario de la muerte del beato mallorquín.

Ha sido un año intenso de celebraciones, muchas de ellas enmarcadas en la Basílica de San Francisco de Palma, donde se encuentra el sepulcro del Beato.

Ramón Llull es un personaje apasionante. La densidad de su pensamiento en el campo de la filosofía y la ciencia, enmarcado en el mundo medieval; su pasión misionera y su mística, la vivencia profunda de su vida de fe y su oración, le mantienen vivo en el mundo complejo que nos toca vivir.

La iglesia de Mallorca, consciente de la pervivencia y del valor de su pensamiento y su obra, se ha esforzado en dar a conocer y expandir su figura como modelo de vida cristiana y potenciar su devoción entre los fieles.

En nuestra iglesia del Socorro de Palma se restauró la imagen del Beato, una talla en madera estucada del siglo XIX, que ha estado expuesta a lo largo de todo el año jubilar en el presbiterio del templo.

Mes a mes hemos ido publicando unas sencillas “catequesis” lulianas, habiéndose repartido unos trescientos dípticos mensuales, en los que se iba exponiendo de manera sencilla la vida, la obra, el pensamiento del Beato. Ha sido un intento de acercar la figura de Llull al pueblo de Dios, promoviendo su devoción entre los fieles.

Nuestra iglesia fue elegida por la Diócesis para exponer durante unos meses una de las muestras de arte contemporáneo, correspondiente a una exposición colectiva sobre el Beato.

Hemos intentado con todo ello responder a la propuesta de hacer cercano a Llull como hombre creyente, como cristiano comprometido con la tarea evangelizadora. Destacar su fe, su oración, su labor en el anuncio de la fe cristiana y su defensa, su comprensión del mundo y del hombre, su centralidad en Jesucristo y los valores que emergen del evangelio…, que nos ayuden a entender, a pensar y celebrar la destacada personalidad de este mallorquín singular, que hizo pueblo y cultura desde su conversión y su fidelidad al llamado del Señor de la historia.

La clausura del Año Jubilar Luliano está prevista para el domingo 27 de noviembre próximo. El Administrador Apostólico de nuestra Diócesis convoca a todos los cristianos de Mallorca a celebrar en comunión este acontecimiento, especialmente a la plegaria de las Vísperas del sábado 26 de noviembre, a las 21,00 h. y a la celebración de la Eucaristía del domingo 27, fiesta del Beato, a las 10,30 h., ambos actos convocados en la Catedral de Palma, con los que solemnemente se cerrará este año de gracia.

Clausura del Año Jubilar de la Misericordia

misericordiaUn año entero. Un año entero de peregrinación, de conversión, de escucha de la Palabra de Dios, de profundización, de búsqueda inquieta, de encuentro fraterno y amigo. Un año en camino hacia el Señor y el prójimo sufriente, ejercitando la misericordia, hasta cambiar la vida. Un año de gracia.

Hemos celebrado con el Jubileo de la Misericordia un Año Santo extraordinario, que comenzó el 8 de diciembre de 2015, solemnidad de la Inmaculada Concepción, y concluirá el próximo domingo 20 de noviembre de 2016, para conmemorar el cincuenta aniversario de la clausura del Concilio Vaticano II, centrando a toda la comunidad cristiana, a todos los bautizados en la contemplación de la Divina Misericordia, invitando a la conversión, a través del sacramento de la Reconciliación, para vivir una vida cristiana centrada en el ejercicio de la misericordia con todos.

La Iglesia abrió las puertas de los principales templos del orbe católico, para que todos los bautizados pudieran peregrinar, hacer camino de conversión y acceder a la gracia jubilar: recibir y compartir la misericordia del Señor, que es infinita.

En nuestra diócesis de Mallorca la Puerta Santa de la Catedral de Palma se abrió el 13 de diciembre de 2015, tercer domingo de Adviento. Se ofrecieron a toda la diócesis otros dos templos jubilares: la iglesia de la Anunciación del Hospital General, en Palma, y el Santuario de la Virgen de Lluc, en Escorca. Puertas abiertas para acoger al peregrino de la misericordia.

A lo largo del Año Santo las hemos atravesado con esperanza. Esperanza en la conversión auténtica de cada corazón, de cada cristiano, para que la conversión de la Iglesia entera sea verdadera y transparente. Ha sido un año de caminar incesante, un año de peregrinación, que llega a su fin.

El Jubileo concluirá el domingo 20 de este mes de noviembre de 2016, solemnidad de Cristo Rey, cuando el Papa Francisco cierre la Puerta Santa de la Basílica de San Pedro. Previamente, el domingo 13 de noviembre se cerrarán todas las Puertas Santas de todos los templos de la Iglesia que han sido templos jubilares.

El Administrador Apostólico de la Diócesis de Mallorca, Mons. Sebastián Taltavull, nos invita a participar el próximo domingo, 13 de noviembre de 2016, en la clausura diocesana del Año de la Misericordia. Tendrá lugar en la Catedral de Palma a las 10:30 h. de la mañana.

Es un momento para expresar con gozo la comunión con nuestra iglesia diocesana, de expresar el espíritu de conversión y el propósito de vivir comprometidamente nuestra vida cristiana en la clave de la misericordia, que brota del Corazón de Cristo y nos permite gastar la vida en la construcción de un mundo mejor.

Unámonos a la oración de toda la Diócesis y a la celebración con el Obispo Sebastián, en estos tiempos de esperanza para seguir construyendo, con mayor entusiasmo, nuestra Iglesia local, que peregrina, lucha, sirve y espera en Mallorca.